Reseñas

Las uvas de la ira — John Steinbeck

En un contexto corrompido por el egoísmo y la inversión del concepto de libertad, se hace imprescindible una reivindicación audaz de la solidaridad y el bien común. Aunque la literatura tenga un poder de transformación limitado, se me ocurren pocas obras que ejemplifiquen de una forma tan rotunda la necesidad de las mismas como lo hace Las uvas de la ira. Un clásico de la literatura universal que despertó mi curiosidad gracias a la camaradería del boca a boca entre colegas y que ahora se me antoja imprescindible. La novela de John Steinbeck supone una crítica certera a la deshumanización propiciada por el capitalismo extremo y cuyo mensaje es de rabiosa vigencia.

La obra nos sitúa en la Oklahoma de la década de los 30, durante la diáspora rural hacia el Oeste ocasionada por el crac del 29 y la modernización de los trabajos agrarios. En particular, la familia Joad emprende un penoso viaje en busca de un trabajo prometido mediante folletines que reclaman temporeros para las cosechas de los campos de California. La narración se construye con un sinfín de subtramas que sutilmente confrontan el progreso económico con el progreso social, claramente desligados; el desamparo de la administración hacia los ciudadanos, condenados a una competición de la que se benefician los entes explotadores; el desarrollo de la moral de esclavo cuando se ha aceptado la miseria, esa mentalidad que permite aceptar condiciones míseras antes que pasar hambre o renunciar a techo; la falta de escrúpulos por parte de los lugartenientes a los cuales sólo les motiva la idea de seguir acumulando; y la connivencia entre el poder económico, el político y el policial. En definitiva, Las uvas de la ira describe el sistema económico que con mejor propaganda lleva exprimiendo al ser humano desde tiempos inmemoriales.

El relato alterna las desventuras de la familia Joad sobre su destartalada camioneta con descripciones sobre los paisajes y los ambientes, así como el contexto social y económico de la época. La prosa de Steinbeck es delicada y detallista, consiguiendo que el narrador no se involucre tanto como para dar un posicionamiento ideológico, sino que paulatinamente sus personajes vayan interiorizando su situación y verbalizando con una crítica transversal y humanista al sistema. Con estos elementos se cimienta un clima de calma tensa en el que en todo momento se atisba la desgracia a la vuelta de la esquina.

Tres personajes merecen unas palabras aparte. En primer lugar Rose of Sharon, la hija de los Joad que afronta el viaje en avanzado estado de gestación y de cándida mentalidad. Encarna la idea de que el sistema ofrece prosperidad infinita a cambio de esfuerzo ilimitado. Además, ha interiorizado que una existencia digna es dictaminada por el número de objetos materiales a los cuales un sueldo puede acceder. Padre, el cabeza de familia de los Joad, resiste la sucesión de penurias con una fe casi divina en el folleto que le augura trabajo y prosperidad. Al respecto parece intuirse que no hay explotación posible sin ignorancia, que los ignorantes son el combustible que el capitalismo necesita para prosperar, que al sistema económico no le interesa demasiado una sociedad formada y con espíritu crítico. Por último, a destacar la entereza y el combate que trasmite el papel de la madre Joad, quien señala a la solidaridad y la organización como elementos de resistencia y como único camino para cambiar la suerte de los oprimidos.

Para el recuerdo, el aguante y la resignación que atesora la familia Joad ante la muerte de sus seres queridos y, en una genial cabriola del autor, el final apoteósico. Aunque pueda sonar conservador o anacrónico, si algo queda patente en Las uvas de la ira es la fortaleza de la familia como dique de contención frente al avance imparable de la desigualdad social, al consumismo y al valor humano reducido al número que indique su cuenta corriente junto a sus posesiones. Si los personajes de Steinbeck consiguen sobrevivir es porque la familia no se resquebraja y si cualquier individuo de nuestros días prospera es porque éste vive en una gran familia llamada sociedad.

Cuesta entender porque una sociedad que tomó Las uvas de la ira como valor de su cultura, como la norteamericana, ha encarnado unos valores tan dispares. Como siempre ocurre con textos de otra época, uno de los riesgos es no trazar adecuadamente las analogías con nuestros tiempos. Es probable que los que formamos parte de la sociedad occidental nos creamos libre de una explotación tan cruel como la aquí narrada, aunque vayamos al supermercado a comprar fresas de Huelva pagadas con condiciones de esclavitud o que luzcamos pantalones en los que hay rastros de explotación infantil. En mi parecer, la radiografía descrita por Steinbeck no ha cambiado tanto, sólo se ha adaptado al contexto económico y tecnológico y se ha dulcificado en cuanto a formas. Las grandes riquezas nos exprimen entre aplausos y vítores, cualquier intento de disidencia es duramente reprimido y aceptamos con alegría que nuestra existencia es una despiadada lucha por la supervivencia, que el mal ajeno es el bien propio. Ojalá hagamos nuestro el pensamiento que subyace de Las uvas de la ira. Ojalá un Nuevo Mundo asentado en la solidaridad, el conocimiento y la organización.

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15 respuestas a “Las uvas de la ira — John Steinbeck

  1. Los excesos del capitalismo llevaron a la Gran Depresión. «Las uvas de la ira» está impregnada del espíritu del New Deal de Roosevelt. Poner coto a la especulación y reforzar el sector público parecen herejías en estos tiempos de la doctrina del shock. Estupenda reseña. Hay una adaptación de John Ford en cine que está muy bien, aunque queda lejos de la enorme grandeza de la novela. Saludos 🙂

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    1. Tengo pendiente verla y no en mucho tiempo. Efectivamente, son tiempos en que parece que en la opinión pública se impone la mal llamada libertad, el individualismo y el consumismo, elementos promovidos todos ellos por la estupidez. Seguiremos combatiéndola en todos los frentes. Un fuerte abrazo, compañero. Adelante!

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  2. En Europa desde hace muchos años hemos sido capaces de analizar los sistemas económicos y proponer reformas al capitalismo hasta elaborar uno nuevo, tras la segunda guerra mundial, que es casi una síntesis de justicia social entre éste y el socialismo, o sea la socialdemocracia.

    Los Estados Unidos en algunos aspectos son una sociedad culturalmente subdesarrollada y quizás más la mitad de los votantes, la mayoría del partido republicano y parte del demócrata, confunden la socialdemocracia con el comunismo. Creen que el estado de bienestar europeo, basado en impuestos y solidaridad, es un atentado a su libertad. Steinbeck se quedaría asombrado de comprobar 90 años después el poco efecto que su obra produjo entre tantas personas de su país que ni siquiera sabrán lo que fue el New Deal de Roosevelt y que si se lo explicaran lo llamarían comunismo tras años de soportar la propaganda de extrema derecha y del Tea Party.

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    1. La repercusión de la obra es de los aspectos que más me llaman la atención. No he estado aún en los Estados Unidos, pero al parecer ‘Las uvas de la ira’ es una obra que se recomienda leer en los colegios y esto no se llega a traducir en una sensibilidad social y política. Supongo que lo utilizan más como una suerte de testimonio histórico que como unas bases morales. Lo cual ilustra que no por leer más se ha de entender su calado.

      Mil gracias por tu valiosa perspectiva. Un fuerte abrazo, adelante!

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  3. He leído Las uvas de la ira tres o cuatro veces y siempre que lo hago disfruto como la primera vez. Pocas obras me han conmovido tanto y pocas obras alcanzan un nivel literario tan alto. Y tal y como dices en tu excelente reseña, el final es una auténtica maravilla, sólo al alcance de este Premio Nobel. Si Las uvas de la ira es extraordinaria, De ratones y hombres o Al este del Edén no se quedan atrás.

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    1. Muy agradecido por tu comentario, compañero. Tengo la sensación de que el ser humano aprende de los errores, pero lo engañan cuando le ponen contextos análogos. La gente es capaz de condenar, por ejemplo, el nazismo y a la vez apoyar ideas que son adaptaciones de éste en el S. XXI. Tendremos que armarnos de mucha paciencia, pero resistiremos. Un fuerte abrazo, compañero. Adelante!

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