Vida Moderna

Críticas Traidoras

Esta semana he estado hospedado en un alojamiento de la plataforma HellBnb. Debía asistir a una feria agrícola para publicitar nuestro estiércol doblemente biodegradable. Dentro de su austera política de gastos, la empresa predispuso una cantidad exigua para pasar la noche y la recomendación de cenar a base de los contenedores cercanos a los puestos ambulantes de la feria. A pesar de ello, encontré una habitación de un apartamento que las críticas describían como bien equipado, cómodo y limpio. Además, los antiguos huéspedes decían que el anfitrión era atento, formal y brindaba al huésped multitud de pequeños detalles. Sin embargo, los sistemas de críticas me la volvieron a jugar.

El dueño me recibió cinco horas más tarde de lo acordado. Todo ese tiempo esperé bajo un puente durante una generosa tormenta, junto a mi maleta y un saco de cincuenta kilos de estiércol. Cuando entré en la casa pude dar cuenta del olor a destilería que desprendía la trapa de mi anfitrión. La habitación no tenía intención de disimular la suciedad y la ropa de la cama estaba revuelta. Al parecer, como la puerta no cerraba correctamente, los caballos y marranos de una granja cercana solían entrar para echarse la siesta y revolcarse.
A la noche hacía una temperatura gélida y yo tiritaba bajo las exiguas sábanas, las cuales desprendían hedor a ciénaga y muerto. Traté de buscar una manta, pero en el armario solo encontré periódicos que anunciaban la caída de la URSS. Con ellos cubrí mi cuerpo como lo haría un indigente en su primera noche. Mientras tanto, en el comedor, el anfitrión celebraba una fiesta con música disco ochentera, señoras de moral relajada, animales de las especies más nobles y licores de todos los colores. A pesar de las inclemencias ambientales y sociales, sobreviví heroicamente.

Al despertar se suponía que debía recibir un desayuno de ensueño compuesto de zumo de frutas tropicales y bocaditos hechos con salmón checo y queso filadelfia de Baracaldo. Sin embargo, el amable dueño me indicó que en la basura había unos posos de café y migas de galletas con los que me podría hacer un petit dejeuner.
Al ver mi cara de desilusión, el tipo optó por hacer bromas y a ponerme en antecedentes sobre su dramática vida. Lo acababan de echar del trabajo, su novia le había puesto los cuernos con su mejor amigo, su familia lo había desheredado y la Iglesia le había enviado una carta para excomulgarlo. Me encogió su relato. En el fondo aquel anfitrión no era mala persona, sólo una víctima del atroz sistema. Así que al final le dejé un buen comentario.
Este fin de semana he reservado por HellBnb un castillo de lujo para mí y mi amada gallina Hueva. Las críticas la describen como una estancia lujosa, con jacuzzi en la terraza, vistas a los viñedos y servicio de masajes en los juanetes veinticuatro horas. El anfitrión es un señor llamado Duque de Drácula, al que todo el mundo tiene por una persona extremadamente amable y con colmillos relucientes.

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