Microrrelatos

Cervezas belgas

Antes de que caiga el atardecer es tradición en Gante regar el gaznate con zumo espumoso. Grupos de ancianos, jóvenes y parejas se reúnen en terrazas, plazas y los márgenes del río a brindar por la existencia y olvidar penas. Algunos beben del envase de vidrio, otros de vasos que describen las formas más inverosímiles para realzar el amargor, el aroma a cebada o el dulzor del tostado, según la cerveza.

Después de una ingesta generosa de rubias, negras y morenas, entro al aseo a aliviar la vejiga. Me topo con el espejo y encuentro a una suerte de asno, con mirada perdida, dos orejas colgantes y unas palas que quieren salirse de la boca. Vuelvo a la planta principal, en la mesa de al lado hay dos perros que miran sus cervezas de reojo y bajo mi mesa hay un cochino que se revuelca en la cerveza que ha caído de las jarras. Un cocodrilo llena cervezas sin parar ajustando la proporción de espuma. Me debato entre volver a mi pensión o seguir la juerga con el riesgo de acabar nadando desnudo en el canal. Decidido, rebuzno hacia el cocodrilo. “Camarero, póngame una alpaca de paja para acompañar”.

18 comentarios sobre “Cervezas belgas

  1. En Gante y con las cervezas del país ocurren cosas así. A mí me pasó, pero como era Navidad estaba a tope de renos, y elfos y menos mal que no me encontré con el Grinch. Jajajajajajaja, qué divertido y estupendo relato, Rafalé. Un abrazo!!!!

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    1. Te entiendo a la perfección. La primera vez que visité Bélgica era Navidad, me perdí por aquellos mercados navideños y siempre me sorprendía al día siguiente despertarme con un enorme dolor de cabeza. No sabía que la Navidad producía tanta resaca.

      Me alegra que te divierta, compañera. Un fuerte abrazo, adelante!

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  2. Por tu edad y la distancia supuse que podrías no conocerlo. Es un poeta surrealista argentino de hace un siglo. Obviamente poco difundido.
    Aprecio tu bienvenida y es un gusto andar por aquí.
    Te mando un par de poesías y dirección de uno de sus libro más conocidos, en PDF: 20 poemas para ser leídos en el tranvía. docs.google.com/viewer?a=v&pid=sites&srcid=ZGVmYXVsdGRvbWFpbnxiaWJsaW90ZWNhZGlnaXRhbDMyYnxneDoxYjgzYThkMzQ0ZDRiZWQ4
    Adelante!, y no bajes la guardia con el barbijo. Ya se contagiaron mi ex dentista, el actual, gente cada vez más cercana… y el encargado del edificio.

    —————–
    Que los ruidos te perforen los dientes…

    Que los ruidos te perforen los dientes,
    como una lima de dentista,
    y la memoria se te llene de herrumbre,
    de olores descompuestos y de palabras rotas.
    Que te crezca, en cada uno de los poros,
    una pata de araña;
    que sólo puedas alimentarte de barajas usadas
    y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,
    al espesor de tu retrato.
    Que al salir a la calle,
    hasta los faroles te corran a patadas;
    que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte
    ante los tachos de basura
    y que todos los habitantes de la ciudad
    te confundan con un madero.
    Que cuando quieras decir: “Mi amor”,
    digas: “Pescado frito”;
    que tus manos intenten estrangularte a cada rato,
    y que en vez de tirar el cigarrillo,
    seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
    Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;
    que al acostarse junto a ti,
    se metamorfosee en sanguijuela,
    y que después de parir un cuervo,
    alumbre una llave inglesa.
    Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,
    para que los espejos, al mirarte,
    se suiciden de repugnancia;
    que tu único entretenimiento consista en instalarte
    en la sala de espera de los dentistas,
    disfrazado de cocodrilo,
    y que te enamores, tan locamente,
    de una caja de hierro,
    que no puedas dejar, ni por un solo instante,
    de lamerle la cerradura.
    ———————-

    Visita
    Oliverio Girondo

    No estoy
    no la conozco
    no quiero conocerla.

    Me repugna lo hueco
    la afición al misterio,
    el culto a la ceniza
    a cuanto se disgrega.
    Jamás he mantenido contacto con lo inerte
    si de algo he renegado, es de la indiferencia.
    No aspiro a transmutarme
    ni me tienta el reposo;
    todavía me intrigan el absurdo, la gracia.

    No estoy para lo inmóvil,
    para lo inhabitado.
    Cuando venga a buscarme,
    díganle:
    “Se ha mudado”.

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