Microrrelatos

Veranos andaluces

Los veranos andaluces son como una noria que nunca deja de girar. Desde la salida del sol hasta la puesta, busco refugio en el sofá. El abrazo de calor produce una somnolencia que empapa cualquier actividad. Intento leer el ‘Romancero gitano’ y en medio párrafo sueño que García Lorca y yo estamos brindando con rebujito sobre la barra de cualquier tugurio.

Me despierto e intento cocinar salmorejo mientras me refresco con un trago de Palo Cortado y suena ‘La leyenda del tiempo’ de Camarón. Dejo el salmorejo reposar y cuando me dispongo a engullirlo compruebo que se ha evaporado. Aun hambriento, me dejo arrastrar por la sagrada hora de la segunda siesta. Me quedo incrustado entre los cojines del diván y he de pedir un rescate a los bomberos como si fuera una ballena que ha varado en la costa.

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Microrrelatos·Vida Moderna

Vacaciones para el ego

Tengo como norma de vida no participar en juegos de azar. Sin embargo, durante el desconfinamiento hice una excepción y compré el boleto de una rifa benéfica. El objetivo era recaudar fondos para egos abandonados durante la pandemia. A los pocos días descubrí que había resultado ganador del premio: un fin de semana en un hotel de cinco estrellas en primera línea de playa con todos los gastos pagados, para mí y para mi ego.

El complejo estaba localizado en una pedanía inaccesible, cuya parada de transporte público más cercana se situaba a 15 km. Después de andar tres horas a pleno sol y disfrutar de los bocinazos de veraneantes sedientos de arena y mojitos, llegamos a destino. En la recepción no tenían constancia del premio y amablemente me invitaron a pagar o a marcharme. Sin embargo, no perdí la calma y repetí ciento treinta y siete veces “Soy el ganador de la rifa de la asociación de egos abandonados”. Finalmente, el servicio dio su brazo a torcer y me concedió el acceso a una de las habitaciones más exclusivas. Aunque hacía las veces de cuarto de mantenimiento, estaba repleta de productos de limpieza, destornilladores y alicates y el calor era asfixiante, en un lateral había un póster con las idílicas vistas a la playa en los años cincuenta.

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Microrrelatos

Sonrisas inalterables

Hoy he hecho una entrevista para el trabajo de mis sueños: payaso de circo ambulante. Pasé a la fase final entre multitud de grandes candidatos, algunos formados en las mejores escuelas de bufones y otros de nobles familias circenses. Aunque me temblaban las manos, mi actuación ha salido mejor que en los ensayos. He comenzado con el truco de la flor que lanza agua,. Después, he montado en monociclo haciendo malabares con caniches y finalmente he contado unos chistes sobre temas banales de humor blanco, como los disturbios raciales.

El director del circo reía y aplaudía ensimismado cada una de mis tropelías. Cuando creía que me iba a ofrecer el puesto, me ha preguntado: ¿muchacho cómo mejorarías el circo? Tras diez minutos de propuestas, el hombre ha cambiado radicalmente de semblante. Al final ha escogido al primo del contorsionista. No creo que sea tan divertido como yo, pero tiene una clara ventaja: es mudo.

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Arroz Congrí

En ocasiones, el hambre feroz precede a un empacho de terribles consecuencias. Ella desprendía el aroma que sólo los fogones experimentados pueden exhalar después de preparar potaje. Su sabor era el de un mango en el punto exacto de maduración, empapando de almíbar su tez pajiza. El dulzor físico contrastaba con la acidez que envolvía a su exótica personalidad. El día después de conocerla, me sorprendió con un mensaje que decía “además de instructora de meditación, soy detective aficionada y quiero descubrir cómo combinan tus especias con las mías”. Sólo la falta de alimento para el alma podría explicar el desliz, la sed insaciable para la cual no existe jugo que la calme.
Algo en mí suplicó resistirme a los encantos de la gastronomía cubana, pero el estómago se encargó de acallar la incertidumbre. El aperitivo se sirvió sobre sus largas piernas mientras el aguacate se abría tímidamente. Después, el puerco asado se pegó sobre sus generosas caderas. Sin hastiar, me sirvió su postre de dulces guayabas. Como colofón a la velada quedó el regusto a piña que emanaba del daiquirí. Me las prometía muy felices viendo los restos desnudos del banquete sobre la cama cuando la puerta interrumpió la digestión. Un comensal inesperado de color mulato y espléndidas proporciones entró en la habitación mientras yo escapaba por el balcón. Muerto de frío me lamenté, ¡qué terrible indigestión!

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Sueños fritos

Ayer soñé que era una croqueta de puchero. Estaba hecho de hilos de pollo, tropezones de garbanzos y restos de tocino. Mi creador, el que me había cocinado en una sartén de aceite hirviendo, me servía en una bandeja junto con otros hermanos croquetas. Mi aspecto era inconfundible: tenía el cuerpo cubierto de costras negras por haberme frito de más. Con preocupación observé cómo el resto de croquetas desaparecían entre gritos de horror y yo permanecía sobre la bandeja. Nadie me comió y acabé en la nevera tiritando de frío. Cuando desperté del sueño, no sabía si meter mi cabeza en el microondas o lanzarme al contenedor de residuos orgánicos.

Por eso, en solidaridad con su terrible destino, he tomado una decisión: lloraré de cínica rabia cuando vuelva a devorar a una de mis deliciosas compañeras.

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Viajar pegados

Perdone, pero se ha sentado usted en mi asiento“, me dijo una señora desconocida de voz amable. Me mostró su billete y ambos comprobamos que habíamos sido asignados en el mismo asiento. La tripulación apremiaba a los pasajeros a sentarse, por tanto optamos por la opción más sensata: me senté en las piernas de la señora. Tras un viaje de cuatro horas, descubrimos que nos habíamos quedado pegados el uno al otro. Probamos médicos, alquimistas y magos, pero ninguno consiguió separarnos.

Sentados, en un nuevo viaje, un nuevo desconocido nos ha interrumpido: “Perdonen, pero se han sentado ustedes en mi asiento“.
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Fama Fantasma

Desde que me mudé de casa, he sido víctima de los antojos y extravagancias de una familia de muertos. La vivienda era modesta y los techos de basta altitud remarcaban su antigüedad. Además de la cercanía al centro y al puesto donde calentaba el culo, al que entre mis allegados me refería como trabajo, me atrajo su ínfimo precio. Al parecer la vivienda llevaba vacía diversos años y los intentos por buscar inquilinos habían sido infructuosos, desatando la frustración y el enojo entre dueños e inmobiliarias.
Una vez superados los trámites legales e instalado junto a mis pertenencias –un cortaúñas, un abrelatas y una bolsa de agua caliente–, descubrí la verdad sobre el alojamiento: en sus ventanas habitaban una serie de espíritus que se dejaban reflejar en los espejos con forma de fantasma. He de decir que, a pesar del estupor inicial, conmigo tuvieron un comportamiento exquisito. Se trataba de la familia de antiguos propietarios, ya extinta, que al ser de un convencimiento conservador y actitud recelosa, vigilaba que la casa donde habían nacido, crecido y muerto generaciones enteras se mantuviera decente. Al principio, me resultó grata la compañía, intercambiábamos impresiones banales, narrábamos bellos recuerdos y discutíamos con energía sobre la actualidad política, economía, técnicas de cultivo o sobre las novedades de la escena trap. Tiempo después, se tornaron insoportables: me daban órdenes sobre cómo vestir, con quien ir, que comer, y se empecinaban en que emprendiera una serie de reformas estructurales de la casa que me dejarían en la ruina.
Así pues, no tuve más remedio que llamar a los mismísimos Cazafantasmas. Les pedí que fumigaran la casa y así expulsar a la colección de espíritus y apariciones. Después de meses de espera, cruces de llamadas y una factura a todas luces abusiva, se han dejado al fantasma de la abuela. Esta, ya sin la supervisión del resto de miembros, no cesa de lanzarme piropos y picardías. Una vez más queda demostrado que se cumple el tópico: coge fama, y échate a dormir con la abuela.
cuarentena·Microrrelatos

Malos Tiempos

La evolución está extinguiendo una serie de tradiciones que han perdurado en el dilatado paso del tiempo. El hombre ya no vive en cuevas, los sacrificios humanos bajo el pretexto de algún credo han cesado y la esclavitud es una práctica casi extinguida. Otro que se ha visto abocado al ostracismo es el Espíritu Santo. Con la aparición del test de paternidad no hay duda posible: ya no quedan señoras que han sido inseminadas de forma aleatoria por la gracia de Dios. 

Son estos malos tiempos para pamplinas.
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Personajes Oscuros

En cierta ocasión, un personaje oscuro se dio cuenta de que su vida no tenía ningún sentido. Astutamente, decidió buscarse un enemigo. Una vez lo encontró, comenzó a adoptar costumbres y opiniones opuestas a las de éste. El personaje oscuro frecuentaba los cafés y las tertulias para despotricar contra él sin piedad, alertando al resto de los peligros que entrañaban los pensamientos y las futuras acciones que llevaría a cabo su adversario. Aunque nunca coincidió con el blanco de sus iras, los rumores apuntaban a que él también era vorazmente vilipendiado. Eso le irritaba profundamente y le hacía ensañarse cada vez con más energía y rabia, hasta el punto de centrar todos sus esfuerzos contra su antagonista.
Aunque pudiera parecer que lo odiaba con toda su alma, en el fondo lo amaba. La existencia de un enemigo le había dado un penoso, pero ansiado, sentido a su vida.
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La Revelación Del Fuego

Hubo una vez un hombre atrevido que declaró haber inventado el fuego. Una multitud exaltada lo vilipendió por mentiroso, mientras que algunos individuos consideraron que quizá fuera creíble su declaración. Resguardado entre el escarnio y la indiferencia, su hazaña corrió como la pólvora y poco a poco el extravagante personaje se convirtió en un héroe.
Ayer salió por televisión, en un programa de máxima audiencia, contando cómo había descubierto la rueda.