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Querido 2020

Querido 2020,

Ahora que con tu reciente partida has dejado de ser el centro de atención, me gustaría dirigirte unas palabras. He de decir que no suelo escribir a los años, que me produce dolor de cuello echar la vista atrás y que, normalmente, trato de mirar hacia adelante. Sin embargo, tras la ola de críticas y ofensas que has recibido en tu lecho de muerte, me parecía justo solidarizarme contigo y mostrarte algo de afecto.

Verás, vilipendiar a los muertos es un comportamiento bastante excepcional, pues hasta los más indeseables y desalmados reciben alabanzas cuando pasan a mejor vida. Supongo que en tu caso ha pesado más esa dichosa manía de echarle la culpa a los demás de las desgracias propias. Por eso, amigo 2020, me gustaría pedirte que no te tomes esas críticas como una cuestión personal y que no te dejes envenenar por el rencor. Estoy seguro de que el paso del tiempo ampliará la perspectiva colectiva, atenuará tu memoria y serás recordado como un punto de inflexión inevitable. Tus sucesores serán los encargados de dilucidar si la tendencia que seguiste apuntaba hacia el desastre o la gloria.

Querido 2020, egoístamente hablando, has sido benévolo. Ni a mí ni a los míos les ha alcanzado las consecuencias de la epidemia. Eso ya sería motivo suficiente para estar agradecido, pero además me has tenido entretenido prácticamente cada segundo. Me has hecho conocer nuevas ciudades y paisajes; regresar donde me esperan; colmarme de experiencias inolvidables; rodearme de gente fantástica; y brindarme tantas desventuras, reales y ficticias, que quizá no disponga de suficiente tiempo para transcribirlas y tendrán que ser devoradas por el polvo y el olvido.

Me dejaste encerrado solo en el extranjero y me proporcionaste una ventana en la que, dependiendo del día, divisar el cielo y el infierno. Por momentos creí estar abducido por seres extraterrestres, ser un enviado de un extraño Dios o la reencarnación de Napoleón y Shakespeare. Me repatriaron y por el camino atravesé el corazón de capitales vacías, mientras aprendíamos a combatir la incertidumbre soldándonos al día a día.

Durante aquel tiempo, me hiciste recordar la fragilidad y la insignificancia de nuestra propia existencia. Constaté con mis ojos la fuerza casi infinita de la solidaridad y las redes de apoyo. También el poder de la cercanía. Amigo 2020, fuiste capaz de desnudar las miserias de un sistema que algunos trasnochados sostenían que agonizaba y pusiste el grito de alerta. Evidenciaste la banalidad y la superficialidad de nuestras preocupaciones y señalaste a la estupidez como nuestro único y verdadero enemigo. Tan sólo la verdad es eterna e inmune, susurrabas por las noches. Algunos ahora intentan olvidarte o deshacerse de ti como una pesadilla que nunca sucedió, pasando por alto que tu olvido significará repetir errores y agotar el tiempo.

Querido 2020, tu presencia ha sido tan extensa e intensa que me ha sabido como cuatro o cinco de tus predecesores. Y con esa certeza exigua has conseguido demostrarme que el tiempo, aunque implacable, se puede estirar un poco más según la tranquilidad que conservemos en la mente.

Discúlpame, 2020, si mantengo en secreto mis sentimientos hacia ti, pues sería un tanto desconsiderado hacia las personas que te han sufrido y creen que su suerte cambiará con el cambio de año. Tú te vas, pero yo me tengo que quedar aquí lidiando con la incertidumbre de los años que estén por llegar.

Se despide, agradecido, tu amigo,
Rafalé.

12 comentarios sobre “Querido 2020

  1. Admirado Guadalmedina:
    Seguro que el 2020 le estará agradecido por su visión que busca hacer justicia con la realidad.
    Rodeado de personas en continua lamentación (la verdad es que la cosa es grave), llevo mucho tiempo haciendo campaña para tratar primero de ser objetivo con la posición de cada uno, y segundo, tratando de evitar que se eche la culpa (pobre año 2020) a quien no la tiene, y negarnos a aprender de todos esos factores que usted tan claramente señala, y que nos indican que el problema es de una cultura que construimos entre todos.
    No aprenderemos?. Pues otros años vendrán que nos encaminarán hacia el desastre.
    De momento el asalto populista y fascista al Capitolio estadounidense hace que el comienzo no sea tranquilizador.
    Gracias por sus reflexiones.
    Un muy cordial saludo, y le deseo todas las venturas posibles.

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    1. Querido compañero,
      Por un momento, en aquellos días de encierro llegué a pensar y hasta casi convencerme de que no habría más remedio que tomar nota de todos los desastres ocasionados por la estupidez y ponerles remedio. Meses después, y como bien ejemplifica el asalto al Capitolio, tengo la certeza de que la ración de estupidez es tan grande que ni un año es suficiente para desnudarla o devorarla.
      Me alegra que compartamos esta humilde redención hacia el amigo 2020. Sin duda los puntos en común, nos hacen más fuertes y a las certezas más resistentes.
      Un abrazo, compañero.
      Adelante!

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