Reseñas

A sangre fría — Truman Capote

En mi incierta contienda contra la ignorancia, he decidido adentrarme en la obra de uno de los grandes de la literatura universal: Truman Capote. Lo he hecho sin ambages, decantándome por A sangre fría, la célebre novela que, en clave de reportaje literario, narra los asesinatos reales en el seno de la familia Clutter. Una obra que además de sus exquisitas descripciones y la rigurosidad de la reconstrucción, de los hechos destaca por un fiel retrato de la sociedad norteamericana y profundiza en la motivación que hay detrás de un asesinato. Una buena muestra de lo necesario que es entender el mal para acariciar la verdad.

De esta forma, A sangre fría se adentra en Holcomb, Kansas, un pueblo de carácter rural localizado en las profundidades de Estados Unidos. En ella habita el señor Clutter, dueño de una próspera explotación agrícola, junto a su mujer y sus dos hijos menores. Estos disfrutan de una vida acomodada y tranquila, con una extraordinaria reputación entre sus vecinos. Su existencia se ve truncada una noche, cuando dos convictos en libertad condicional, Perry Smith y Dick Hickock, asaltan el hogar familiar con intención de robarles y los ejecutan a cambio de un exiguo botín de un puñado de dólares. La obra está divida en cuatro capítulos bien diferenciados. A saber: los antecedentes de asesinos y asesinados, la fuga a tierras mejicanas, el operativo policial y, finalmente, su detención, el juicio y su condena a muerte. Truman Capote espolvorea pasajes del asesinato sobre la narración, empleando una combinación de recuerdos, recortes de periódicos y, por último, los testimonios de los implicados. La reconstrucción resulta tan minuciosa y extensa que, en ocasiones, llega a abrumar al cándido lector.

Si hay un detalle que me ha llamado poderosamente la atención es el estatus que A sangre fría otorga a sus protagonistas. Mientras que las víctimas quedan como un efímero recuerdo envuelto en la pena y la inocencia, quienes emergen como verdadero protagonistas son Dick y Perry, los asesinos. Podría pensarse que es una efecto natural, pues a diferencia de los muertos, el criminal tiene cierto recorrido tras el asesinato y que la intención del autor es penetrar en la motivación de un crimen. Una práctica que dista de los juicios que suelen emprender los medios de comunicación bajo la fachada de información objetiva. No obstante, y a pesar de que se trata de una narración casi periodística, Truman Capote consigue despertar cierta simpatía por los asesinos, sobre todo por Perry, el miembro menos sádico de la pareja. En este sentido hay teorías que apuntan que, en entrevistando a los asesinos, Capote y Smith entablaron una relación sentimental y que, incluso, el escritor intercedió en el proceso judicial para que su novela tuviera el fin más atractivo.

Otro detalle a destacar es la escasez de pistas durante la investigación del asesinato. A diferencia de nuestros días, donde las cámaras pueblan las ciudades y los teléfonos móviles nos espían, se puede considerar casi una casualidad que se encontraran a los asesinos de esta matanza. Con los remordimientos aflorando en Smith, no sabemos si se hubiera entregado, suicidado o la dupla letal hubiera vuelto a atacar. La parte final de A sangre fría pretende motivar una suerte de debate sobre la pena de muerte y el papel de los trastornos mentales como atenuante de los crímenes. Temas que, tras más de medio siglo, siguen enquistados a día de hoy.

Satisfecho por acabar esta famosa lectura, un conocido me reveló que A sangre fría estaba sobrevalorada. Sostenía muy convencido que su éxito residía en la mediatización del caso y sus intríngulis morbosos. Sentenciaba que si realmente quería descubrir la talentosa pluma de Capote debía acometer sus relatos. Lo mejor de iniciar una contienda contra la ignorancia es que nunca habrá final.

10 respuestas a “A sangre fría — Truman Capote

  1. Hace muchos años leí esta novela, en dos días, y me dejó muy impresionada por la minuciosa reconstrucción que hace de los hechos, como tú bien señalas en tu magnífica reseña. Combinó muy bien el estilo literario y el periodístico. Muchos años después vi la película «Capote» que protagonizó Philip Seymour Hoffman, ya fallecido, y me cautivó. Su interpretación fue maravillosa, se mimetizó con el escritor. Desde entonces, cuando hablamos de Truman Capote, veo a Hoffman Es de las pocas películas que después de haber leído el libro me han gustado. Claro que Hoffman, en mi opinión, ha sido de los mejores actores que ha dado la gran pantalla. Gracias por compartir. Un abrazo!!!!

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  2. Lo malo de la ignorancia es que, conforme pasa el tiempo y la gente no dejamos de escribir y comentarnos unos a otros, aumenta exponencialmente, y ES IMPOSIBLE DE PALIAAAAR!!! Te acompaño en el sentimiento y en el intento, aunque estemos destinados a fracasar. Por lo demás, me gustó mucho A sangre fría, cuando la leí hace ya demasiado. Ahora me habéis fastidiado y tendré que poner también sus relatos en la lista de espera, que está creciendo de forma preocupante. Enhorabuena y abrazo!

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    1. Efectivamente, la ignorancia es muy contagiosa, además del consabido atrevimiento. Aquí, un mendrugo que se cree con licencia de escribir sobre Truman Capote. Menos mal que el tipo está en la gloria y parece que no le importa mucho. Propongo adoptar ese convenio: sólo hablar de un autor si éste está muerto. Por supuesto, leeremos y comentaremos los relatos de Capote, para después celebrar la ignorancia. Otro aspecto maravilloso de la ignorancia es que es un recurso infinito y no parece que alteremos nuestro destino. Un placer tenerte aquí, compañero. Un fuerte abrazo. Adelante!

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