Bocachancladas

Nuevos creyentes

En el transcurso del Viejo Mundo, las calles deberían estar repletas de pasos, saetas y capirotes en estos días. Aunque la realidad les haya invitado a tomar un descanso, observo como personas de mi entorno se agarran a la fe. Entre ellos permanecen los devotos de siempre, a los cuales respeto por su ejemplo de constancia y determinación. Sin embargo, algunos que hasta hace poco se jactaban de no saber rezar, también empiezan a abrazar la divinidad.

Ante la adversidad y la incertidumbre, atisbo cierta resignación que me preocupa. Los que antes prometían cambiarlo todo desde los estrados, ahora reniegan desde cómodas poltronas. Me trasmiten mucha tranquilidad pregonando las maravillas de la antigua normalidad. Añaden que desde su posición no pueden hacer nada y miran al cielo a la espera de que alguien obre un milagro. Aviones de China, vacunas exprés y remedios mágicos me parece entender entre sus balbuceos.

En las realidades más cotidianas, la fe se abre paso fruto de la desesperación. Algunos amigos me repiten sin parar que saldremos pronto de casa. Tratan de convencerme con revelaciones que ya hubiera querido Einstein para la relatividad. No las discuto, sólo trato que mi silencio no enturbie la construcción de una verdad que mitigue la angustia. Cuando finaliza la conversación, siento el desconcierto: las creencias alivian, pero las falsas a la largan duelen.

Me pregunto si Dios se estará apareciendo en los confinamientos. Por lo que sé, llevaba tiempo sin manifestarse y los que dijeron verlo ya no están. Aun ser bienvenido en el mío, dudo de su aparición y y no le he reservado pacharán o torreznos. A falta de dioses, los hombres y mujeres valientes tendremos que levantar con verdad los cimientos del Nuevo Mundo. Adelante, compañeras!

5 comentarios sobre “Nuevos creyentes

    1. Como bien sabes si te fijas en mi bio; no creo en un ser superior. La fe ciega en que alguien o algo aliviará nuestras desdichas sin que hagamos nada para propiciar esa mejora; no es mi fuerte. Menos aun, los que así lo piensan dado que son los más inmóviles casi siempre, los que lo fían todo al milagro.
      Solo nosotros mismos con disciplina y determinación podemos hacer cambios, por lentos que sean.. Solo nosotros. Pero mucho me temo que vivimos en una tierra en la que acatar y dar ejemplo, es el menos de los fuertes. Cuando los que deben dar lecciones se cargan el temario es difícil que la
      mayoría no diga: ¡Ahí te quedas, yo tambien voy! Y vaya.

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      1. Gracias por tus palabras, compañera! La sociedad arrastra problemas desde tiempos inmemoriales respecto a sus expectativas e ilusiones, el salto de la esperanza y la realidad, que tristemente la religión en otra época y ahora el sistema han acrecentado. Comparto contigo que la única esperanza verdadera somos nosotros. Por suerte, vamos tejiendo pequeñas redes y puntos en común para no caer. Esa es la verdadera fe, compañera. Adelante!

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