Madrid·Vida Moderna

Odio las puertas cerradas

No soy de esas personas a las que les avergüence odiar o pida perdón por hacerlo. Me cuesta amar a las personas que tiran comida a la basura; no trago a los que se mueven con automóviles potentes para presumir de una supuesta superioridad; tampoco me despiertan simpatía los caseros que exprimen a sus inquilinos y ofrecen el mobiliario que heredaron de sus difuntas abuelas; y me produce asco el que ejerce su autoridad para reprimir sin justificación a un semejante. Dentro de mi lista de odio, con o sin ninguna justificación, también figuran objetos como el microondas, el paraguas o el pelador de patatas. Desde que vivo en Madrid, las puertas se han situado en el centro de mis iras.

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Madrid

Cercanías sin destino

Una de las cosas que más asombran a un gañán recién llegado a la capital es la ingente y variada cantidad de sus comunicaciones. Acostumbrado a una única línea de tranvía en Granada, la cual conecta a Albolote con Armilla, la red de metros, metros ligeros y cercanías de Madrid requiere unas horas de estudio. Las grandes poblaciones están conectadas y recorrerlas es sólo cuestión de paciencia. Lo que nadie me había advertido es de las innumerables desventuras que acechan.

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Madrid·Microrrelatos

Reflejo de nieve

La nieve tiene el don de reflejar lo que somos. Al caer los copos, la muchedumbre, ávida de estímulos, corea la novedad y se echa a las calles con el propósito de consumir todo el líquido blanco antes de que otros lo agoten. Al poco tiempo, la nieve comienza a incomodar. Resbalones, coches atrapados, supermercados vacíos y la imposibilidad de pedir pizza a domicilio hacen que nuestras costumbres se tambaleen. Cuando la nieve se transforma en hielo, brota la frustración y la rabia, recordándonos que en algún momento sacrificamos la capacidad de adaptación a cambio de lavavajillas y secadora. Si de un juguete se tratara, bajaríamos al trastero y encerraríamos a la nieve para siempre. En su última fase, emerge el gusto por la autodestrucción y el bochorno, mientras participamos en sesudos debates en busca de culpables o sobre teorías que desafían la termodinámica.

Quizá los restos de nieve reflejen nuestro porvenir. En ellos sólo florece basura.

Madrid

Anónimos en la noche

Madrid está plagado de viejos amigos, conocidos y otros seres mitológicos. No hay nadie que no tenga un pariente retirado o una antigua deuda en la capital. En mi caso, mi padre insiste en que escriba a un primo de mi abuela que vive en el centro, que tiene hijos de mi edad y que debería tomar el té con ellos de vez en cuando. Sin querer herir su sensibilidad, asiento y olvido guardar su número de teléfono. Antiguos compañeros del instituto y carrera también acabaron en Madrid. Me produce una terrible pena no poder contactar con ellos, dado que nunca tuvimos relación y que si me los encuentro por la calle aceleraré el paso esperando que ellos adopten la misma actitud. Antes de llegar, me enteré de que una novia que tuve en el instituto vive por aquí. Aterrado, inventé un nombre falso y ensayé acento esloveno en caso de cruzármela. No conviene repetir errores.

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Madrid·Relatos

El peso del dinero

A los pocos días de llegar a Madrid, empecé a notar una presión inusitada sobre el cuello. En primera instancia pensé que sería consecuencia del cambio de altura o de la contaminación. El peso aumentaba por días y mi figura se encorvaba progresivamente. Una tarde que paseaba por las inmediaciones de Atocha, el agotamiento me obligó a detenerme en una de las entradas principales. La gente entraba a cuentagotas constantes mientras salía en mareas periódicas. Mis ojos se centraban en las formas que describían las espaldas. Asombrosamente, la proporción de chepudos era aplastante entre la población adulta.

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Madrid·Relatos

A la caza del famoso

Desde que llegué a la capital no paro de toparme con gente famosa. Los autóctonos son conscientes de que la gente importante suele afincarse en su ciudad y no se inmutan lo más mínimo si ven al presentador de ‘La ruleta de la suerte’ practicando la cleptomanía en una tienda de lencería femenina. Sin embargo, para un recién llegado de provincias como yo, vivir entre la crème de la crème es una circunstancia que genera una tensión permanente y el riesgo de cortocircuitar.

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Madrid

Adelanto de ‘Un gañán en la capital’

He de reconocer que le he cogido gusto a la huida hacia delante. Un día surge la posibilidad, sin que un signo de emoción o de contrariedad decante la balanza. Al siguiente, sin nada mejor que hacer y vencido por la indiferencia, me encuentro tomando un tren o un avión hacia una nueva ciudad. En un primer instante, la oportunidad de volver a empezar me embriaga; luego me devora la melancolía a medida que me acerco al destino. La nueva etapa de mi eterna huida se llama Madrid y, a tenor de lo que promete las vinculaciones contractuales, apunta a ser una parada larga. Quizá descubra de qué huyo. Quizá ya esté preparando la próxima huida.

*Próximamente, en este blog, pantallas de baja moral y palabras que nadie ha pedido leer, ‘Un gañán en la capital’, la epopeya de un idiota que va a por lana y sale trasquilado.