Reseñas

La forja – Arturo Barea

Penúltima lectura del año dedicada a La forja de Arturo Barea. Junto a La ruta y La llama forman la trilogía de La forja de un rebelde, un enclave en formato autobiográfico que sirve de escenario para situar el contexto social y político de España a comienzos de siglo XX. Una obra que hasta hace bien poco no había oído nombrar y que durante años estuvo censurada y después abandonada, reducida a un fetiche de los círculos de izquierda, añadiendo más fuego a la idea de que la historia la escriben los vencedores.

Cuando leo libros con una cierta distancia temporal, siempre termino por asombrarme de la insignificancia del paso del tiempo, cómo las mismas cuestiones existencialistas predominan los pensamientos del hombre, independientemente de que viva en una cueva, monte a caballo y vista con sombrero o tenga teléfono móvil. En La forja Barea revisa su infancia y adolescencia, motivando el porqué de su pensamiento y activismo político. Si algo adolecen este tiempo de superficialidad y banalidad es de un análisis de la realidad que permita a cada uno situarse en su propio encaje social y una traducción coherente en términos políticos. Obreros que dicen estar en contra de los impuestos, asalariados que justifican las perversiones de sus negreros o curritos que esperan algún día heredar la empresa que esquilma su esperanza no son más que frutos de análisis intoxicados o ficticios. Quizá el ejemplo honesto de Barea pueda servirles de inspiración.

El escritor se remonta a sus primeros años en Madrid, donde crece en el seno de una familia humilde. Sus tíos, de una posición social más acomodada, lo acogen y Barea relata sus años en las Escuelas Pías de San Fernando, donde toma conciencia de las flagrantes diferencias entre ricos y pobres, así como de las contradicciones del clero. Un aspecto especialmente interesante es la visita de Barea a los pueblos de su familia y el relato de la crueldad con que los niños del pueblo reciben a los forasteros. Me pregunto si en nuestra época, donde la controversia y la ofensa es producto y alimento, se podría ofrecer la verdad descarnada o habría que rebajarla para ofrecer una realidad más almibarada. Sospecho que es una pregunta retórica.

Conforme el joven Barea crece, asistimos a su incorporación al mercado laboral y con éste todas las tropelías de los amos: becarios que echan un sinfín de horas por una oportunidad, intimidación y extorsión hacia el trabajador y la atemporal sensación del “todo podría ser peor”. Cien años han pasado y lo único que podemos aportar al respecto es que “al menos tenemos Netflix”. Fruto de estos sinsabores, comienza la militancia de Barea en el mundo del sindicalismo y el socialismo. Otro de los aspectos más destacados de la novela es la espontaneidad en la relación entre los jóvenes y cómo a través de la experiencia dan cuenta de las controversias morales y las contradicciones de las imposiciones sociales. Un proceso claramente invertido en nuestros tiempos, por ejemplo en la sexualidad, donde la persona ya viene aleccionada o influenciada antes de poder descubrir por sí mismo los sabores y sinsabores de su experiencia. Una demostración de que la evolución o el progreso probablemente nos hayan amputado la magia de la naturalidad.

En definitiva, La forja es un homenaje a la honestidad y una reivindicación a la envergadura de los orígenes hacia la construcción de cada uno de nosotros. Una aplastante prueba de que, aunque las casas sean más altas y la comida venga envasada en plástico, seguimos sobreviviendo en una sociedad con las mismas carencias estructurales. Evidentemente, que el sistema haya conseguido que las preocupaciones pesen menos o sean menos visibles hace casi imposible que nadie se lance a fraguar su forja. En mi caso, estrenaré el nuevo año combatiendo codo con codo junto a Arturo Barea en La ruta.

*Gracias a Hombre Superfluo por la recomendación.

6 respuestas a “La forja – Arturo Barea

  1. Me alegro que te haya gustado el primero de los libros de la trilogía de Barea. Yo me los leí uno detrás de otro, sin leer nada entre ellos, y los disfruté mucho. Comencé a ver los años sobre los que escribe de otra manera, desconocida para mí hasta ese momento. Confío en que te deparen buenos momentos lectura a ti también, Rafalé. Un beso, compañero.

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