cuarentena

Lavadoras por la Paz (Cuarentena X)

En mi décimo tercer día de aislamiento descubrí una parte de mi realidad: tan sólo era un mindundi con muchos humos. Fue el momento en que empecé a sospechar que me quedaba un largo camino parar curar el virus y que si quería hacerlo tenía que prepararme mucho mejor. Si ese virus había arrasado al mundo durante tanto tiempo, no iba a derrotarlo yo en diez minutos con tan sólo la ayuda de una cuchara de plástico y una pastilla de jabón revenida. A pesar de sus buenas intenciones y que le quedaba mucha pila, mi verdad era aún muy débil y sólo se apoyaba en un loro que había encontrado por casualidad en un bazar oriental.

Para colmo, Huang y yo padecíamos uno de los recurrentes síntomas del virus: la resaca. La noche anterior, después de un guateque de diversión y música comercial, nos bebimos una botella de vino para celebrar que aunque estábamos en cuarentena, estábamos juntos. Además, en plena exaltación de la amistad empezamos a consumir otro tipo de sustancias que podían agudizar el efecto del alcohol. Sufrimos varias alucinaciones en las que vimos a Emma Goldman cantando y bailando el ‘Aserejé’ o a La Pasionaria pregonando las maravillas del liberalismo. En el culmen de la fiesta me dio la impresión de que aquellas dos apariciones querían revelarnos algo. Quizá cuál iba a ser el número del Gordo de aquel año o que Mick Jagger y Paul McCartney eran en realidad la misma persona. No lo tengo aún claro. Lo que sí era razonable es que el balance entre la realidad y la ficción ficticia había desarbolado mi mente.

Como un mindundi preso de sus alucinaciones, me levanté excitado a proclamar a los cuatro vientos lo que quisiera que fuera la verdad. Huang aún dormía y decidí despertarlo más tarde. Aunque estábamos cerca de vislumbrar multitud de absurdeces y paradojas en la transición entre el Viejo y el Nuevo Mundo, en el calendario todavía era domingo y éste aún se dedicaba al descanso. Desde que llegó a casa, uno de nuestros frecuentes motivos de choque era la insistencia de Huang por reposar apagado y mis ganas de aprender danzas africanas mientras leía a Dostoevskij y cocinaba potaje de garbanzos.

Así pues, sacudido por los viejos vicios, me desnudé por completo y abrí una de las ventanas de mi estudio. En el balcón de enfrente, los vecinos que había conocido cantando ‘Ma il cielo è sempre più blu’ miraban el móvil sin percatarse de mi presencia. Cuando la chica despegó la vista de la pantalla, grité enloquecido: “Signora, guardi che cosa bella” mientras contoneaba todos los extremos de mi cuerpo. Debía ser que mi italiano no era tan bueno como creía, porque la mujer cerró su ventana de golpe gritando “Ma, che cazzo sta dicendo questo testa di cazzo!”. Decidí que la próxima vez probaría a ponerme calzoncillos.

Desbordado por el fallo de mi sesuda estrategia, me vine abajo y decidí encender a Huang, arriesgándome a una dura reprimenda. Aun la voz tomada y la cabeza colapsada por el flow de Don Patricio o Bad Bunny, Huang me recordó de muy buenas maneras que era domingo. Me recomendó que me fuera al sofá a ver un capítulo de las emocionantes aventuras del panadero ucraniano que quería ser astronauta. Indignado por su falta de tacto, opté por no hacerle caso. Como la casa estaba revuelta, con el suelo lleno de churretes y ropa sucia, me puse a limpiarla a fondo y a hacer lavadoras. Cuando iba por la cuarta lavadora, respiré tranquilo. Si a Huang le encantaba estar apagado el domingo, a mí poner lavadoras me hacía conectar con la Pachamama o sentir la llamada de un chamán al que se le había roto el tocadiscos. Ironías del destino, pensé en las veces que había tomado por loca a mi madre cuando pasaba los fines de semana limpiando la casa sin descanso.

Y así fue cómo empecé a intuir que durante la cuarentena necesitaría poner muchas lavadoras si de verdad me quería curar. Por suerte, me había provisto de varias botellas de detergente y suavizante antes de que la realidad me pillara de nuevo desprevenido.

Sigue el resto de capítulos de La Cuarentena De Los Necios aquí.
¡Propaga este virus por redes y en tu propio confinamiento!

2 comentarios sobre “Lavadoras por la Paz (Cuarentena X)

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