La Cuarentena De Los Necios · Vida Moderna

Los primeros compases del escritor

Ciertamente mis primeros días como escritor no están siendo como yo esperaba. He de reconocer que, después de treinta y dos años esperando este momento, quizá había idealizado la acción de poner papel y tinta a una historia con demasiados humos. No sé muy bien qué se suponía que debía hacer o decir, así que consulté a YouTube. Según un tutorial protagonizado por EscritorPetándolo74, lo más importante era la imagen que queríamos proyectar. El youtuber gritaba excitado que un escritor había de vestirse como corresponde a su condición: elegante pero procurando hacerse el interesante, aunque en el fondo no haya nada. Debido a su aplastante lógica, asentí al argumento y me despojé de mi conjunto formado por camisa de tirantes y calzones roídos.

Acudí a un centro comercial y me sumergí en la primera tienda que pillé. Pregunté a la dependienta por la sección de camisas de escritor y esta me indicó la de estampados florales. Me probé unas diez o doce camisas. Aun parecer un híbrido entre un domador de circo y un juerguista con exceso de peso, me las quedé todas. Un buen escritor que se precie puede escatimar en metáforas o en riqueza léxica, pero jamás ha de hacerlo en su impostura y vanidad. Salí del centro comercial luciendo una de aquellas camisas, además de gorra de deporte y unas grandes gafas de sol que me cubrían medio rostro. Tenía que estar preparado ante las previsibles hordas de fans que a buen seguro pretenderían una firma, un selfie o un mechón de pelo del sobaco.

Adquirida la pinta de un auténtico escritor, regresé a casa. Tenía que estar atento a las llamadas y al correo electrónico. Lo más probable es que el ayuntamiento y el ministerio me invitaran a inaugurar el nuevo tramo de la A-44; la televisión local me quisiera en la tertulia taurina y en la de vóley playa femenino; algún hogar del jubilado quisiera contar conmigo para impartir una charla motivacional; tuviera que hacer la cata de champagne y langostas para las presentaciones; o fuera el artista invitado de un guateque con babuinos y jirafas influencers. La realidad es que no recibí ninguna propuesta y me limité a subir la enésima foto posando con mi libro en RRSS, cosechando un par de likes y un mensaje privado de un señor que me ofrecía cobrar la millonaria herencia de su tía abuela que había sido devorada por una tribu caníbal en un pueblo remoto de Nigeria.

En mi segundo día como autor de éxito, por fin recibí noticias de mi editor, el cual se encontraba en paradero desconocido desde que salió el libro. Me citó para culminar uno de los momentos más emocionantes en la carrera de todo escritor: la dedicatoria de ejemplares. Engalanado con una de mis recién adquiridas camisas de flores, gorra y gafas de sol me dirigí hacia las oficinas de la editorial. Jamás había estado en dicha oficina e imaginaba que esta estaría localizada en la última planta de alguno de los rascacielos más altos de la ciudad. No obstante, un bajo sin luz de un viejo edificio residencial hacía las veces de la sede de la editorial. Tras media hora de espera, acudió mi editor portando una caja. «Vamos a alguna cafetería. Necesito chutarme café en vena, a ver si se me pasa esta jodida resaca. En serio, ya no tengo edad para estar yendo de after en after», dijo al saludarme.

Tomamos asiento en la terraza de una cafetería de currelas. Allí mi editor me informó sobre las ventas anticipadas. «No está nada mal para un novato. Has vendido un total de cinco libros», anunció. «Imposible, hombre, si tengo cientos de likes en RRSS y todos mis colegas del pueblo, los del canódromo y los del taller de cocina con microondas me han dicho que lo han pillado. Debe tratarse de un error o algo», le contesté apurado. «No te preocupes, muchacho. De todos los que han dicho que van a pillar el libro, divídelo entre cien y tendrás el número de ventas. Pero, en serio, que está muy bien. Nadie daba un duro por ti ni por esta bazofia», trató de consolarme en un derroche de empatía y comprensión. De esta forma me extendió cinco volúmenes de mi novela sobre la mesa y me cantó el nombre de las personas a las que debía dedicar el libro. «Este va para tu tito Miguel, este para tu tita Rosarito, este otro para Remedios y Paco Pepe, este otro para ‘el trovador vacilón’ y el último para Rafa… Espera, ¿este eres tú? ¿Te has comprado tu propio libro y lo has pedido dedicado? ¿Qué clase de psicópata eres?», inquirió entre burlas. Así pues, cogí mi pluma y deslicé la tinta por la primera página de la novela. Lo cierto es que cuando empecé a escribir me di cuenta que no era tan sencillo eso de firmar una dedicatoria. ¿Qué demonios se supone que uno debe poner? Y es más, ¿qué se supone que le debo escribir a unos desconocidos? Cogí un sobre de azúcar, leí la frase que contenía y la manuscribí en todos los volúmenes, incluido el mío. «Si vivo en las nubes es porque el suelo está lleno de idiotas», puse en todos.

En mi tercer día como escritor recibí la llamada de Juan Reina, el periodista encargado de la sección cultural del periódico local. Sus críticas literarias eran célebres entre toda la comunidad, debido a su justicia a la par que de su despiadado carácter. No le importaba poner de vuelta y media a las estrellas emergentes o dar cera a la última antología publicada por el organizador de las jams a la que acudían todos los poetas de la región. Me citó en un callejón inhóspito al que acudí, además de con una nueva camisa con un estampado que representaba la matanza de un cerdo, con una bolsa con un par de ejemplares para el periodista. No había un alma allí, aparte de manchas de aceite de coche y un charco de sangre relativamente fresca. Seguramente, Juan Reina hubiera decidido pasar de las estocadas metafóricas a las literales para acabar con mi carrera literaria de un navajazo.

A la hora acordada apareció Juan Reina. Me saludó efusivamente dándome varias palmadas en la espalda que a punto estuvieron de hacerme trizas el omoplato. «¡Qué pasa máquina! ¡Qué pasa monstruo! ¡Qué pasa puma, tigre, fiera, figura, maestro, campeón, titán, tótem, artista, mastodonte!», gritó con tono excitado. Antes de responder, se lanzó a desmenuzar mi novela y declaró que lo que había leído le había impresionado. «Ya está bien de tanto librillo de chichinabo e historietas de magos, brujas y duendes bisexuales escritas con el gusto en el orto. Lo que hace falta es riesgo, emoción y verdad». No me pareció que el entrevistador hubiera leído mi libro, pero opté por seguirle la corriente. Juan Reina me pidió que me subiera a un muro de dos metros para grabar la entrevista. Aseguraba que el plano sería excepcional. Sacó su teléfono móvil y me pidió que explicara quién era, de qué iba mi libro y que bailara el ‘Waka waka’ para motivar a los lectores.

Cuando terminamos la entrevista, Juan Reina me pidió que le acompañara con cierto aire de misterio. Después de un trayecto de media hora a pie —en la que el periodista despedazó todo el panorama literario desde la actualidad hasta el año 1906—, llegamos a la puerta de un tugurio vetusto, cuyo cartel rezaba ser la Tasca del Lechón Arrogante. Entramos y allí descubrí un grupo de hombres con camisas estampadas debatiendo animadamente. «Son escritores, muchacho, como tú», me informó Reina. Este me acercó una copa de pacharán y un cubo de torreznos grasientos. Pidió un momento de atención para presentarme en sociedad y solicitar un brindis en mi honor. Aunque confundió el título de mi novela, me sentí rebosante de felicidad y orgullo. Por fin estaba en el ambiente literario. Había cumplido mi sueño, por fin me sentía escritor.

*Segunda parte en Los segundos compases del escritor

*Aquí en serio: Estoy muy agradecido por la gran acogida de La cuarentena de los necios. Los libros de la preventa han sido dedicados y están ya en camino. Un fuerte abrazo, compañeros. Adelante!

22 respuestas a “Los primeros compases del escritor

  1. Comprado. Tardará una semana en llegar. ¡FELICITACIONES! Te han comparado con un escritor idolatrado por millones de personas (leí unas críticas en el sitio de venta de Nazarí).
    Ahora debes sacarte fotos sexi, eso vende; lo del exceso de peso se arregla con Photoshop.
    En cuanto a la dedicatoria, Marilyn Monroe usaba esta: «Love, Marilyn». Ahora eres un intele’tual con libro publicado, no puedes perder tiempo con el populacho.

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    1. Hahahaha. Te agradezco las recomendaciones, estimado compañero. Como decía en el texto, es incierto este camino de la escritura, lleno de peligros, tentaciones y luces de colores que, sin unas adecuadas gafas de sol, pueden llegar a cegar.

      Muchas gracias por la confianza. Será un honor que mis letras se debatan en tu mente entre la risa y la vergüenza ajena.

      Un fuerte abrazo, adelante!

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      1. Bueno, la confianza está basada en que te he leído y en que tienes unos ojos deslumbrantes (en la foto en la que presentas el libro de una escritora), tu mirada es mezcla de niño sorprendido y psicótico.
        Debe ser duro leer críticas como la del malparido de El Mundo. Como no pueden hacer Literatura se dedican a destruírla. Recuerda que a Bukowski hay quienes lo tildan de desprolijo en lo literario, inadaptado y borracho; pero aún sigue clavando puñales en la mente de mucha gente.
        PD: Si quieres intentar en Argentina, conéctate con Ediciones de la Flor www edicionesdelaflor com ar (fundada en 1966) / Se especializa en «rarezas» varias, incluyendo libros políticos serios que las editoriales grandes prefieren rechazar porque son incómodos.
        Sé que estarás pensando «¿cómo osa este sudaca sugerirme a MÍ que publique en su país?». Quizás no sepas que GG Márquez fue rechazado por las editoriales de Colombia, logró publicar Cien años de Soledad acá.

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  2. Ja, ja, ja, ja (meto uno más, antiacadémico), ¡que crónica! Uno desearía que empezaras tu carrera como escritor todos los días, para partirse la caja diariamente. 🙂 Pese al hiperrealismo imperante en toda la descripción y el detalle floral de las camisas, se te olvida decir que no era pluma, que era un ‘bic’ azul de tinta normal (la fina ya no se vende) el que firmaba.
    ¡Un fuerte abrazo, compañero, guárdate de la turba que te asediará estos días, la turba solo es buena para los geranios! 🙂

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    1. Me has pillado, compañero. No puedo dejar ni un mínimo detalle a la improvisación 🤪 Ahora que mencionas el bolígrafo, al comienzo era súper maniático. Me encantaba escribir con un ‘Bolígrafo Pilot Supergrip Retráctil’. Compraba repuestos en las papelerías y siempre, siempre, siempre que escribía una historia lo hacía con aquel bolígrafo. De hecho, me parecía que si utilizaba otro bolígrafo no fluían las ideas. Ahora me ha dado por los ‘Bic Cristal Azul’ porque son los que encuentro en el trabajo. Por suerte, las ideas fluyen y mi ‘Pilot’ no se pone celoso.

      Por cierto, uno de los libros de aquel montón debería llegar en las próximas horas a la Casa de Poe. Muchísimas gracias por apoyar este proyecto y por tu camaradería. Es un honor, compañero.
      Un fuerte abrazo, adelante!

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      1. ¡Aquí esperándolo, Rafalé! La alfombra ya recogida de la tintorería (el rojo se había vuelto rosa chicle masticado), pero ya todo dispuesto para recibir a LCDLN (LC le llamaremos en casa Ofelia y yo, en confianza :-). Yo tengo por aquí un ejemplar único de Bic Naranja (que escribe fino, porque Bic Cristal escribe normal), para las dedicatorias más sentidas. Por mi parte no pillo un boli desde que puse mi nombre en la percha del colegio. Soy totalmente ágrafo. Por eso en las dedicatorias mis dedicatarios lo pasan fatal… Bueno, tú lo sabes bien.
        Sin teclas no hay paraíso. 🙂
        Lo dicho: en cuanto me llegue te lo aviso. ¡Un fuerte abrazo!

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  3. Algo más que genial ha de ser tu libro a tenor de lo leído en este artículo. Que eres bueno (escribiendo, en todo lo demás no sé, aunque presumo que también) ya lo sabes; encontrar un hueco respetable entre el «respetable» ya es harina de otro costal. Yo quiero aventurar que lo conseguirás y firmarás más libros de los que imaginas. ¡Felicitaciones! Salud.

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