Reseñas

Sostiene Pereira — Antonio Tabucchi

Hace algunos años asistí a un maratón de escritura en Granada. Estaba convocado por el taller Escríbeme Mucho, encabezado por las escritoras Ana Aguilera y Cristina Gálvez. El lugar de celebración fue la librería Sostiene Pereira, localizada en una calle escondida tras el Arco de Elvira. Ese día, haciendo gala de una imprudente ignorancia, pregunté a qué se debía el nombre del lugar. “¿Que no sabes qué es Sostiene Pereira?”, comentaban escandalizados los asistentes. Recientemente, en otro taller, la escritora África Hurtado me recomendaba la novela de Antonio Tabucchi. Sin esperar más señales, he forjado una estrecha relación con Sostiene Pereira durante los últimos días.

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Relatos

Niño con pueblo (#Elveranodemivida)

Fui un niño con pueblo. Además de tener suministro ilimitado de chorizo y morcilla casera todo el año, mi condición exigía abandonar la ciudad y pasar los veranos en el pueblo junto a mis abuelos, tíos y primos, rodeado de olivos, almendros, ovejas, marranos, gallinas y conejos.

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Vida Moderna

La invasión de los domingueros

Se me ocurren pocas actividades tan degradantes para el ser humano como la de ir de picnic un domingo de verano. Quizá tatuarse el nombre de la tía abuela Hortensia en élfico sobre la nalga derecha o camperizar un cascajo motorizado rivalicen con dicha práctica. El caso es que este fin de semana organicé un picnic del cual todavía estoy tratando de recuperarme.

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Microrrelatos

De pajas y vigas

Juanma Montes es un hombre que se desvive por los demás. Como cada mañana, se asoma a la ventana y observa los movimientos del vecino de enfrente mientras refunfuña. “¡Habrase visto semejante descaro! A éste lo que le pasa es que está embrutecido. Con el dinero que gana y tiene la casa que parece una leonera”. Una sucesión de taconeos sobre su cabeza capta súbitamente su atención. “Ya está, la que faltaba para el duro”, se dice Juanma Montes con tono derrotado. “Ésta seguro que viene de hacer la noche. Desde aquí huele a rímel y cipote. ¡Córtate un poco, carayegua!”, grita con el cuello retorcido hacia arriba. A continuación, ve pasar en la calle a un grupo de chicos subsaharianos que van hacia la escuela. “Qué asco de gentuza. Entre estos, los chinos, los panchitos y los moros se están cargando el barrio. Y además a éstos les mantenemos nosotros con nuestro dinero. ¡Putos traidores que tenemos en el gobierno!”

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Relatos·Vida Moderna

Talleres de escritura

Durante esta última semana he asistido a un taller de escritura creativa. Todo comenzó al abrir por error uno de los correos de la lista cultural de la empresa, ignorados sistemáticamente por la plantilla si no en el asunto no se incluye la palabra “alcohol” o “gratis”. En él se anunciaba que la profesora del taller sería la distinguida escritora Caballa Gómez, de la cual no había oído hablar nunca. Tras buscar su nombre en Wikipedia, descubrí que se trataba de una autora reconocida con distintos premios de narrativa, publicaciones en editoriales de la talla de Crucigrama o Deltaguara que habían sido traducidas al suajili y a un par de lenguas esquimales, articulista en periódicos de tirada nacional, presentadora de un podcast sobre mitología egipcia y madre de cinco hijos en sus ratos libres.

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Microrrelatos

Cervezas belgas

Antes de que caiga el atardecer es tradición en Gante regar el gaznate con zumo espumoso. Grupos de ancianos, jóvenes y parejas se reúnen en terrazas, plazas y los márgenes del río a brindar por la existencia y olvidar penas. Algunos beben del envase de vidrio, otros de vasos que describen las formas más inverosímiles para realzar el amargor, el aroma a cebada o el dulzor del tostado, según la cerveza.

Después de una ingesta generosa de rubias, negras y morenas, entro al aseo a aliviar la vejiga. Me topo con el espejo y encuentro a una suerte de asno, con mirada perdida, dos orejas colgantes y unas palas que quieren salirse de la boca. Vuelvo a la planta principal, en la mesa de al lado hay dos perros que miran sus cervezas de reojo y bajo mi mesa hay un cochino que se revuelca en la cerveza que ha caído de las jarras. Un cocodrilo llena cervezas sin parar ajustando la proporción de espuma. Me debato entre volver a mi pensión o seguir la juerga con el riesgo de acabar nadando desnudo en el canal. Decidido, rebuzno hacia el cocodrilo. “Camarero, póngame una alpaca de paja para acompañar”.

Microrrelatos

La paz de las uñas

Mis manos acarician el metal envuelto de una frialdad reminiscente. La hoja superior del objeto describe circunferencias concéntricas empujado por la acción de mis dedos, mientras que la inferior se decanta por una pasividad desafiante. El punto de unión es una afilado saliente que dibuja una sonrisa maliciosa. Al voltear la parte superior y apretarla, los labios se cierran con un mordisco que amenaza la integridad de mi piel. Los dientes del objeto mantienen una perenne voracidad.

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Reseñas

Pájaros en un cielo de estaño — Antonio Tocornal

Soy persona de contadas tradiciones. No voy a misa los domingos, detesto frecuentar los mismos bares y me gusta cambiar de ciudad y trabajo cada dos años. No obstante, la única excepción que he admitido es en forma de novela escrita por Antonio Tocornal. Debido a la fecundidad del autor gaditano, se ha convertido en un ritual recibir sus buenas nuevas y reencontrarnos cada año en torno a su reconocible combinación de prosa delicada y realismo mágico tamizado por el humor. Su flamante Pájaros en un cielo de estaño, Premio València de narrativa en castellano 2020, me ha hecho gozar los últimos días con una sonrisa constante y una admiración sincera.

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Reseñas

Tiempo de silencio — Luis Martín-Santos

Últimamente se ha instalado en mi oído un ruido silencioso. Se trata de una sucesión de ideas difusas e inconexas que chocan en mi cerebro sin lograr captarlas por completo. Al mismo tiempo, recorren mi mente el último escándalo político que obliga a todo bicho viviente a posicionarse, el informe que debí concluir hace un mes, la necesidad de visionar la serie sobre un juez fracasado que ha emprendido con éxito en el campo del narcotráfico o decidir si comprar huevos de gallinas camperas o de suelo. Sumido en esa niebla de destrucción, he leído Tiempo de silencio, escrito por Luis Martín-Santos, una de las obras más complejas que he tenido entre las manos.

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Madrid·Vida Moderna

¿Vejez o madurez?

En algunas ocasiones me pregunto si ya soy una persona madura. Otras veces me cuestiono por qué un kilo de kiwis cuesta más que un paquete de papel higiénico, cómo hacen las anchoas para anidar en los olivos y convertirse en aceitunas rellenas o si el suavizante de verdad suaviza la colada. Me hago preguntas a las que sólo el bochorno sabe contestar.

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Microrrelatos·Vida Moderna

El mundo real

Juanín Solente viaja en cueros en el metro. Ningún pasajero advierte su desnudez, pegados éstos a las pantallas de sus teléfonos móviles. Juanín Solente medita cuál será su próximo reto, el que evidencie que a nadie le importa el mundo real. Desangrarse en una plaza concurrida bajo la atenta indiferencia parece buena idea.

Vida Moderna

Algoritmos de ascensor

Hace poco soñé que me quedaba encerrado en un ascensor junto a un desconocido. El hecho resultó especialmente desconcertante por dos motivos: no suelo tomar ascensores por prejuicios morales y la gente evita coincidir conmigo a solas. Mi relación con los montacargas se debió torcer durante mi infancia, precisamente cuando recurrentemente soñaba que montaba en un ascensor que no paraba de bajar. A mitad de noche me despertaba sin saber si continuaba en mi cama o si estaba en una planta subterránea a centenares de metros de profundidad.

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Bocachancladas·Madrid

Opina que algo queda

Estaba escribiendo un análisis sesudo sobre las elecciones en Madrid. En él revelaba cuál era la fórmula del éxito de Díaz Ayuso y pormenorizaba las razones que habían dado al traste con las aspiraciones de la izquierda. Cuando estaba a punto de concluir, me di cuenta que llegaba varios días tarde y que era bastante posible que a nadie le importase lo que piense. Así que, he optado por no poner más leña en el fuego y lo he borrado.

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