Reseñas

Bajamares – Antonio Tocornal

Resulta desconcertante concluir las novelas que atrapan. Por un lado, siento una mezcla de agradecimiento y admiración hacia el autor y el hermoso acto de altruismo que conlleva desnudarse escribiendo. Por el otro, al constatar la finitud de la inspiración y la incertidumbre que siembran las historias genuinas, me invade una decepción causada al negarme a aceptar la humanidad de las palabras. Sentimientos que ha evocado la lectura de Bajamares, la última novela de Antonio Tocornal, un relato preciosista sobre la soledad y el paso del tiempo, temas que también ha despertado de forma caprichosa el confinamiento. De hecho, la pandemia y la publicación del libro coincidieron de tal forma que Bajamares llegará a las librerías del país en septiembre, una vez las aguas del virus se han calmado.

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Microrrelatos

Veranos andaluces

Los veranos andaluces son como una noria que nunca deja de girar. Desde la salida del sol hasta la puesta, busco refugio en el sofá. El abrazo de calor produce una somnolencia que empapa cualquier actividad. Intento leer el ‘Romancero gitano’ y en medio párrafo sueño que García Lorca y yo estamos brindando con rebujito sobre la barra de cualquier tugurio.

Me despierto e intento cocinar salmorejo mientras me refresco con un trago de Palo Cortado y suena ‘La leyenda del tiempo’ de Camarón. Dejo el salmorejo reposar y cuando me dispongo a engullirlo compruebo que se ha evaporado. Aun hambriento, me dejo arrastrar por la sagrada hora de la segunda siesta. Me quedo incrustado entre los cojines del diván y he de pedir un rescate a los bomberos como si fuera una ballena que ha varado en la costa.

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cuarentena

Democracia al gusto (Cuarentena XXVIII)

El Viejo Mundo se regía según las normas de un sistema llamado democracia. A grandes rasgos, ésta consistía en tomar una decisión según el criterio mayoritario por medio de una votación en cierta igualdad. Como consecuencia de revoluciones, guerras e invasiones, multitud de países habían adoptado la democracia como forma de elegir a sus gobiernos y representantes, convirtiéndolo en una creencia casi divina. No sólo la política empleaba dicha herramienta, sino que la adicción al consenso había proliferado entre los ciudadanos. El cabeza de familia ya no decidía por sí solo si la familia iría a pasear o al cine el sábado por la tarde, sino que había que respetar la voluntad de los hijos por quedarse en casa a ver Frozen por decimoquinta vez seguida; el profesor ya no impartiría las enseñanzas de Kant porque el grupo de Whatsapp de padres había acordado que sería mejor estudiar a Rafael Santandreu, adalid de la autoayuda y la psicología de los maravedíes; y el párroco dejaría de leer la Primera carta a los corintios puesto que los feligreses habían decidido sustituirlo por la lectura de Cincuenta sombras de Grey. Fiel a su cita, la estupidez había hecho su pequeña pero notoria contribución.

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Reseñas

Viaje al corazón de Cuba y La red Avispa

Una de mis aficiones es confrontar mis creencias hasta el extremo. Si la ciencia exacta ofrece verdades precisas, las cuales pueden ser complementadas o profundizadas, la historia se presenta como un animal salvaje al que pocos pueden domeñar. En caso de temáticas contemporáneas enredadas con menesteres políticos, sociales o económicos, la bestia permanecerá indómita para siempre. Una de esas historias que no conoce jaulas es la de Cuba, lugar que tuve la oportunidad de visitar hace un par de años y sobre la que he escrito en alguna ocasión, cuyos entresijos fascinan y, aun imposible entender en su conjunto, me acerco a ella como un intrépido explorador. La existencia de dos relatos enfrentados y polarizados exige una reposada confrontación y sugiere que la perspectiva más cercana a la realidad se debe encontrar en algún remoto punto aún por descubrir.

Conocido grosso modo el sentir de los medios y autores provenientes de la isla bella, me decanté en esta ocasión por acercarme a la versión externa. Con este propósito y con una dosis de casualidad me embarqué en la lectura de Viaje al corazón de Cuba, del cubano Carlos Alberto Montaner, y en el visionado de La Red Avispa, dirigido por el francés Olivier Assayas y flamantemente estrenada por Netflix.

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Microrrelatos·Vida Moderna

Vacaciones para el ego

Tengo como norma de vida no participar en juegos de azar. Sin embargo, durante el desconfinamiento hice una excepción y compré el boleto de una rifa benéfica. El objetivo era recaudar fondos para egos abandonados durante la pandemia. A los pocos días descubrí que había resultado ganador del premio: un fin de semana en un hotel de cinco estrellas en primera línea de playa con todos los gastos pagados, para mí y para mi ego.

El complejo estaba localizado en una pedanía inaccesible, cuya parada de transporte público más cercana se situaba a 15 km. Después de andar tres horas a pleno sol y disfrutar de los bocinazos de veraneantes sedientos de arena y mojitos, llegamos a destino. En la recepción no tenían constancia del premio y amablemente me invitaron a pagar o a marcharme. Sin embargo, no perdí la calma y repetí ciento treinta y siete veces “Soy el ganador de la rifa de la asociación de egos abandonados”. Finalmente, el servicio dio su brazo a torcer y me concedió el acceso a una de las habitaciones más exclusivas. Aunque hacía las veces de cuarto de mantenimiento, estaba repleta de productos de limpieza, destornilladores y alicates y el calor era asfixiante, en un lateral había un póster con las idílicas vistas a la playa en los años cincuenta.

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cuarentena

Vida low cost (Cuarentena XXVII)

Uno de los milagros que obró el Viejo Mundo fue el de los panes y los peces. Mediante un sueldo mísero podías alimentarte, vivir entre cuatro paredes carcomidas, socializar en tugurios con glamour y bañarte en jofainas de gintonic, vestir a la penúltima, comprar un utilitario de 100.000 km, hacerte selfies en el sudeste asiático, esperar a que el cartero te abasteciera con el último artefacto tecnológico, estar suscrito a quince plataformas de streaming y donar lo restante a una organización benéfica que acogiera corocoros abandonados en Surinam. El milagro era de tal magnitud que ningún científico había conseguido explicarlo sin recurrir a la brujería o al misticismo. Algunos teólogos lo achacaban a la llegada de un nuevo profeta que todavía no había sido identificado. Nadie quería renunciar a tenerlo todo, pero la pandemia se empeñó en demostrar que menos puede ser suficiente.

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cuarentena

Carrera hacia ningún lugar (Cuarentena XXVI)

Nacíamos, corríamos y moríamos. No importaba el destino ni el camino, lo importante era no detenerse. Multitud de corredores abarrotaban las calles, chocaban entre sí, avanzaban a ritmos dispares o adelantaban por márgenes y vericuetos. Algunos se convencían de que habían nacido para alcanzar el infinito, fingían cara de concentración y actuaban como si el cuerpo fuera a aguantarles por siempre. Otros nos limitábamos a correr tras una liebre y, una vez superada, buscábamos una nueva. Las trampas del camino obligaban a escoger entre retirarse a tiempo o morir por agotamiento. Aunque hubo quien se resistió, la pandemia obligó a suspender la carrera hacia ningún lugar. Entre los gritos de horror e histeria, el virus imploraba que todo parase.

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Autobombo

De cerdos y matanzas

En mis textos aparece recurrentemente la figura del cerdo. Como en ‘Rebelión el la granja’, a nivel literario es más frecuente su uso peyorativo, y que el oso, el perro, el burro o el gato tengan mejor prensa. Del marrano admiro su capacidad de adaptación, su humildad casi poética, su austeridad interiorizada y que de él se pueda extraer todo, forjando un carácter tan noble que resulta revolucionario. Intuyo que esta fascinación nace de mis raíces, de los ejemplares que criaban mis abuelos, las matanzas que hacía mi familia en un acto casi religioso y los embutidos que con gusto zampábamos durante el resto del año.

Ayer en el pueblo, comiendo choto -un animal de una generosidad comparable- musitaba la idea de filmar un documental sobre el cerdo y las matanzas. Mi familia me recordó un pequeño reportaje sobre la matanza en mi pueblo del año 96 en Canal Sur. Para mi sorpresa, entre los curiosos, encontré al niño que admira a los marranos y aquí escribe.

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Carrusel deportivo (Cuarentena XXV)

En el Viejo Mundo existía una tradición profundamente arraigada: vivir en el carrusel deportivo. El deporte, que tenía sus orígenes en el ejercicio físico, la competición respetuosa y un estilo de vida saludable, se había convertido en un espectáculo que encarnaba los valores contrarios. Aunque se presentaba en varias disciplinas, la casualidad intencionada había escogido al fútbol como único representante. El espectador podía pasarse todo la semana viendo partidos sin despegarse del sillón. En las tertulias nocturnas grupos de doctos debatían sobre el tamaño del periné del delantero centro del Atlético Antoniano o polemizaban por los motivos que habían llevado al colegiado Méndez Menéndez a comprar criadillas de jabalí en la carnicería de su barrio antes de arbitrar el clásico.

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Reseñas

La energía nuclear salvará el mundo — Alfredo García

A pesar de mi formación y sustento, no acostumbro a incluir textos de divulgación científica entre mis lecturas. A raíz de la tenaz cruzada por la energía nuclear de Alfredo García, más conocido como Operador Nuclear, me decidí a conocer su primera obra en papel. Resulta redundante reconocer mi propia ignorancia en la materia, especialmente en el campo de la física y las fuentes de energía, con creencias frágiles que los años han desmontado sin excesivo esmero. Así pues, La energía nuclear salvará el mundo trata de explicar la necesidad de la energía nuclear para combatir el calentamiento global y derribar los mitos instaurados sobre su impacto medioambiental y peligrosidad.

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El virus de la ignorancia (Cuarentena XXIV)

El tiempo pasaba tan rápido y la sucesión de acontecimientos era tan frenética que corríamos el riesgo de olvidar cómo era el Viejo Mundo. Dicen que las sociedades que ignoran sus errores, están condenadas a repetirlos. Enmascarados con denominaciones modernas y camuflados bajo líderes de atractiva presencia, las enfermedades del odio, la discriminación y la avaricia estaban desatadas. Como el asesinato, la esclavitud o la guerra eran prácticas controvertidas, éstas se habían adaptado a la modernidad y las herramientas usadas por el sistema era tan refinadas que éste nos pedía permiso para poder ejecutar su estratagema. Multitud de valientes aplacaban las injusticias de forma separada, cuando el enemigo era sólo uno y el combate exigía unión. Como la pandemia, su invisibilidad y la levedad de sus síntomas lo convertían en un virus letal.

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Los milagros no existen (Cuarentena XXIII)

Todo tiene una explicación. Desde el origen del universo hasta el asesinato de John F. Kennedy, pasando por el innecesario afán de agotar el petróleo o extinguir salvajemente a todas las especies animales. Dependiendo de las circunstancias que la envuelven, la verdad puede ser revelada, manipulada a traición o aún desconocida. En el último caso, el ser humano da cuenta de su propia torpeza y se enfrenta a una implacable disyuntiva: reconocerla o inventar una falacia. Asumir la ignorancia debería ser un comportamiento tan natural como respirar o beber agua cuando no hay vino. La imaginación es una herramienta tan potente que, en ausencia de la verdad, es capaz de obrar milagros. Si un monje de la Edad Media pudiera encender una bombilla, pensaría que se trata de la luz del Creador. Hoy, algunos atrevidos observan el cielo y sostienen que somos víctimas del engaño, ya que para ellos la Tierra tiene forma de pizza cuatro quesos. Más allá de la ficción, los milagros no existen. Lo que existe es la ignorancia.

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Cenizas de la humanidad (Cuarentena XXI)

Recién aterrizado en el Viejo Mundo, pude recordar cada uno de sus valores. Sus creencias estaban tan arraigadas que habían convertido a nuestros amigos y vecinos en fervientes devotos, como si fueran bravos templarios participando en una cruzada. A falta de escudo o espada, luchaban empuñando el egoísmo y la ignorancia, ajusticiando al enemigo cuando se presentara la más mínima ocasión. Como en toda guerra, la lucha era de forma despiadada y las primeras víctimas resultaban ser las más débiles. A diferencia de otras contiendas, no había un adversario al que batir. Todos nos enfrentábamos contra todos. Todavía hoy me pregunto quién movía los hilos de un ejército tan disciplinado y obediente. Quizá no haya respuesta.

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Microrrelatos

Sonrisas inalterables

Hoy he hecho una entrevista para el trabajo de mis sueños: payaso de circo ambulante. Pasé a la fase final entre multitud de grandes candidatos, algunos formados en las mejores escuelas de bufones y otros de nobles familias circenses. Aunque me temblaban las manos, mi actuación ha salido mejor que en los ensayos. He comenzado con el truco de la flor que lanza agua,. Después, he montado en monociclo haciendo malabares con caniches y finalmente he contado unos chistes sobre temas banales de humor blanco, como los disturbios raciales.

El director del circo reía y aplaudía ensimismado cada una de mis tropelías. Cuando creía que me iba a ofrecer el puesto, me ha preguntado: ¿muchacho cómo mejorarías el circo? Tras diez minutos de propuestas, el hombre ha cambiado radicalmente de semblante. Al final ha escogido al primo del contorsionista. No creo que sea tan divertido como yo, pero tiene una clara ventaja: es mudo.