Autobombo · Microrrelatos · Vida Moderna

El cazador cazado

Hace unos días paseaba con mi amada Costillita, una cerda que adopté tras escaparse esta de un matadero vecino en heroicas circunstancias. Mientras la gorrina buscaba barro donde revolcarse, recibí un correo con el fallo de cierto certamen literario de un pueblo de nombre impronunciable. Como es habitual, no encontré mi trabajo entre los premiados. Tampoco me sonaban los nombres de los autores seleccionados. Habitualmente, trato de evitar la tentación. Sin embargo, Costillita estaba tan inmersa en disfrutar de su exofilación urbana, que decidí investigar sobre los premiados. Al parecer el primer premio ya se había alzado con otro galardón un lustro atrás. Ni el nombre del relato había cambiado el muy villano.

Debe ser que la indiferencia me ha corroído, pero ya ni me molesto en denunciar estas tropelías. Sin embargo, a Costillita, un ser pleno de pureza y justicia, le pareció menester interponer una reclamación. Así lo hice con un correo de escritura gentil que encabezaba un «Cerdos patanes del jurado…» El caso es que, durante un sucesivo paseo junto a mi amada Costillita recibí un nuevo correo en el que se informaba que, tras llevar a cabo una serie de endiabladas pesquisas, el jurado había optado por excluir al primer ganador y ponerme a mí en su lugar. Seguramente no se tratara de calidad literaria, sino más bien de eficiencia organizativa. Qué emoción sentí al constatar que el premio incluía una estancia en una finca rodeada de encinas donde Costillita podría atiborrarse de bellotas. No obstante, la euforia pasó en pocos momentos a tremenda decepción: mi relato ya había sido premiado en otro concurso organizado por otra localidad de nombre impronunciable, en cuya gala Costillita y yo habíamos disfrutado de langostas y pestiños sin mesura.

Escribí a los organizadores disculpándome por haberme saltado las bases a sabiendas y clamando piedad para este autor cazado. Costillita está profundamente decepcionada y sólo puedo prometerle que no volveré a interrumpir nuestros románticos paseos para indagar sobre fallos.

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7 respuestas a “El cazador cazado

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