Cuba·Reseñas

Como polvo en el viento — Leonardo Padura

Una de las mejores formas de conocer el sentir de un pueblo es mediante su movimiento. Debido a su enclave estratégico y su pasado a ritmo de oscilaciones coloniales y gritos de independencia, la genética cubana no conoce la quietud ni el reposo. En una realidad cada vez más globalizada y esquiva a la estabilidad, la diáspora del pueblo cubano se ha acentuado fruto de la oposición del modelo político y económico al conglomerado capitalista. Desde un punto de vista humano, el escritor cubano Leonardo Padura retrata esta diáspora en Como polvo en el viento, una novela extensa y profunda, cargada de crudeza y emoción con posos de esperanza en un futuro mejor.

Precisamente, un gran amigo, hijo de la diáspora, me sorprendió hace algunos años regalándome mi primer Padura. Se trataba de El hombre que amaba a los perros, una novela que se centra en la figura de Trotsky en sus últimos años y en su legendario asesinato a manos de Ramón Mercader. En esa novela descubrí a un narrador inagotable, de un estilo directo y un ritmo vivaz. Padura no es amigo de florituras ni grandes figuras, sino que cede el protagonismo a sus personajes e intenta ahondar en las tramas para dotarlas de solidez. Poco tiempo después, me fui familiarizando con las aventuras del detective Mario Conde, de la que destaco Adiós Hemingway. En dichas obras, al igual que sucede en Como polvo en el viento, el autor habanero genera ficción distorsionando mínimamente la realidad, lo necesario para cubrir los cánones formales, lo que permite elevar su categoría de escritor a cronista de amplia perspectiva.

En el caso de Como polvo en el viento, nos situamos en tres épocas diferenciadas de la historia contemporánea de Cuba: el periodo previo al desmembramiento de la URSS, el periodo especial y la actualidad reciente, con los tímidos intentos de aperturismo y un gobierno ahogado por las contradicciones y la falta de soluciones. En realidad, no se puede entender la deriva política y social de la Revolución sin el papel de los emigrados y sus familiares, lo que ha supuesto derribar el aislamiento y abrir una caja en la que hay más preguntas que respuestas. En este sentido, la apuesta de Leonado Padura es valiente y colma las páginas de una verdad aplastante e incómoda para los dirigentes cubanos. A diferencia de otros escritores a sueldo, antis y pros, la novela adolece de una retórica compleja y la burda manipulación. Tristemente, apenas parece haber atraído la atención de los medios oficialistas y en el extranjero se usa más como arma arrojadiza que como una vía para el debate y la construcción.

Como polvo en el viento descubre la vida de un nutrido grupo de amigos de La Habana que ronda la treintena. La vasta construcción de dichos personajes ilustra diferentes rasgos característicos de la cubanía dentro y fuera de la isla: el carácter cálido y apasionado, la curiosa noción del tiempo, el inagotable sacrificio, la permanente sensación de ser espiado, la creencia de poder abrirse paso en cualquier barrizal o el instinto innato de supervivencia. Los recelos y la polarización enfermiza, cimentado por los acontecimientos, también se erigen con una naturalidad abrumadora.

Cuando viajé a Cuba, conocí a un tipo que aseguraba, en un tono serio, que un cubano en EEUU sería capaz de emprender desde la nada hasta convertirse en gobernador, director de una gran compañía o poner sus pies en la luna. En la novela, ese rol prototípico es encarnado por Marcos, quien sortea las penurias del recién llegado con una pericia congénita y un esfuerzo que harían sonrojar a cualquier occidental, validando la tesis de mi conocido.

El personaje de Darío, un médico revolucionario que deja su vida familiar atrás para emigrar a Cataluña y convertirse en un afamado y adinerado cirujano de pensamiento independentista, encarna la ubicuidad del sentimiento de pertenencia, acrecentada para los emigrantes. De hecho, la novela redunda en la idea del desarraigo vital, el no sentirse de ningún lugar. En contraposición emerge Bernardo, un ingeniero con tendencia al alcoholismo que permanece en La Habana, quien defiende el pensamiento de que sólo aspiramos a pertenecer a la gente que nos rodea y difuminarnos, finalmente, como polvo en el viento.

Las estratagemas para emigrar, la importancia de la apariencia, la homosexualidad, los conceptos de familia y libertad, la fidelidad en el entorno de la pareja, la presencia del sexo en cada rincón y la fortaleza y perpetuidad de la amistad son algunos del resto de ejes que vertebran Como polvo en el viento. Una obra que, a través de multitud de preguntas que vuelan desde Cuba al mundo, levanta los cimientos de la verdad más incontestable: la vida.

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