Relatos

Delirios De Estraperlo

Una noche más, te encontré sumergida en la serenidad de mis sábanas. Desnuda, yacías en la guarida que nuestra pasión había ido forjando, un punto de encuentro para caminos divergentes, una manera de callar a la rutina y dar voz al placer. Allí los pesares desaparecían hasta el momento en que fuera consciente de que volveríamos a separarnos. Aquella noche, perdóname, llegué más tarde de lo habitual y para entonces el sueño se me había adelantado en tu conquista.
En silencio, me posé a tu lado y vislumbré cómo rincones de tu frágil cuerpo se asomaban para el disfrute de estos ojos de tonalidades lascivas. El destello de farolas hacía brillar tus muslos, los que con su penumbra esconden tu fruto prohibido, mi único alimento. Tu espalda, esa pradera infinita de suave tacto, reposaba curvada a la espera del frenesí de mis dedos. Aunque dormida, no podías borrar de tu rostro la ansiedad con la que anhelabas dejarte llevar por el más feroz de mis instintos, ése que ahoga mi angustia y desata tu bienestar. Tu boca entreabierta confiaba en prender la yesca que envuelve mis entrañas, avivando el calor que ferviente correría por mis venas. Aunque callada, tu actitud desafiante me pedía a gritos fenecer arrollada por el tren que mis caderas debían impulsar, ese que silba al entrar y salir del túnel, ese que espira blanca niebla al llegar a tu estación.

A diferencia de otras veces, no enloquecí mientras me quitaba la ropa. Enjaulé al animal que desea devorarte sin compasión y liberé a ese otro desconocido que sobrevuela tus carnes desplegando un batir majestuoso. Quería conquistar los paraísos que aún desconocía del mapa de tu cuerpo, surcarte sin que apenas pudieras notar el balanceo de las olas. Quería encontrar el reposo sobre tu vientre liso, enredarme entre el pelirrojo de tus cabellos, escalar tus pechos tiernos sin temor a caerme, divisarte sedosa desde tus afilados pezones, barrer tus muslos con mi saliva y después saciar mi sed en tus labios, los de arriba y los de abajo, perderme entre tus nalgas firmes, bailar sobre las plantas de tus pies, bañarme en la humedad que emana de tu poza, cubrir a tu cuello con los impulsos de mi lengua, hacer de tu ombligo mi nido y abrigarme con el fuego que habita tu piel.
Esa noche me vacié por desvanecer a tus sentidos, me desviví por exprimir uno a uno tus deseos, me desangré para que hacerte el amor fuese pura poesía.
Sé que lo sentiste. Sé que en algún momento saltaste de tu sueño a mi delirio. Tus piernas comenzaron a temblar con el deslizar de mi sexo impetuoso, tus ojos se nublaron al son de mis respiraciones aceleradas, una capa de sudor nos fundió en un mismo ser. El silencio se teñía de dulces gemidos y del relinchar de ese viejo somier. La pared proyectaba una película de sombras que batallaban enzarzadas en movimientos salvajes. La explosión estaba cerca, pero seguías aparentando que aquello no era del mundo real.
Empapado de placer y embriagado de la más sublime de las sensaciones, alojé mis agotados huesos cerca de los tuyos. Clavé mis ojos en tu sonrisa reparadora y deje caer por ella un beso profundo que distrajo a las agujas del reloj por un instante que pareció infinito. Me incorporé para vestir a mi desnudez. Encima de la mesa encontré el sobre que cada noche solías darme en mano. Dentro de él descubrí un cheque que rezaba mi nombre, tu firma desgarbada y una cantidad que debía fijar como recompensa a los servicios prestados. No lo hice. Contemplé por última vez tu cuerpo y sentí cómo la emoción se convertía en lágrima. En el dorso del papel te escribí con torpe caligrafía: En ocasiones, los deseos no deben despertar de su letargo, pues sólo allí se hacen realidad. En el mío, mi amor duerme a tu espera.


4 comentarios sobre “Delirios De Estraperlo

  1. En resumen-Te miro; como me pongo, caramba.-En efecto, estoy cachondo.-Te la meto; me corro.-Sé que tu también te has corrido; te han temblado las piernas potrillo.-Nos sonreimos con complicidad; estira la mano y coge un clinex tú anda, que ya lo del dinero luego.

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