Bocachancladas·Vida Moderna

Hacer lo justo

No soy de esas personas que se acuerdan de citas célebres o recomendaciones vitales. Generalmente, prefiero inventármelas y sembrar la duda de si son verídicas o simplemente aguardo mi turno para ingresar en un manicomio barato. No obstante, últimamente me viene a la cabeza algún recuerdo enterrado en varias capas de polvo.

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La visibilización mutua

Es 11 de marzo, tres días después del 8M. Las fachadas de los edificios públicos amanecieron con pancartas en apoyo a la lucha por la igualdad, los balcones adornados con globos morados y en las calles asomaba cartelería reivindicativa. Los programas de televisión y radio dedicaron horas a ensalzar el papel de la mujer y señalar las desigualdades sociales producidas por el sexo. A falta de manifestaciones multitudinarias, espontáneas concentraciones se sucedieron, mientras los lazos violetas poblaban los puestos del mercado, indumentarias y mascarillas. Se organizaron charlas, homenajes y mesas redondas cediendo el protagonismo a las mujeres.

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Bocachancladas·cuarentena·Navidad

Responsables en Navidad

Llevo semanas trazando una estratagema para Navidad. Respetando las medidas sanitarias, mi idea era pasar las fechas señaladas con mis padres, hacer la protocolaria visita a la familia política y reunirme con viejos amigos para ponernos al día sobre antiguos trapicheos y futuras escaramuzas. Algunos de ellos no sé si siguen vivos o murieron durante este trágico año, pero el espíritu navideño también es interesarse por quien realmente no te importa.

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Adictos a la inmediatez

En ocasiones me divierto repasando obra y milagros de personajes decadentes. Supongo que es una forma de decirme “en comparación con ese cadáver andante, no estoy tan mal”. No existen paliativos para calificar esta práctica: es patética. Una diana recurrente son mis antiguos compañeros de colegio. Espío sus perfiles en redes sociales y encuentro consuelo en las barrigas que cuelgan de sus antiguos cuerpos atléticos, selfies portando a sus churumbeles en cementerios de neumáticos ardiendo o que el gamberro que machacaba al profesor de literatura se haya convertido en poeta de bragueta. Probablemente, ellos hagan algo parecido conmigo. La hipocresía es una sustancia que conviene compartirla en lugar de acapararla.

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Desorientados

No conozco mejor forma de combatir el aburrimiento que perderse. Comencé a practicar esta actividad cuando dejé el nido y emprendí un periplo incierto de cambiar de ciudad cada dos o tres años. Algunas tardes, tras calentar la silla o el sofá según convenía mi horario laboral, echaba a andar sin rumbo, tomaba autobuses y trenes al azar buscando un punto en el que jamás hubiera estado antes. Solía aparecer en suburbios perfectos para ser raptado a placer, poblaciones fantasma y parajes donde los infieles empañaban los cristales del coche. Mi diversión consistía en regresar a casa tratando de adivinar cuál sería el camino más eficiente.

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Basura y bocachanclas

Una de mis actividades favoritas es bocachanclear. No dejo pasar reuniones con amigos y abordo a desconocidos por la calle para conversar sobre cuestiones de las que no tengo la más mínima noción. La curvatura de la superficie de Venus, el creciente fanatismo de los gatos callejeros por las religiones politeístas o la influencia de la figura de Kant en el mundo del trap figuran en mi lista de cruzadas dialécticas. Barras de tugurios, celebraciones familiares y entierros suelen ser los lugares más propicios en el desempeño de esta noble afición. Tras los desencuentros, enfados y melopeas subyacentes, los participantes se retiran, mientras que los argumentos, delirios y descalificativos empleados desaparecen por el sumidero sin posibilidad de que vuelvan a reflotar.

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Capacidad de adaptación y animales de costumbres

Dicen que el ser humano ha dilapidado su capacidad de adaptación, que se ha vuelto un animal de costumbres. Es posible que así sea, pues somos demasiados como para preguntar a todo el mundo y extraer alguna certeza sobre esta apasionante cuestión o la idoneidad de practicar la masturbación con velas aromáticas.

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Tendencias de la incertidumbre

La incertidumbre no ofrece certezas, pero marca tendencia hacia ellas. Esta mañana, me he acercado al banco a solicitar la devolución de un depósito. Hacía años que no pisaba una sucursal, tantos como los que resuelvo mis desaguisados económicos pulsando un botón o pasando una tarjeta. Al llegar a la oficina de la esquina, he descubierto un cartel que advertía que la oficina estaba cerrada y la recomendación de acudir a otra situada a unos diez minutos, de la cual desconocía su existencia.

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Miedo a lo desconocido

La valentía nunca ha formado parte de mi escasa lista de virtudes. Desde que tengo uso de razón, temo por igual al silencio y al ruido, por eso siempre tengo encendida la radio como si fuera un murmullo. Cuando me topo con animales y personas desconocidas en la calle, procuro cambiarme rápidamente de acera, lo que convierte a mis paseos en figuras que desafían los axiomas de las geometrías conocidas. Me alimento tan sólo de insípida molla de pan y agua, pues me aterran los sabores picantes, amargos, ácidos, salados y, especialmente, los dulces. Podría decirse que lo conocido es el único refugio donde me siento seguro, aunque rara vez se manifiesta voluntad por extenderlo. Sin entrar en precisiones médicas, cabría diagnosticar un severo cuadro de fobia a lo desconocido.

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Juan Carlos y el cóndor real

Me proponía escribir un artículo genuino sobre la huida del Rey Juan Carlos. Además de una rigurosa documentación y un fino enjuiciamiento metafórico, ofrecía alguna anécdota secreta, como la vez en que me lo encontré en una discoteca al amanecer y el monarca, todavía en el cargo, me pidió que fuéramos juntos a un after frecuentados por bohemios, inadaptados y doncellas de moral relajada. Sin embargo, he entrado en Internet y he sido arrollado por un tsunami de comentarios, columnas de opinión y editoriales en medios y redes sociales. Quizá tengamos más alma de opinólogos que de lectores.

Por eso, he optado por escribir sobre la migración del cóndor real hacia el Caribe. ¿Sabíais que al encontrar un animal muerto, desplaza a los otros buitres que se congregan alrededor de la carroña debido a su gran tamaño y su pico fuerte? El único animal que lo puede desplazar es el cóndor andino.

El Rey Juan… Perdón, el majestuoso cóndor real.
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Nuevos creyentes

En el transcurso del Viejo Mundo, las calles deberían estar repletas de pasos, saetas y capirotes en estos días. Aunque la realidad les haya invitado a tomar un descanso, observo como personas de mi entorno se agarran a la fe. Entre ellos permanecen los devotos de siempre, a los cuales respeto por su ejemplo de constancia y determinación. Sin embargo, algunos que hasta hace poco se jactaban de no saber rezar, también empiezan a abrazar la divinidad.

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¿Solidaridad o caridad?

En estos días observo que la palabra solidaridad es más utilizada que de costumbre. A mitad de mi cuarentena leí noticias de algunos saqueos fruto de la desesperación o iniciativas populares para proteger a colectivos desfavorecidos. Participé en alguna campaña, tratando de cubrir de ayuda a todas las personas que pudiera. Me preguntaba si aquello era un acto de solidaridad o caridad. Todavía no tengo una respuesta clara.

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