cuarentena·Microrrelatos

Pesadillas pandémicas

Como de costumbre, salí a la calle para dirigirme al trabajo. Enseguida noté que la gente con la que me cruzaba me observaba y cuchicheaba. De repente, un desconocido se abalanzó sobre mí y me increpó: “Maldito terrorista, deberías andar preso”. En un ágil movimiento me zafé de sus enormes brazos y conseguí subir a un autobús que pasaba. Sin embargo, al verme, el conductor se alteró violentamente y no me dejó pasar. Consternado, busqué una calle donde refugiarme y pensar. Me miré en el reflejo de un escaparate y di cuenta de que no llevaba mascarilla. Quise volver a casa a toda prisa, pero ya era demasiado tarde. Diversas patrullas de policías se dirigían hacía mí cerrando cualquier escapatoria, incluido un helicóptero que exigía que me entregara. Me pudriría en la cárcel por haber olvidado la mascarilla.


En aquel momento, sentí unos golpes en la espalda y desperté. Todo había sido una horrible pesadilla. Me había quedado dormido en mitad de una reunión con unos inversores asiáticos. Era mi turno. Me levanté para intervenir y descubrí que estaba desnudo. Horrorizado, me llevé una mano a la boca y respiré aliviado. Por fortuna, llevaba mascarilla.

16 comentarios sobre “Pesadillas pandémicas

  1. Genial entera con un KO final brillante! No solo te ha pasado a ti. Varias veces, al salir de casa para pasear mi mascota, he sido observado por otros con sorpresa! Pues que mirarían? No basto mas de un par de segundos, darme cuenta que no me había puesto la mascarilla y tuve que volver presuroso y avergonzado a buscarla. Un abrazo.

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  2. 👏👏👏 fantástico!! 🥰 y pura realidad. Cuando te leo se me pone una sonrisa y eso es algo impagable.
    Critico sin piedad a los que no se ponen la mascarilla y un policía en moto me paró en verano, me echo una buena bronca y es cuando me di cuenta que había bajado de casa a carreras sin mascarilla 😱…. Lo vieron los del barrio que conocen mis discursos, desde el bar y no sé pudieron reir más 🤦🤷

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    1. Por si acaso, en mi caso, me toco unas diez doces veces la boca para comprobar que sigue ahí la mascarilla, como si llevara un fajo de billetes escondido en la ropa interior para ingresar en el banco y no pudiera dejar de comprobar nadie me lo ha quitado.

      Me alegra que despierte una sonrisa estos textos. Siéntete como en tu casa, sé bienvenida. Un fuerte abrazo, compañera. Adelante!

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