Bocachancladas · Vida Moderna

Vidas de plástico

No deja de fascinarme la cantidad de plástico que generamos. Pero, me asombra aún más nuestra capacidad de habituarnos a la situación. Todo es plástico. El supermercado se empeña en que compre las manzanas y las zanahorias que relucen dentro de paquetes fabricados con el dichoso material. Reviso la bolsa de la compra y compruebo que cargo más cantidad de plástico que de alimentos. Cada mañana pido a la camarera un trago de agua tras tomar café y ella me entrega el líquido en un minúsculo vaso de plástico. “Me ahorra mucho trabajo”, afirma sonriente. Quizá también le ayudaría que el dueño contratara a otro camarero. Cada tres o cuatro días, el cubo donde almaceno el plástico rebosa y bajo al contenedor amarillo, habitualmente atestado. “Cada vez lo lleno más rápido”, cavilo.

Todos los días fantaseo con la posibilidad de rebelarme contra la dictadura del plástico. Imagino ir a la frutería de la esquina con bolsas de tela, que la tendera se parta de risa al mostrarle los escondrijos de mi cuerpo en los que está aflorando pelo; comprar pescado con un táper de vidrio y que el pescatero simule que la dorada que ha escogido cuenta muy buenos chistes y canta por bulerías; recargar la botella de detergente en una tienda de venta a granel mientras la tendera me aconseja haikus de temática caníbal; o sustituir la comida china a domicilio por cocinar una tortilla de patatas. Juro que me desbordan las ganas de sublevarme, pero éstas se disipan tan pronto como me levanto del sofá. Entonces me doy cuenta de que mi lucha contra el plástico conllevará un precioso tiempo que me privará de ver la última serie que Netflix ha escogido para mí o de actualizar cada dos minutos mis redes sociales para sentirme aún más solo. A continuación, me autoconvenzo de que en realidad mi hipotética contribución era un brindis al sol y que separando la basura ya hago más que el vecino de abajo.

El plástico no sólo envuelve los productos de la compra o se amontona en los estantes de los restaurantes. Poco a poco, hemos forrado nuestra propia existencia con una gruesa capa de plástico. En mi caso, he empaquetado los proyectos que un día me parecieron brillantes, he almacenado el cariño y la paciencia en botellas plásticas y he embalado el ingenio en packs indivisibles de usar y tirar. He hecho de mi hogar una burbuja de papel film, aparentemente aislada del mundo exterior, pero tan frágil que se desgarraría con el roce de una navaja sin filo. Quizá algún día decida abrir esos envases y consumirlos fugazmente. También puede ser que el contenido acabe pudriéndose y los lance sin mayor remordimiento, pues a buen seguro dispondré de nuevas ilusiones envueltas en plástico.

Lo único que me consuela de vivir una vida de plástico es que llegará el día en que mis pensamientos, junto a lo que quede de mí, se agoten y se conviertan en un montón de desechos. Por entonces, espero que no me incineren ni me entierren, sino que aparezca la cándida conciencia de algún desvalido, me lance al contenedor amarillo y diga con una mezcla de rabia y cinismo: “Hay que ver cuánto plástico”.

8 respuestas a “Vidas de plástico

    1. Me alegra que referencies ese tema de Rubén Blades. Creo que, con más éxito que yo, intenta reflejar una idea parecida. Tuve la suerte de verlo en concierto hace más de dos años y todavía se me ponen los pelos como escarpias cuando gritaba el nombre de los países y la gente del público procedente de los mismos coreaba. Creo que todos los países latinoamericanos estaban representados. Un fuerte abrazo, compañero. Adelante!

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  1. En el pasado todos íbamos a comprar toda la comida al mercado. Nos dieron bolsas que luego reutilizamos en casa para guardar cosas. Luego se crearon los supermercados. Y allí todo está empaquetado, adornado, caro. ¿No hay mercado en tu ciudad? Aquí en mi país hay un mercado de verduras, frutas y verduras todos los viernes. Todos los lunes hay un mercado de ropa y zapatos. Yo hago el huerto en mi casa, aunque no soy muy buena, también tenemos gallinas pero con mi marido tratamos de comer solo comida de nuestro huerto. Cultivo patatas, frijoles y brotes en mi garaje. Hay formas de evitar comprar alimentos llenos de plástico. Solo busque consejos sobre cómo hacerlo.

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