Reseñas

Un monólogo en Asia Central — Pablo Eguiluz

Entre todas las perversiones y degradaciones que ha ocasionado la irrupción de Internet, a los escritores y aficionados nos ha construido un pequeño refugio en el que encontrarnos. En esa interacción no exenta de interés, envidias y extravagancias varias, en ocasiones uno topa con autores de una valía literaria y humana con los que se establece una relación que, salvando las distancias, le hace sentir como un escritor de otra época engalanado con lechuguilla y armado de pluma. Uno de los autores con los que tengo el gusto de corresponder es Pablo Eguiluz, también conocido como Hombre Superfluo, al que conocí leyendo algunos de los relatos de su blog, una joya para paladares exigentes. Con la amabilidad de un ladrón que va a atracar una joyería, le pedí/exigí una copia digital de su libro, Un monólogo en Asia Central, y él amablemente accedió.

La obra se enmarca en el género de viajes, en el que Eguiluz atestigua su paso por Kirguistán y Uzbekistán durante tres semanas. Lejos de ser una guía de consejos y recomendaciones, el viaje genera una ambientación de contraste por la que discurre el grueso del texto: un monólogo interior acerca de la modernidad, la cultura, la existencia o la historia. Tal y como el autor atestigua en sus relatos, la narración está cargada de referencias cinematográficas, literarias, musicales y biográficas. Una fuente de conocimiento inagotable que nunca deja de sorprenderme, que además marca un estilo de escritura personal y ameno. A título personal, me siento muy cercano al estilo y a esa idea de que lo mejor que podemos ofrecer como escribientes es nuestra propia experiencia convenientemente aderezada por el interés literario.

Así pues, Un monólogo en Asia Central nos sitúa en la óptica del viajero occidental que lidia con el ostensible choque cultural. La primera pincelada muestra la salvaje capitalización de las aerolíneas que convierten al pasajero en una mercancía de bajo coste. Una vez aterrizado en Osh, presenciamos la ceremonia inexcusable de conseguir una tarjeta SIM, las anécdotas idiomáticas, el contacto con los locales, la apreciación del turista y la paulatina occidentalización. El relato señala la heterogeneidad de la cultura kirguisa, dada la predominancia musulmana y después la pertenencia al Imperio Ruso y la Unión Soviética. Más tarde, la expedición se interna en las imponentes montañas Alai, en la que estrechan su relación con un guía local e interactúan con otros extranjeros, retratando el contraste de tipos de viajeros.

La segunda parte de las crónicas se centran en Uzbekistán. Una vez interiorizados los contrastes sociales, Eguiluz se adentra en los pormenores históricos de la región. Entre otras, se describen las reminiscencias de la Ruta de la Seda, la ruta comercial que atravesaba el continente asiático; en Bukhara se rememora El Gran Juego, una suerte de guerra fría entre el Imperio Británico y el Ruso; se recuerda la biografía de Khudaibergen Devanov, pionero de las artes cinematográficas de Uzbekistán; y con motivo de la visita a Nukus se recuerda la figura del pintor Igor Savitsky, artista ucraniano que se estableció en dicha ciudad y se hizo cargo del museo que hoy lleva su nombre, atrayendo la obra de otros artistas represaliados por los líderes y censores soviéticos.

Con la libertad de una creación sin pretensiones, con un estilo fluido y que agradezco que no se prodigue en alardes, el monólogo llega a su fin con la sensación de haber volado, acampado con vistas a monumentales cumbres, montado en todoterrenos destartalados y mirado a la historia de frente. Los recelos fruto del desconocimiento han sido derribados y las culturas distantes hermanadas, haciendo bueno el dicho de que “el nacionalismo se cura viajando”. Más aún, la lectura ilustra que fuera de las editoriales también hay grandes autores e historias que merecen ser viajadas.

5 comentarios sobre “Un monólogo en Asia Central — Pablo Eguiluz

  1. Brillante! Mas que interesante tu descripción del libro de “Hombre Superfluo”; a quien sigo por la fluidez y dinámica de su escritura, sin dejar de lado su asertivo critico. Un cordial saludo.

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  2. Levantarse por la mañana y leer algo así despierta mejor que cien cafés. Muchísimas gracias por tus palabras. De haber sabido que ibas a escribir algo así, te hubiese dejado “robar” una copia impresa en papel de oro con rubíes de Samarcanda, en vez del pdf que te llevaste.😜
    Es un honor entrar en tu blog y estar al lado de personajes como Bartolo y Huang (sabes que son mis favoritos).👏👏
    Con Nelo de Viaja o revienta comparto oscuridad y letras, tal y como puso en la dedicatoria de su libro recién publicado, contigo ironía y letras, pero siempre con compasión, sin hacer demasiada sangre, o por lo menos eso intentamos.
    En cuanto al libro, parece que he dado en el clavo. Hablo sobre las bondades de Asia Central justo cuando ni se puede viajar, ni se sabe cuándo se podrá hacerlo de nuevo. Me recuerda un poco a la siguiente frase de un artículo de Jot Down sobre las torres gemelas: “Larry Silverstein firmaba un contrato de arrendamiento de cuatro edificios del WTC por unos tres mil doscientos millones de dólares y noventa y nueve años de duración. Mes y medio más tarde la parcela, conocida a partir de entonces como Zona Cero, queda completamente arrasada.”😆
    Como bien dices siempre. ¡Adelante!

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    1. Hueco más que merecido. Salvando las distancias, recordé el choque que sufrí en Serbia o en Cuba y esa curiosidad por entender el nuevo medio dentro de nuestra posibilidades, enmarcado en un turismo no convencional y un legado que se interioriza cuando acaba el viaje.

      Como comentábamos por privado, tendremos que rememorar los viajes hechos en otra época y exprimirlos para tener algo que contar. En el Viejo Mundo, el tiempo dedicado a vivir era mayor que para escribir. Ahora en el Nuevo Mundo y las tornas han cambiado, las reservas de vida son altas.

      Gracias por la recomendación del blog. Me alegra que te haya gustado, pero todavía espero la copia con oro y rubíes. Me va a venir bien por si me quedo sin alimento para el loro. Un abrazo, compañero. Siempre adelante!

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