Bocachancladas

Tendencias de la incertidumbre

La incertidumbre no ofrece certezas, pero marca tendencia hacia ellas. Esta mañana, me he acercado al banco a solicitar la devolución de un depósito. Hacía años que no pisaba una sucursal, tantos como los que resuelvo mis desaguisados económicos pulsando un botón o pasando una tarjeta. Al llegar a la oficina de la esquina, he descubierto un cartel que advertía que la oficina estaba cerrada y la recomendación de acudir a otra situada a unos diez minutos, de la cual desconocía su existencia.

No ha sido difícil encontrarla. En la puerta se amontonaba una cola de una veintena de personas. La fila apenas avanzaba, pues el banco considera que un par de empleados es más que suficiente para dar abasto o disuadirlos. Los nervios y los lamentos cundían entre el personal. Yo no era una excepción. Somos una sociedad que desterró la paciencia, adicta a la inmediatez, a pensar que podemos exprimir cada segundo de nuestra existencia aunque sea mirando vídeos de gatos cantando ‘La Traviata’.

La señora que me precedía se quejaba amargamente porque el banco había decidido cerrar todas las sucursales del barrio, dejando aquella como oficina única central. Antes, por lo menos uno salía con una vajilla de porcelana, una caja de vinos de Requena o una pizarra magnética. Ahora, tras el cierre de una sucursal, algún vecino se anima a alquilar el local para montar un bar o una cafetería, logrando el extraño fenómeno de la existencia de más barras que clientes. Para aumentar el espectáculo de la espera, un cajero ha decidido tragarse una libreta y el otro se ha quedado paralizado en solidaridad con su compañero. Los clientes del cajero entraban y salían de la sucursal pidiendo explicaciones, encañonados por las miradas amenazadoras de la cola ante la posibilidad de que alguien tuviese la más mínima intención de colarse.

Después de una hora, ha llegado mi turno de ser atendido. A la cajera le han bastado treinta segundos para despacharme. “Aquí no devolvemos depósitos, no disponemos de dinero en efectivo“, me ha comentado a toda velocidad. “Tiene usted que dirigirse a la sucursal que está en la otra punta de la ciudad. Ha de ser mañana, ahora estamos fuera de plazo para pagos“, se despedía mientras llamaba al siguiente cliente.

No sé si todas las sucursales acabarán cerrando. Si los barrios se convertirán en un conglomerado de bares y restaurantes de corta vida. Tampoco sé si hacer cola se convertirá en un deporte nacional o encañonar con nuestra mirada a los vecinos. Lo que sí atisbo es una tendencia clara: cada vez hay menos bancos y las colas son más largas.

9 comentarios sobre “Tendencias de la incertidumbre

  1. En este lado no escapamos de la misma realidad, casi que imponen que todo se tiene que hacer virtual, difícil para personas mayores que simplemente no se les da y tal vez no cuentan con alguien que les ayude en casa. Si te toca ir, cola de personas en la puerta y tráfico aledaño por el auto banco. A llenarse de paciencia.
    ¡Saludos!

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