Bocachancladas·Madrid

Opina que algo queda

Estaba escribiendo un análisis sesudo sobre las elecciones en Madrid. En él revelaba cuál era la fórmula del éxito de Díaz Ayuso y pormenorizaba las razones que habían dado al traste con las aspiraciones de la izquierda. Cuando estaba a punto de concluir, me di cuenta que llegaba varios días tarde y que era bastante posible que a nadie le importase lo que piense. Así que, he optado por no poner más leña en el fuego y lo he borrado.

De hecho, dejé de interesarme por las elecciones cuando pasé por un par de colegios y di cuenta de las colas que los rodeaban. Tomé asiento en un banco y pude apreciar un eco de fondo que decía “Abajo el comunismo, ¡libertad, libertad!”. Mientras los votos eran contados y los tertulianos hacían malabares con cariocas para entretener a la audiencia, pasé la noche tumbado en el sofá, viendo documentales sobre cocodrilos en la sabana africana. Hubo una escena que me impactó especialmente. Una manada de hienas de unas doscientas cabezas quería atravesar un río plagado de cocodrilos. Las primeras se lanzaban en masa, siendo despedazadas y atemorizando al resto, quienes preferían no cruzar. Pasado un rato, las hienas volvían a lanzarse y los cocodrilos se daban un nuevo festín. No creo que hubiera a esa hora ningún programa de televisión que explicara mejor cómo funciona la democracia de nuestro país.

No debía haberlo hecho, pero antes de acostarme revisé las redes sociales y descubrí que estábamos viviendo la nueva edad de oro del periodismo. Todo el mundo se había convertido en analista político. Incluso los poetas aprovecharon la ocasión y encontré unos versos, sin rima ni ritmo, que ajusticiaban a un político revolucionario que se había comprado un chalé con piscina. Su originalidad y sutilidad me hicieron llorar de emoción. A pesar del aluvión incalculable de opiniones, artículos y ensayos sociológicos, sólo extraje tres ideas distintas: la derecha somos unos campeones; la izquierda somos unos perdedores; y, mi favorito, la gente es idiota. En los medios de comunicación, según su afinidad, se divulgaban las mismas proclamas.

Era ese el momento propicio para haber publicado mi tesis, titulada ‘Alcohol, alcohol, hemos venido a emborracharnos’, pero soy demasiado vago como para escribirlo en una noche. Al día siguiente, se celebró un sanedrín entre compañeros a la hora del café para analizar el resultado de las elecciones. Quizá por casualidad, se repetían punto por punto los mismos argumentos que ya había leído la noche anterior y que la radio había proclamado a la mañana. El de recursos humanos acaparaba la conversación: “Los políticos de izquierda son unos inútiles. No han entendido que la gente no quiere doctrinas, ni gobernantes serios. Quieren espectáculo, políticos que conecten con la gente. Para las siguientes ficharía de candidato del PSOE a Belén Estaban, a Paquirrín o a Rafa Mora y para Podemos a uno de los youtubers que se han ido a Andorra”.

Concluida la jornada laboral me acerqué al mercado a comprar fruta. Al pedir un kilo de tomates, el tendero no perdió su oportunidad de hacerme llegar su parecer: “Qué bien que lo ha hecho mi Isa. Esa es la que nos da trabajo y mantiene a raya a los que quieren destruir España y a los etarras”. Empezaba a estar un poco saturado del asunto cuando me llamó mi madre y antes de preguntar si estaba vivo o muerto, me saludó con su análisis: “Ese Pablo Iglesias es un hipócrita y un traidor. Decía que iba a vivir siempre en Vallecas y míralo ahora, en un chalé, con sueldo vitalicio. En dos días está en su retiro dorado en Venezuela. Y la Yolanda esa, ¿has visto cómo viste? Parece sacada del Vanity Fair…” Aunque la quiera mucho, no tuve más remedio que colgar por el bien de nuestra relación materno-filial.

No tengo claro si la migración de las grullas favoreció a la derecha o si la inflación del peso argentino perjudicó a la izquierda, pero esta espiral demuestra una vez más que somos un país de opinadores. Da igual que sea sobre macroeconomía, hockey patines o ‘La isla de las tentaciones’, porque somos conscientes que nuestra opinión es fundamental, que todo el mundo ha de conocer nuestro parecer y que nuestro conocimiento es superior a esos expertos que realmente no tienen ni idea. Somos un país que escribe más que lee, que habla más que escucha y que juzga más que estudia. Y quizá ese sea uno de los motivos que explica por qué la gente vota lo que vota. O no. Yo sólo soy un charlatán más que quería borrar su opinión.

23 comentarios sobre “Opina que algo queda

    1. En España somos expertos en todo y tras la pandemia, cada uno de nosotros ha desarrollado un pequeño experto en salud pública con máster en efectos derivados de la ingesta de animales silvestres. Sólo pido que el próximo desastre nos pille vacunados contra el virus de la ignorancia 🙂 Un abrazo fuerte, compañera. Adelante!

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  1. Iba a no opinar, pero por aquello de ser poliedrico no me queda más remedio que decir que es el único análisis interesante que leí. Por cierto, a la vista de los resultados estoy pensando en cambiar mi alias y quedar en simplemente en “oyente”.

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    1. Me hiciste reír con tu ironía, compañero. Son tiempos que rozan el esperpento y el desaliento, pero hemos de resistir en pie, al menos contándolo, si queremos revertir la situación. La verdad es como un río, aunque le pongan muchos diques, encontrará cauce para llegar al mar. Un placer, adelante!

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      1. Me consuelan y estimulan tus palabras. Continuaremos resistiendo en la búsqueda de la auténtica libertad y rehuyendo las falacias que en su nombre, como en el de otros tantos valores, se construyan. Seguiremos p’alantre!

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  2. Creo que en el fondo, necesitamos opinar para darle algún sentido a lo absurdo de esta bañera, de peces de colores sin memoria, en la que habitamos.
    Por cierto, muy buen análisis. Lo de las hienas me ha encantado. Yo a veces nos comparo con los Lemmings. Aunque parece ser que su suicidio en masa es un mito. Lo que les pasa es que van en una dirección concreta, aunque el camino que había antes ya no exista. Es decir, van sin mirar, hacia el desastre.

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    1. Supongo que necesitamos cubrir algún tipo de vacío que hay en nuestras vidas. Paradójicamente, aunque cada vez tenemos más cosas, estamos caminando lentamente a una insatisfacción más grande. Creo que hoy me veré un documental sobre lemminis. Gracias por compartir, compañera. Un fuerte abrazo. Adelante!

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    1. A veces se me antoja que el sistema ha construido una barrera infranqueable en la que se divide el poder de socializar y la marginalidad. Parece que si no te pronuncias sobre cualquier tema, si no ves la última serie, si no compras el último modelo de cachivache absurdo no puedes vivir. Seguiremos viendo documentales. Hoy me toca el de unos canguros australianos que quieren subvertir el orden de los koalas. Veremos si lo consiguen. Un abrazo, compañera. Gracias por tu apoyo. Adelante!

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    1. Ojalá. Me parece una posición muy optimista. Muchas veces opinamos, tiramos hacia delante y nunca miramos hacía atrás, aunque claramente nuestra opinión haya sido un error o no tenga ningún tipo de fundamento. Rectificar, pensar y hacer autocrítica son conceptos que se extinguieron. Quizá hubo un meteorito que los destruyó 😉

      Un abrazo, compañero. Gracias por el apoyo. Adelante!

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    1. Te envidio, compañero. A mí me cuesta más morderme la lengua. La opción del silbido me parece siempre muy loable y sana. Lo que silbes hoy, te lo ahorrarás en conceptos de infartos. De hecho, en La Gomera, isla canaria, se comunicaban por silbos. No tires el contenido del silbido, es lo último que nos queda.

      Un abrazo, compañero. Adelante!

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