Madrid · Vida Moderna

¿Vejez o madurez?

En algunas ocasiones me pregunto si ya soy una persona madura. Otras veces me cuestiono por qué un kilo de kiwis cuesta más que un paquete de papel higiénico, cómo hacen las anchoas para anidar en los olivos y convertirse en aceitunas rellenas o si el suavizante de verdad suaviza la colada. Me hago preguntas a las que sólo el bochorno sabe contestar.

Correr es uno de los símbolos de la madurez contemporánea. Sólo hay que acercarse a un parque para comprobar que todos los aficionados al deporte atesoran un aplomo y una serenidad envidiable. Como persona interesada en alcanzar dicha madurez, hago unos cuarenta kilómetros por los parques madrileños semanalmente. Pongo cara de concentración y echo a correr intentando camuflar los resquicios de inmadurez.

Esta semana me topé que mi circuito de correr, localizado en el parque Tierno Galván, estaba invadido por un escenario, un recinto vallado, baños portátiles y barras que dispensaban alcohol. En un lateral se amontonaba una multitud sobre el césped, desde donde se podía ver y escuchar un espectáculo musical. Haciendo gala del curioseo patrio, detuve la carrera para husmear. Los desconocidos bebían latas de cerveza, aspiraban canutos con olor a maceta y fanfarroneaban por haberse ahorrado la treintena de euros que costaba la entrada.

“¿Quién toca?”, le pregunté a una muchacha. “Ahora unos teloneros, luego los Califato ¾, ¡cabeza! Lo más grande después de la Virgen de la Macarena”, gritó mi interlocutora desconocida con un marcado acento andaluz. Asombrado por el descubrimiento, pues se trata de un grupo que escucho especialmente, me invadió una presencia que creí haber dado por muerta. Se trataba de mi yo de los veinte años. “Tío, nos da tiempo de acabar de correr, ducharnos y ver el concierto por la cara”, me dijo excitado. Como alma que lleva el diablo, salí disparado a casa a ejecutar el plan.

Cuando estaba en plena ducha, volví a pensar en la cuestión de la madurez. Mientras tanto, mi yo de los veinte años aguardaba en la habitación rebosante de energía y metiéndome prisa por si el concierto empezaba antes de tiempo. Una vez yo también tuve veinte años, le confesé, y también creí que tenía infinitas energías para embarcarme en un bombardeo: conciertos, fiestas, excursiones, clubes de lectura, manifestaciones, recitales de poesía, acampadas en la playa, estudiar de madrugada en la biblioteca, elegantes orgías con chimpancés… No obstante, aquella tarde sentí que no tenía necesidad de ir a otro concierto, que me había hecho mayor y que pasaría la noche tumbado en el sofá viendo algún debate insustancial en la televisión. Si quería matar el gusanillo podía ponerme algún videoclip del grupo. “Tampoco me gustan tanto y mañana tengo que madrugar para trabajar”, pensé orgulloso por el ejercicio de madurez. Por su parte, mi yo de veinte años se fue raudo pegando un portazo tras decir con tono amenazante “Tío, tú antes molabas”.

Al día siguiente estaba henchido de orgullo por mi hazaña. Me había convertido en una persona madura, sin resaca, descansada y lista para afrontar todas mis tareas laborales. Al acabar la jornada, uno de mis compañeros propuso tomar una cervezas que por arte de magia se transformaron en unas cuantas. Cuando me quise dar cuenta era ya de noche, mi paso era irregular y en lugar de lengua tenía un trozo de trapo. Al regresar a casa escuché una música de fondo. Las guitarras potentes se mezclaban con una voz de ascendencia flamenca. Provenía del parque Tierno Galván, el parque donde corro. Sin nada mejor que hacer e impulsado por el alcohol, me acerqué a husmear.

De nuevo una marabunta de personas estaban en el lateral de las vallas desde las que contemplaban el concierto de Derby Motoreta Burrito Kachimba, un grupo sevillano que fusiona el rock y las raíces andaluzas evocando a Triana. Entre los que seguía el concierto de gratis estaba mi yo de veinte años. Al verme, se abalanzó sobre mí y nos fundimos en un abrazo etílico. Bailamos como dos entes carentes de ritmo y berreamos salvajemente por Camarón y por bulerías eléctricas. Afortunadamente, la pregunta inicial sobre mi madurez había quedado contestada.

6 respuestas a “¿Vejez o madurez?

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s