Bocachancladas·cuarentena·Navidad

Responsables en Navidad

Llevo semanas trazando una estratagema para Navidad. Respetando las medidas sanitarias, mi idea era pasar las fechas señaladas con mis padres, hacer la protocolaria visita a la familia política y reunirme con viejos amigos para ponernos al día sobre antiguos trapicheos y futuras escaramuzas. Algunos de ellos no sé si siguen vivos o murieron durante este trágico año, pero el espíritu navideño también es interesarse por quien realmente no te importa.

No fue sencillo, pues tuve que soportar la feroz crítica. Mis padres amenazaban con dejarme sin heredar los dos cochinos más valiosos de la cuadra; en la oficina me tildaban de hipócrita e insolidario, los mismos compañeros que por las noches se reunían a consumir cocaína en guateques clandestinos; y hasta mi suegra dijo que si quería visitarles tendría que dormir bajo un puente. Estaba dispuesto a recibir los castigos y escarnios más duros sólo por recobrar la ilusión del niño que llevo dentro y repartir jofainas de paz y amor.

De la noche a la mañana, la administración decide recular, aludir al clásico “Donde dije pariente, digo nadie” y mi plan salta por los aires. No habrá el espectáculo de ver al abuelo enseñando la huevada en Nochebuena, recibir un nuevo jersey de alces que jamás me pondré, ni atracar noblemente a los niños en la cabalgata. No me quejo aludiendo las diferentes incoherencias, estoy demasiado ocupado tallando un retrato de Margaret Thatcher en la uña del dedo meñique de mi pie izquierdo. Tengo el mandato de ser responsable y no salir de la gran ciudad.

Anoche estrené mi faceta responsable asistiendo a un concierto, aprobado por las autoridades, en un recinto cerrado en el que había más de cinco mil personas. La media de edad superaba con creces los setenta años. Después de berrear ‘Mi gran noche’ y ‘Escándalo’, esparciendo todo tipo de aerosoles y fragancias de ajo, el público alcanzó un éxtasis perturbador y varias señoras se me abalanzaron cual jabalí a la trufa. Pude zafarme de la avalancha, aunque ‘El tamborilero’ aún resuena en mi cabeza.

Siguiendo mi nuevo plan de extrema responsabilidad, he pasado por un supermercado abarrotado a comprar un saco de polvorones y una caja de botellas de ron dominicano. Embutido en un viejo disfraz de Santa Claus —el cual encontré en un contenedor—, pienso pasar todas las fiestas solo tumbado en el sofá, creando una argamasa sólida de polvorones y elixir de caña de azúcar en mi boca. En plena vorágine de responsabilidad autodestructiva, declamaré los cuentos de Dickens y entonaré el ‘Canta, ríe y bebe’ o ‘Alegría, alegría y placer’, si por entonces la soledad, el empacho o la enajenación no me han convertido en el próximo fantasma de las navidades pasadas.

Quién sabe cómo acabaré las fiestas, lo único que tengo claro es que será de manera responsable. Así que ya sabéis compañeros, ¡a ser responsables en Navidad!

Preveo que el día 28 estaré en estas condiciones.

2 comentarios sobre “Responsables en Navidad

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s