Reseñas

Juan Tallón – Rewind

Últimamente me he aficionado a las listas. Yo que tanto he despotricado contra el género de autoayuda, del cual intuyo que la razón de su existir es confeccionar listas. En el móvil tengo una aplicación en la que anoto inspiraciones que me parecen geniales y al releerlas me hacen morir de vergüenza ajena; transcribo recuerdos infantiles sin saber si son reales o fruto de mi imaginación; cosas que necesito comprar como un limpiador de muebles que usaré hasta rendirme a la idea de convivir con el polvo; y una lista de tareas pendientes, en la que figura tener descendencia o tatuarme una palabrota en chino que me haga parecer un poco más normal.

Entre las listas tengo algunos esqueletos de novelas que la pereza y la autocomplacencia no permitirán que salgan de la aplicación. En mis adentros me juro que cuando se publiquen recibiré los premios de Novela Vegana de Puente Tocinos o el de la Asociación de Amigos del Escroto Ibérico. Con el tiempo, la aplicación se convierte en una suerte de trastero repleto de objetos que te da lástima tirar, por si en un remoto pensar te da por volver a montar en pantinete o disfrazarte con el traje de Drácula del Carnaval de 1996. La acumulación de datos y archivos es el síndrome de Diógenes de nuestros días.

Una de mis listas está destinada a propuestas culturales. En lugar de asentir falsamente ante las recomendaciones ajenas —como era costumbre en el extinto mundo sin listas—, apunto libros, series y películas con la esperanza de verlas y algún día poder pasar por interesante. Aunque la neofilia condene al listado a sufrir obesidad crónica, de vez en cuando la someto a dieta. Un recomendador del que suelo fiarme es el escritor Pablo Eguiluz, alias Hombre Superfluo, el cual me habló de Juan Tallón y sus crónicas del Mundial de Fútbol 2018. Al escritor gallego más que leído lo tengo escuchado gracias a sus breves, pero brillantes, píldoras radiofónicas en A vivir que son dos días de Javier del Pino. Semana tras semana, Tallón desgrana algún evento de la actualidad o del entorno literario en el que combina sarcasmo y surrealismo, con una dosis de humildad que imprime mayor rotundidad a cada una de sus tesis. Su tono mana tal simpatía y cercanía que a veces imagino que Tallón es como el entrañable primo de mi madre, a pesar de verlo de uvas a peras.

En esta ocasión mi atención se dirigió hacia su última novela, Rewind. Mientras volaba de Tenerife a la Península, me adentré en uno de los inicios más trepidantes y arrolladores que he disfrutado nunca. Independientemente del argumento, lo que más asombra de la obra es la vestimenta narrativa de sus personajes mediante multitud de ligeras tramas, que, en lugar de avasallar, atrapan y dan la sensación de transportar al mismo lugar de los hechos. El dramatismo que acontecen las escenas se abre paso de manera natural, sin retorcer las palabras o menoscabar el vertiginoso ritmo.

Capítulo tras capítulo, asistimos a la visión en primera persona de un personaje diferente envuelto en una explosión en un edificio de Lyon, la cual trastoca la vida de sus jóvenes ocupantes, familiares y amigos. Podría decirse que Rewind tiene forma de cebolla, pudiendo inundar el lagrimal dependiendo de la sensibilidad de los ojos que la corten. Tras la primera capa queda cimentada la base de la historia, mientras que el resto de capas van añadiendo profundidad y asentando la tonalidad. Como decía Pablo Eguiluz, conocer el final de la historia alivia al lector de una tensión que le permiten disfrutar de forma más plena y consciente del global de la obra. Como los escritores que más admiro, Tallón se muestra puntilloso y riguroso con los pormenores secundarios, en el cual se intuye un amplio conocimiento a nivel cultural, político y deportivo. Esto es, sin duda, lo que diferencia a un escritor de un farsante y un columnista de un opinólogo o tertuliano de televisión.

A mi lista acabo de añadir las novelas precedentes de Juan Tallón, El váter de Onetti y Salvaje Oeste. Sin embargo, creo que me daré el gusto de que por el momento atranquen las arterias de mi aplicación y agraven mi síndrome de Diógenes.

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