Reseñas

Los años extraordinarios — Rodrigo Cortés

Al escribir es frecuente cuestionarse sobre la mesura de los elementos que componen la obra. El bolígrafo transita por un barranco incierto en el que es sencillo despeñarse por las tierras de la grandilocuencia, la banalidad o el barullo, arrastrando con él al incauto y manso lector. En concreto, el surrealismo, como el picante en la cocina, es uno de los ingredientes más agradecidos, pero a la vez más sutiles de trabajar. El surrealismo es capaz de potenciar y multiplicar el calado de una historia, así como de dotarle de una personalidad genuina. No obstante, la falta de mesura suele desembocar en el tedio y la incongruencia. Los años extraordinarios de Rodrigo Cortés es una muestra de que, aun con productos de primorosa calidad, el exceso de intensidad puede arruinar una buena escritura.

Siempre he tenido sentimientos encontrados con el surrealismo y el disparate. En mi adolescencia me cautivó la saga de El misterio de la cripta embrujada de Eduardo Mendoza, facturado con un estilo elegante y compuesto por tramas desternillantes. No obstante, probablemente por ignorancia propia, me invadía la sensación de que, más allá de cierta crítica social, el dislate no estaba canalizado para un fin concreto. Como si las novelas no aspiraran a ser más que una sucesión de entretenimientos fatuos. Por fortuna, o quizá por haber aplacado parte de mi estupidez, he topado con otras obras que utilizan el surrealismo como un recurso y no como un género, demostrando que la absurdez puede desnudar y ajusticiar la lógica en la que vivimos enjaulados. En este sentido, Los años extraordinarios traza una calzada extensa en el que su arquitecto parece no atisbar la siguiente curva.

Hace unos meses escuché por primera vez hablar de Rodrigo Cortés. Precisamente se trataba de una entrevista en la que promocionaba su flamante novela. Sorprendentemente, la entrevista viró por la faceta de cineasta, guionista, podcaster de éxito y su pasado salmantino. Aunque el libro no me llamó la atención, sí lo hizo lo bien relacionado que el polifacético escritor estaba. Sólo hay que darse una vuelta por las librerías comerciales para comprender la procedencia de los escritores más vendidos. Sin embargo, la amable recomendación de mi amigo Pablo Eguiluz me deshizo todos los prejuicios de un plumazo.

Los años extraordinarios relata en primera persona las memorias del ficticio Jaime Fanjul, un salmantino que hace de la candidez, el ingenio y el nomadismo una forma de vida con la que recorre el mundo durante el siglo XX. La novela se estructura en una vasta retahíla de capítulos cortos que atestiguan la llegada del mar a Salamanca, la Guerra civil entre los ciudadanos de Alicante y el resto de españoles o la alternancia pacífica entre república y monarquía. Por si fuera poco, los automóviles se mueven con el pensamiento, los piratas abordan la razón, algunos personajes envejecen a distinto ritmo y los fantasmas son tan reales como los humanos y los sueños son más vívidos que la ciencia. Fanjul visita París, Nueva York, Londres, Roma y otros lugares imaginarios ya sea sobreviviendo a naufragios, entre cosechas, recorriendo a pie desiertos y escalando cimas nevadas.

La novela contiene tantos recursos fantásticos y pormenores ingeniosos y los hechos son tan efímeros que, una vez asumida la estructura de la obra, me encontraba como si un tranvía me arrollara en cada página, implorando llegar cuanto antes a la última parada. Los sucesos adolecen de un nexo de unión, lo cual me sugiere pensar que una vez agotada la idea aparece otra que la entierre cuanto antes para no poder interiorizarla. No obstante, cabe destacar, que la escritura de Cortés es muy fluida, las tecnicidades son rigurosas y muchas de las metáforas empleadas son de una delicadeza admirable.

Cuando terminé de leer Los años extraordinarios me sentí decepcionado por el potencial desperdiciado y la coherencia que uno espera encontrar en el refugio de un libro. Por suerte para su autor, mis reticencias no son compartidas por el gran público y la novela se ha convertido en una de las más vendidas. Aunque, en lugar de buscar medida y congruencia, ¿no será que la vida es precisamente esa huida hacia ningún lugar?

6 respuestas a “Los años extraordinarios — Rodrigo Cortés

    1. No pretendía disuadir a nadie de su lectura, tan sólo remarcar que me había abrumado. En cualquier caso es una obra tan loca que merece la pena catarla y decidir por uno mismo si quemarse o domesticar el fuego. Gracias por leer y comentar, compañero. Un fuerte abrazo. Adelante!

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