cuarentena

En Aislamiento (Cuarentena II)

De la noche a la mañana, todo había cambiado. El bicho que parecía tan lejano, del cual nos creíamos inmunes, había saltado de nuestras pantallas para plantarse en la puerta de nuestras casas. Los chistes con los que reíamos antes infundían un temor que helaba la sangre. Los presos trataban de escapar de las cárceles, mientras que los que se creían libres buscaban una treta para aislarse en una celda y así no tener que salir más. En los supermercados, la multitud se amontonaba para arrasar con las existencias de alcohol desinfectante, latas de conserva, pasta y arroz. La televisión emitía especiales interminables, en los que intercalaba intervenciones de expertos que llamaban a la calma con héroes de barro que se deshacían bajo la tormenta. Los hospitales recomendaban cuarentena a sus trabajadores y que los enfermos sólo se acercaran en caso de extrema necesidad.

Algunos habían descubierto en el miedo una forma de vida que los mantenía ocupados; otros que iban por su camino se habían desviado y daban vueltas alrededor de sí mismos. Los cambios siempre me pillaban con el pie cambiado y este no fue una excepción. Como cada día, acudí a trabajar. El conductor del autobús llevaba mascarilla y apenas pude entender sus indicaciones. No había ni un pasajero más. Las oficinas estaban desiertas. En la cafetería de la esquina me dijeron que el mío era el primer café que servían aquella mañana. Medio paralizado, estuve dando vueltas sobre mi silla sin saber qué hacer ni qué pensar. “Quizá sea carnaval, quizá haya vuelto el rey, quizá Silvio haya resucitado de entre los muertos”, medité. Un mensaje del jefe me recomendaba volver a casa, aprovisionarme y suscribirme a una plataforma de series en streaming. “Se avecinan tiempos difíciles. Fue un gusto conocerte”, se despidió. Mi carácter flamenco me invitó a pensar que eran las clásicas exageraciones del carácter italiano.

Al intentar regresar, los medios de transporte ya no funcionaban. Mi cabeza era un hervidero de pensamientos. “Quizá estar un tiempo en casa hasta que todo pasara no sea mal plan”, cavilaba. Podría acabar la novela sobre cerdos voladores que tanto ansiaba o pintar una réplica de la Mona Lisa con los pies. De la incertidumbre pasé a la euforia en cuestión de segundos. Sólo había un problema: no tenía jamón, orujo de hierbas, ni un triste tupper con habichuelas. Corrí al supermercado más cercano. Como si se tratara de una guerra, de los estantes cogí lo que quedaba. Orgulloso, salí del centro comercial cargado con mi botín como un pirata que acaba de saquear una isla desierta. Mi suerte me había provisto de un bote de pepinillos picantes —especialmente recomendado para los que sufrimos en silencio—, vino peleón, diez litros de lejía y un saco de comida de perro para sobrevivir.

A punto de cerrar, en la papelería de al lado no había ni un alma. Me aprovisioné de unas libretas y unos bolígrafos para pasar el periodo de aislamiento. Eran tiempos extraños que nadie acababa de entender. Eran tiempos en los que tocaba alimentar al papel.

Sigue el resto de capítulos de La Cuarentena De Los Necios aquí.
¡Propaga este virus por redes y en tu propio confinamiento!

4 comentarios sobre “En Aislamiento (Cuarentena II)

  1. Me ha gustado mucho tu relato y aunque este basado en una realidad que nos está superando, esta escrito con sentido del humor y sin perder la cordura. Muy buen relato cargado de reflexiones que muchos deberían analizar un poco, antes de poner el papel higienico mas caro que la gasolina.
    Gracias por tu positividad y tus escritos que siguen sacando sonrisas.
    Abrazos

    Le gusta a 1 persona

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