Reseñas

Juegos de la edad tardía – Luis Landero

Hace un tiempo tuve la ocasión de coincidir con un afamado escritor en la presentación de un autor emergente. El escritor en cuestión se hacía llamar Luis Landero y se comentaba que era una de las principales referencias de la literatura patria. Su aspecto era desaliñado, sus intervenciones titubeantes y sus chascarrillos tal vez pasados de cocción. Quizá se exageraba, prejuzgué. Al poco tiempo escuché una entrevista en ocasión de la consecución Premio Nacional de las Letras Españolas. Hablaba con un sosiego y familiaridad que distaba de sobremanera de la distinción que había recibido. Incluso se jactaba de sus raíces sorprendiendo al entrevistador con un desayuno con migas extremeñas. Qué mínimo que darle el beneficio de la duda y acercarse a su obra con la lectura de Juegos de la edad tardía.

La novela, publicada hace algo más de tres décadas, cuenta la historia de Gregorio Olías, un administrativo de una empresa de vinos y aceitunas. Con las expectativas vitales marchitadas por la monotonía y el tedio, Gregorio conoce a Gil, comerciante de la misma empresa, quien le devuelve las ínfulas de ser alguien grande. Mediante las extensas conversaciones entre ambos Gregorio esculpe el mito de Faroni, un poeta ficticio. A partir de ese momento Juegos de la edad tardía traza un relato que, de la mano de la imaginación y el talento para la mentira de Gregorio, prueba a transformar la realidad en ficción y viceversa.

Además de la originalidad del planteamiento y los sucesivos requiebros narrativos, me ha cautivado especialmente el abanico de temáticas que son parcialmente abordadas. Por ejemplo, el doble filo que atesora cualquier expectativa, capaz de espolear, ilusionar y ambicionar para avanzar, pero también, como en el caso de Gregorio, ser la soga que cuelgue de la horca. Aunque la primera de las tres partes sea la más desligada de la trama inicial, centrada en la infancia y juventud del protagonista, resulta crucial el papel de dicho periodo y de las figuras familiares en la construcción del concepto de existencia y, por tanto, de tales ilusiones. Otro elemento relevante es el tiempo y cómo su implacable paso y su deficitaria interiorización son detonantes del caos mental y existencial de Gil y Gregorio. Por último, meditaba en lo fatigosa que es la mentira y la esclavitud que supone para sus discípulos. En la mayoría de casos la honestidad no viene aparejada de brillos y reconocimiento, pero sí ofrece una tranquilidad impagable.

La edición que cayó en mis manos de Juegos de la edad tardía contenía un prólogo firmado por el propio Luis Landero. En un generoso ejercicio de profesor que aún no se ha dejado vencer por el hastío, el autor extremeño despedaza su propia obra en forma de análisis y lo relaciona con su propia biografía. Pocos prólogos me han entusiasmado y éste tampoco ha sido el caso, máxime cuando directa o indirectamente se ofrece una interpretación de la obra que es imposible que a un torpe lector como yo no le influencie.

En un mundo plagado de tantos estímulos y el déficit de atención anidando en nuestra mente, es posible que, pasado el ecuador, el relato se acabe haciendo largo y las rocambolescas situaciones un tanto repetitivas. Aun así, sería de necios no asumir que Juegos de la edad tardía es un trabajo brillante y que no hay prejuicios para un tipo que escribe a la altura desde donde lo ha hecho Landero.

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9 respuestas a “Juegos de la edad tardía – Luis Landero

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