Reseñas

La pasión de Fausto Coppi — William Fotheringham

Me encanta el verano. Jamás he entendido a esa gente que no le gusta el verano. El calor y los turistas con pintas estrafalarias no son rivales para las vacaciones, los helados de mango, los baños en la playa, los reencuentros con colegas, las siestas sin hora de acabar y las tardes leyendo como no se puede el resto del año. No obstante, lo mejor del verano es la celebración del mayor espectáculo de la humanidad, la lucha del hombre contra la naturaleza, la conmemoración de la vida hecha deporte: el Tour de Francia. Desde que era niño se desarrolló en mí un fervor religioso hacia el ciclismo que ha desembocado en una obsesión que se extiende también a las clásicas y las vueltas menores. Algo de eso deben notar mis amistades italianas, pues el año pasado me regalaron El Giro de Italia de Dino Buzzati —una recopilación de artículos del escritor y periodista sobre la edición de 1949—. Este año, dos amigos de Calabria me sorprendieron con La pasión de Fausto Coppi, escrito por William Fotheringham y editado por Cultura Ciclista. Una biografía sobre uno de los mayores fenómenos de la historia del ciclismo, plagada de ambición y misticismo. Un personaje que representa una época de grandes cambios más allá del pedal.

He de admitir que la biografía no se encuentra entre los géneros de mis lecturas habituales. En el caso que nos concierne, Fotheringham se decanta por el rigor y la sobriedad del tono periodístico para cimentar una historia con reminiscencias de novela. No en vano, el autor británico es una firma habitual de The Guardian y ha escrito una decena de libros especializados en ciclismo y rugby. Su pluma ha relatado pasajes de grandes campeones como Eddy Merckx, Bernard Hinault, Beryl Burton, Tom Simpson o Bradley Wiggins. No es la primera vez que las obras y milagros de Fausto Coppi protagonizan un libro. De hecho, el interés del ciclista piamontés ha crecido ostensiblemente en las últimas décadas y este se ha ramificado por la televisión, el cine y la prensa. Además de su carrera deportiva, los asuntos extradeportivos suscitan morbo y epopeyas variopintas.

La pasión de Fausto Coppi rememora en capítulos perfectamente diferenciados la fascinación y controversia que generó el personaje. La humildad de los orígenes de Coppi le sirvió para que Biagio Cavanna apostara por él. El masajista ciego tenía la teoría de que un pobre se exprimiría mucho más que una persona de procedencia acomodada. Y no le falta razón. Poco después de conquistar su primer Giro de Italia en 1939, la prominente carrera de Coppi se vería truncada por el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Aunque pudo refugiarse en el ciclismo en pista y batir el récord de la hora, finalmente Coppi debería enrolarse en el ejército fascista para luchar en el frente norteafricano, convirtiéndose en rehén de los británicos. Como en toda biografía de una leyenda se necesita algún tipo de milagro. En el caso de Fausto Coppi se cree que su condición de exitoso ciclista evitó que recayera sobre él la sed de venganza de los vencedores.

Concluida la contienda e Italia tratando de espolsarse las cenizas del odio, Coppi retomaría su carrera y emergería la famosa rivalidad con Gino Bartali. Bartali había sido previamente su compañero de equipo y lo seguiría siendo en el Tour de Francia, el cual se disputaba entonces por escuadras nacionales. Bartali representaba el viejo mundo, el ciclismo clásico y el pensamiento de corte tradicional; mientras que Coppi refundó el concepto de deportista, refinó las pautas de entrenamiento, la dieta y el peso de la estrategia. En esa tesitura, Coppi era profundamente meticuloso con su estilo de vida y no tuvo escrúpulos en recurrir a métodos cuanto menos discutibles como una suerte de dopaje primigenio a base de distintos tipos de anfetaminas. De esta forma, Coppi no sólo fue un gran vueltómano —cosechando cinco Giros y dos Tours—, sino que también se convirtió en un depredador de clásicas. Probablemente, Coppi sería el mejor ciclista de la historia hasta la irrupción del caníbal Merckx.

Más allá de su carrera, la obra de Fotheringham se adentra en la vida íntima de Coppi. Su matrimonio con Bruna Ciampolini y su huida con Giulia Occhini puso patas arriba los convencionalismos morales de la Italia de posguerra. De hecho, el adulterio de la pareja se saldó con sendas penas de cárcel y un lamentable espectáculo que todavía alimenta la caspa televisiva. Aquel martirio encerró más aún a un Coppi en declive a lomos de una bicicleta. No es de extrañar que fuera el único lugar donde se sintiera humano, que se convirtiera en un refugio de un mundo que lo endiosaba y satanizaba a partes iguales. Su muerte, debido a un contagio de malaria no diagnosticado, acabaría por suscitar una infinidad de teorías y leyendas infundadas sobre su persona.

Hay algo mágico en esa actividad de pedalear en los días de verano. Quizá sea un mecanismo que proyecte las esperanzas y las pasiones depositadas en una nueva carrera, en una resplandeciente oportunidad. Quizá la bicicleta trace la ilusión de que todos los caminos tienen algún final. Supongo que el pedaleo no es más que una metáfora de la vida y que todos algún día seremos descolgados del pelotón para tener que echar pie a tierra en una oscura y silenciosa cuneta. Quizá el ciclismo sea una de las formas más puras de entender nuestra existencia y, entre ellas, la de Fausto Coppi sea una de las que mayor pasión trasmita.

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4 respuestas a “La pasión de Fausto Coppi — William Fotheringham

  1. Excelente resumen de una pasión y de una figura de leyenda. Ciertamente en estos lares de las reseñas literarias te mueves con la misma brillantes que en tus otros estilos, aunque eso sí, se percibe una mayor seriedad. A pesar de la camisa.

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    1. Es cierto que me pongo mi tono se pone un poco más formal cuando hablo de los demás. Por nada del mundo, me gustaría que los allegados de algún escritor me rebanaran el cuello. Un placer compartir la pasión, compañero. Te mando un fuerte abrazo. Adelante!

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