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Un monólogo en Asia Central — Pablo Eguiluz

Entre todas las perversiones y degradaciones que ha ocasionado la irrupción de Internet, a los escritores y aficionados nos ha construido un pequeño refugio en el que encontrarnos. En esa interacción no exenta de interés, envidias y extravagancias varias, en ocasiones uno topa con autores de una valía literaria y humana con los que se establece una relación que, salvando las distancias, le hace sentir como un escritor de otra época engalanado con lechuguilla y armado de pluma. Uno de los autores con los que tengo el gusto de corresponder es Pablo Eguiluz, también conocido como Hombre Superfluo, al que conocí leyendo algunos de los relatos de su blog, una joya para paladares exigentes. Con la amabilidad de un ladrón que va a atracar una joyería, le pedí/exigí una copia digital de su libro, Un monólogo en Asia Central, y él amablemente accedió.

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Bajamares – Antonio Tocornal

Resulta desconcertante concluir las novelas que atrapan. Por un lado, siento una mezcla de agradecimiento y admiración hacia el autor y el hermoso acto de altruismo que conlleva desnudarse escribiendo. Por el otro, al constatar la finitud de la inspiración y la incertidumbre que siembran las historias genuinas, me invade una decepción causada al negarme a aceptar la humanidad de las palabras. Sentimientos que ha evocado la lectura de Bajamares, la última novela de Antonio Tocornal, un relato preciosista sobre la soledad y el paso del tiempo, temas que también ha despertado de forma caprichosa el confinamiento. De hecho, la pandemia y la publicación del libro coincidieron de tal forma que Bajamares llegará a las librerías del país en septiembre, una vez las aguas del virus se han calmado.

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Viaje al corazón de Cuba y La red Avispa

Una de mis aficiones es confrontar mis creencias hasta el extremo. Si la ciencia exacta ofrece verdades precisas, las cuales pueden ser complementadas o profundizadas, la historia se presenta como un animal salvaje al que pocos pueden domeñar. En caso de temáticas contemporáneas enredadas con menesteres políticos, sociales o económicos, la bestia permanecerá indómita para siempre. Una de esas historias que no conoce jaulas es la de Cuba, lugar que tuve la oportunidad de visitar hace un par de años y sobre la que he escrito en alguna ocasión, cuyos entresijos fascinan y, aun imposible entender en su conjunto, me acerco a ella como un intrépido explorador. La existencia de dos relatos enfrentados y polarizados exige una reposada confrontación y sugiere que la perspectiva más cercana a la realidad se debe encontrar en algún remoto punto aún por descubrir.

Conocido grosso modo el sentir de los medios y autores provenientes de la isla bella, me decanté en esta ocasión por acercarme a la versión externa. Con este propósito y con una dosis de casualidad me embarqué en la lectura de Viaje al corazón de Cuba, del cubano Carlos Alberto Montaner, y en el visionado de La Red Avispa, dirigido por el francés Olivier Assayas y flamantemente estrenada por Netflix.

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La energía nuclear salvará el mundo — Alfredo García

A pesar de mi formación y sustento, no acostumbro a incluir textos de divulgación científica entre mis lecturas. A raíz de la tenaz cruzada por la energía nuclear de Alfredo García, más conocido como Operador Nuclear, me decidí a conocer su primera obra en papel. Resulta redundante reconocer mi propia ignorancia en la materia, especialmente en el campo de la física y las fuentes de energía, con creencias frágiles que los años han desmontado sin excesivo esmero. Así pues, La energía nuclear salvará el mundo trata de explicar la necesidad de la energía nuclear para combatir el calentamiento global y derribar los mitos instaurados sobre su impacto medioambiental y peligrosidad.

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Sapiens: De animales a dioses – Yuval Noah Harari

A comienzos de la cuarentena llegó a mis manos dos artículos rebosantes de lucidez. Uno conjeturaba acerca del mundo que quedaría tras la pandemia y el otro se centraba en la falta de liderazgo global que ésta había desenmascarado. Guardé ambos artículos en una carpeta a la que llamo confrontación, donde además de ampliar conocimientos, trato de debatir mis exiguas convicciones. En aquellos textos encontré algo de lo que adolecen la mayoría de análisis de nuestro tiempo: perspectiva y rigor. El punto de vista del autor conjugaba conocimientos en historia, biología, economía y política. Además, la forma de expresarla era tan clara y tan rotunda, que a duras penas se podía poner en cuestión más allá de algunas puntualizaciones.

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Rizzoli: La vera storia di una grande familia italiana

En el 75 aniversario de su liberación del fascismo, echo de menos a mi amada Italia. Dos semanas después de dejar sus contradicciones, la inmensidad de su cultura y su paulatina decadencia, la literatura me acerca a su historia contemporánea. Momentos antes de dejar Calabria, di un pequeño paseo por su aeropuerto fantasma. Allí encontré un quiosco, cuyo tendero contaba con resignación que abría sin clientes. De una pila de libros amontonados entre golosinas y periódicos, pedí recomendación mientras la megafonía apremiaba a dirigirme urgentemente al embarque. El argumento de que al padre del amable vendedor le había encantado me convenció para comprar la sugerencia.

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Stefano Piccoli – Guerrilla Radio: Vittorio Arrigoni la possibile utopia

En los momentos en que la sociedad parece romperse, emerge la alternativa entre entregarse al abismo o abrazar la utopía. Por caprichos de la tecnología, la humilde colección de la librería Raccontami me dio la oportunidad de conocer la historia de Vittorio Arrigoni. A través de ocho capítulos compuestos por viñetas hechas a carboncillo por Stefano Piccoli, Guerrilla Radio: Vittorio Arrigoni la possibile utopia nos muestra diversos pasajes de la vida del malogrado activista lombardo.

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Cien Años De Soledad – Gabriel García Márquez

Vivo con la incertidumbre de saber si podré devolver algunas deudas. Por fortuna, mis fiadores no las cobran de forma violenta. Uno de ellos es Gabriel García Márquez, de quien me avergüenza admitir que prácticamente no he tenido ocasión de leer. Una de esas deudas que no quería demorar ni un segundo más era Cien Años De Soledad.

Como sediento que encuentra un oasis, bebí la primera parte del clásico y por momentos me sentí levitar. El magnetismo de la familia Buendía y sus allegados me atrapó. La magia encauzada en el costumbrismo de los hechos, los extraordinarios recovecos y la musicalidad de la narración terminaron por cautivarme. Una vez familiarizado con las calles de Macondo y embelesado por su expansión y sus trifulcas, entré en la máquina del tiempo y la repetición de los acontecimientos. En el tramo final me dejé atrapar por el hastío, la maraña de personajes indistinguibles, maximizado por un interés decreciente.

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El Espejo – Ricardo Zamorano

He de confesar que no acostumbro a leer novelas de autores noveles. El tiempo escaso, la rudimentaria experiencia y el inabarcable tamaño de la biblioteca universal me conduce a un sendero de novelistas consagrados. Sin embargo, con El Espejo de Ricardo Zamorano hice una gustosa excepción, motivada en buena parte por ser agraciado con una copia física mediante sorteo.

Se trata de una novela corta que esboza un mundo hecho jirones tras una suerte de apocalipsis. El protagonista, Ayna, un niño huérfano de apenas nueve años, guía al lector por el camino vital, desde la plena candidez hasta descubrir la crueldad contemporánea. La historia está estructurada en capítulos breves que hace de su lectura un ejercicio absorbente. A destacar la cercanía de la acción, con la permanente sensación de vivir la obra en primera persona; la potencia literaria de las descripciones; y un estilo narrativo muy directo. El final es un mazazo que convierte El Espejo una novela de las que no son fáciles de olvidar.
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Un puente sobre el Drina – Ivo Andrić

El pasado verano tuve la suerte de conocer Serbia. Además de saborear la Šopska y el čevapčiči, congratularme con paseos a través de sus parajes virginales, me atrapó la fascinante historia de los Balcanes, presente en su arquitectura y el carácter de su gente. Tal grado de complejidad y una heterogénea influencia de culturas requería cierta profundización. Como primera referencia, emprendí la lectura de Un puente sobre el Drina de Ivo Andrić, premio Nobel de Literatura en 1961.

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El Club De La Lucha – Chuck Palahniuk

No tengo reparo en admitir que soy un completo ignorante de las referencias de la cultura contemporánea. No he visto ni una entrega de la saga de ‘Star Wars’, no he leído a Tolkien, ni tampoco he escuchado ninguna canción de Coldplay. Quiero pensar que estas influencias fueron sustituidas por ‘El Milagro De P. Tinto’, los libros de Dulce Chacón y la adrenalina de Barricada. Sin embargo, me niego a ser esclavo de la autenticidad y la marginación cultural. Por eso, me lancé al rin de El Club De La Lucha, novela de culto internacional.


Así pues, en mis trayectos de tranvía de casa al trabajo y de vuelta de la frustración a la autocomplacencia, devoré la obra más relevante de la producción de Chuck Palahniuk. Sus páginas me sacudían hasta el borde del noqueo. El estilo es directo, avivado por las frases cortas y las repeticiones certeras. Las escenas se sucedían de forma vertiginosa. Tan pronto asistía a la reunión de un grupo de apoyo para pacientes de cáncer testicular como fabricaba bombas caseras compuestas de parafina y napalm. El grado de absorción era tal, que miraba a mi alrededor tratando de no revelar cada una de las reglas del club. “No se habla del club de lucha fuera del club de la lucha”, repetía para mí. El desenlace resultó un giro argumental maestro, el cual terminó por significar mi propio K.O.

Sobre interpretaciones existen numerosas teorías: la crítica a la figura de la masculinidad contemporánea, una sátira salvaje sobre la sociedad capitalista o un desdoblamiento de personalidad fruto de una gotera psiquiátrica. Me gustaría entender el relato como una metáfora sobre la monotonía cotidiana y la crisis existencial de los hombres que rozan la cuarentena, pero es una quimera sin importancia que merece la pena mantener en vilo.

Lo que más admiración me produce de la obra es la manera en que el autor utiliza su propia experiencia. Este material es deformado convenientemente y sobre él se cimenta una ficción apabullante y sin fisuras narrativas. De nuevo, no hay mejor inspiración que mirarse al ombligo. No hay mejor retrato de la sociedad que fotografiarse a uno mismo.



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Ficha TécnicaTítulo: El Club De La LuchaAutor: Chuck Palahniuk.Páginas: 240.Editado por: Debolsillo. Año de publicación: 1996.
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La noche en que pude haber visto tocar a Dizzy Gillespie – Antonio Tocornal

Apenas acabo de terminar las últimas páginas de esta novela y ya siento el vacío que dejan las obras que calan. Se trata de un trabajo arrollador propulsado por esa voz inconfundible e hipnótica que posee Antonio, el cual parece que te aborda en la barra de una taberna con solera y se arranca a narrar la hazaña. Con una conjugación medida de gracia y sabiduría, viajamos a un París de finales de los ochenta donde el protagonista, un pintor que trata de abrirse hueco, narra los apocados fondos del panorama artístico. En él se mezclan genios, trasnochados, vividores, virtuosos, prostitutas y fieras salvajes, conformando un grupo en el que sobrevivir de su propio genio subyace como arte.


Principalmente, la obra se teje en capítulos que enlazan las obras y milagros por separado de cada uno de los personajes. Este conjunto de lúcidas fotografías se podría considerar como una serie una serie de relatos independientes, los cuales están concatenados por una inesperada muerte, siendo esta un nexo argumental metafórico. Me llama poderosamente la atención la manera en que el autor se moja en multitud de disciplinas, no temblándole el pulso al abordar cuestiones técnicas de multitud de disciplinas, ya sean proyecciones arquitectónicas, vocablos de lenguas extranjeras o la gráfica que dibuja la función exponencial. Debo decir que en los campos que me considero algo entendido, mi receloso peritaje no les ha puesto ningún pero. Además, la narración de los hechos está vitaminada con sutiles pensamientos de corte existencialista, sin que estos rompan el ritmo o se alarguen en exceso. De hecho, la medida del tomo y los capítulos es casi perfecta.

Como yo ocurrió con ‘La ley de los similares’, la cual recomiendo encarecidamente, ‘La noche en que pude…’ es un trabajo redondo donde más que leer se vuela, donde las carcajadas se entrelazan con el asombro, donde la autenticidad brilla como materia prima, y donde Antonio se erige como un referente en el que, ojalá algún día, mirarse.




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Ficha Técnica
Título: La Noche En Que Pude Haber Visto Tocar A Dizzy Gillespie 
Autor: Antonio Tocornal.
Páginas: 200.
Editado por: Aguaclara.
Año de publicación: 2018. 
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El Hombre Que No Deberíamos Ser – Octavio Salazar

Hace algunas semanas, alguien cercano tuvo a bien regalarme El Hombre Que No Deberíamos Ser de Octavio Salazar. Se trata de un breve ensayo en el que se esboza un retrato del hombre actual remarcando sus carencias en perspectiva de género con tal de corregirlas. Es este un tema de gran relevancia y atención social y mediática, lo cual me brinda apasionantes discusiones, notas de audio de varios minutos y algún que otro enfado. No niego que ciertas posturas, dentro de la necesaria determinación y firmeza de parte del movimiento feminista, junto a mi propio desconocimiento, me transmiten en ocasiones incomprensión y, alguna vez, disentimiento.

Con estas premisas, y sin propósito de extenderme en mis pensamientos, emprendí la lectura de la obra. Cuando leo una obra intento ser generoso con la misma y entablar una relación de confianza entre lector y escritor. Al mismo tiempo, suelo ser exigente con el material, ya que tengo una gran consideración por mi tiempo. Así pues, El Hombre Que No Deberíamos Ser pretende concienciar en materia de igualdad a un público muy general. Sin embargo, mientras avanzaba con la lectura empecé a observar que el discurso del autor estaba basado en postulados que necesitaban mayor argumentación. Evidentemente, que debemos construir una sociedad en la que la mujer y el hombre sean iguales no admite ningún tipo de discusión, pero afirmar, por ejemplo, que una muestra de desigualdad es el hecho de que Obama llegase al poder y Hillary Clinton no, requiere de algún tipo de aclaración. Tampoco tengo tan claro que si en los estamentos de poder predominan valores como la competitividad, la ambición o la soberbia es por una cuestión estrictamente de género y no por la carga intrínseca del concepto de poder. Quizá el autor tenga un discurso bien hilado sobre dichas cuestiones, pero si no se ofrecen al lector, el esfuerzo resulta estéril y hasta podría ser contraproducente. De este modo, la obra va tejiendo un discurso para un público que previamente ya comulga con esta serie de axiomas y difícilmente puede trascender más allá.
Avanzando la lectura, fui encontrando una forma de argumentar que me parecía cuanto menos cuestionable: establecer ejemplos arbitrarios para extraer conclusiones generales o, en otras palabras, tirar de estereotipos. Por cierto, dichos estereotipos se reiteran hasta la saciedad con unas palabras o con las mismas palabras permutadas a través de frases impolutas a nivel estético, pero escasas de contenido, tal y como ilustra esta: “El carácter precario de la masculinidad implica que estamos ante una subjetividad que puede ser cuestionada permanentemente y que, por tanto, necesita ser confirmada muy especialmente ante nuestros iguales”.
Cuando iba por más de la mitad del libro empecé a sentir que me estaban tomando el pelo, algo que se acentuaba al abordar la cuestión de la abolición de la prostitución. No basta repetir una y otra vez que ejercer la prostitución menoscaba la dignidad de la mujer para que este mantra sea cierto. Máxime, cuando diversas asociaciones de trabajadoras sexuales se desmarcan de esta postura y piden una regularización de la profesión para dotar de dignidad a la mujer. Considero que este debate, así como otros que se abordan durante el libro, es muy complejo y que muchas personas están adquiriendo posturas polarizadas por medio de ideas muy superficiales, de las cuales hace gala El Hombre Que No Deberíamos Ser.

Para rematar el despropósito, el autor comenta que tras fotografiar al hombre que no debemos ser, le gustaría dar alguna idea del hombre que deberíamos ser. Su intento resulta desacertado, puesto que en realidad hace un resumen de las ideas que ya ha repetido hasta la extenuación en las ochenta páginas precedentes. En ese momento me pregunté de forma malévola si en realidad esas diez páginas no servirían para abultar el número total, si el autor y la editorial se habían permitido la torpeza de rellenar descaradamente, si el propósito lucrativo no había vencido al social que prometía.
Ya que me había tomado un tiempo en leer la obra, consideré que podría ser interesante ofrecerle mi opinión al autor. La gran ventaja de las redes sociales es que permiten conectar casi hasta con Dios, y, por tanto, un garrulo como yo puede mandar sus impresiones a todo un referente del feminismo y catedrático de Universidad. Entonces, escribí el siguiente tuit: “Mi más sincera enhorabuena a @salazar_octavio y a @Planetadelibros por ‘El Hombre Que No Deberíamos Ser’, o mejor ‘Como Rellenar Cien Páginas y No Decir Casi Nada’”. Como entendía que era un mensaje que podría no tomarse a bien, decidí argumentar mi posición con un segundo tuit: “Desconozco cuál es el objetivo de este tipo de obras, además del monetario, que se escudan en estereotipos, soflamas panfletarias que están dirigidas a un público afín. Creo que es más necesaria la pedagogía y la argumentación que las frases bonitas que carecen de contenido”. A los pocos minutos, descubrí que el autor había leído mi opinión y que, quizá por no comulgar con ella o con su tono, había optado por bloquearme.
Seguramente, el hombre que no deberíamos ser se expresaría como lo había hecho yo. Seguramente, el hombre que no deberíamos ser lo bloquearía. Entiendo que la ironía no siempre es la mejor forma de expresarse, que la gravedad que hay detrás de la reivindicación feminista favorece una firmeza temperamental y también que las redes sociales son completos vertederos para el pensamiento y la opinión. Sin embargo, creo que la actitud del autor carga de razón mis pensamientos sobre su obra. Tampoco pretendía generar un debate con él, seguro que tenía cosas mejor que hacer. En cambio, puedo adivinar que si mi tuit hubiera sido “Gracias @salazar_octavio por hacernos ver el hombre que deberíamos construir para hacer una sociedad más justa” la reacción hubiera sido bien distinta.
Esta pequeña anécdota viene a ilustrar el poco valor que le damos a los comentarios no positivos, un sentir que en el mundo de la literatura está bastante extendido. Todos los autores publicamos esperando las valoraciones y nos hinchamos como pavos al recibir las positivas, sin embargo no solo no hacemos caso de las negativas, sino que, en ocasiones, hacemos uso de las redes sociales para desacreditarlas en público. Hemos de valorar en mayor medida el tiempo que nos brinda el lector y aceptar todas las críticas, así como relativizar la importancia que estas tienen. Solo así podremos escribir mejor, conservar nuestra personalidad, disfrutar del arte de crear y el placer de compartir nuestros textos. Por supuesto, esta opinión y las del resto del artículo también pueden pecar de superficial y de todos y cada uno de los males que expone.
Por desgracia para mí, creo que, a raíz de esta historia, la próxima vez que me quieran hacer un regalo optarán por un saco de abono animal en lugar de un libro.
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Si Esto Es Un Hombre – Primo Levi

Bordear la muerte a cada instante ofrece tal pureza en los ojos que la vida adquiere dimensiones inimaginables, matices desapercibidos alumbrados entre el miedo, la desesperación, la entereza y la aceptación. Una muestra de esta horrenda realidad tuvo lugar en los Lager, los campos de concentración que Alemania levantó dentro de sus dominios durante la II Guerra Mundial, en los que millones de inocentes fueron despojados brutalmente de su condición de hombre. Desde el campo de Monowitz, subalterno al de Auschwitz, el italiano Primo Levirelata sus espeluznantes experiencias desatando un entramado de reflexiones indispensables que conforman Si Esto Es Un Hombre. Una obra que debiera ser de cabecera no sólo para no olvidar errores del pasado, sino para evitar reproducir sus análogos en el presente y futuro.

A priori, la vida reservaba un hueco alejado de la literatura al turinés. A comienzos de la década de los cuarenta, con los ecos de la batalla resonando muy cerca, Primo Levi se licenciaba en química por la Universidad de Torino, uniéndose poco después a la resistencia antifascista italiana. Finalmente, es capturado por las milicias fascistas y, debido a su condición de judío, trasladado a Auschwitz. Después de burlar a la muerte en su penoso encierro, Levi decide plasmar sus experiencias en Si Esto Es Un Hombre, publicado con escaso y predecible éxito en 1947, que se reeditaría a raíz de la multitudinaria aceptación de la segunda parte, La Tregua, en 1963. Este sorprendente proceso es una constatación de cómo las cicatrices de la barbarie sólo se pudieron acariciar una vez que las mismas habían desaparecido, puesto que al terminar la guerra el público no tenía estómago para albergar más sufrimiento.

En su cincuentena, Levi abandonaría su oficio como químico para dedicarse a tiempo completo a su carrera de escritor y daría a luz obras de la talla de El Sistema Periódico (1975), Si Ahora No, ¿Cuándo? (1982) o Los Hundidos y Los Salvados (1986), tercera y última parte de la saga Auschwitz. En circunstancias que no se han llegado a aclarar y que suscitan acalorados debates entre propios y extraños, Primo Levi se quitaría la vida como consecuencia, supuestamente, de las heridas abiertas en su estancia en el Lager, aumentando el aura maldita del escritor.

Si Esto Es Un Hombrese divide en una serie de capítulos temáticos, ordenados cronológicamente, que versan sobre cada una de las facetas subyacentes a un prisionero de un campo de concentración: llegada, clasificación, alojamiento, alimentación, salubridad, trabajo, relación con los guardias y con otros presos, evolución psicológica… El enfoque del libro asombra por su cercanía, pues el objetivo no es hacer una retrospectiva global, sino el de dar la propia visión de la rutina en los campos de concentración. El tono empleado desborda por su humildad. De hecho, en ciertas fases el tono del italiano se vuelve dubitativo, vergonzoso, como si aún estuviera enclavado dentro de la alambrada; terrenal entre palabras superlativas, como una persona y no como un escritor. Estos factores imprimen a las páginas un realismo apabullante que atraviesa la piel, atrapa hasta dejar sin respiración y siembra impotencia y ternura a partes iguales.
Lo sabemos, mañana será como hoy: quizás llueva un poco más o un poco menos, o quizás en vez de a cavar vayamos al Carburo a descargar ladrillos. O mañana también puede acabarse la guerra, o nos matarán a todos nosotros, o seremos trasladados a otro campo, o se realizarán algunas de las grandes innovaciones que, desde que el Lager es Lager, son incansablemente pronosticadas como inminentes y seguras. Pero ¿quién podría pensar seriamente en mañana?”

Permanentemente, se cierne sobre el lector la sensación de estar en uno de los barracones. Las descripciones forman un entramado esencial en la obra con alto nivel de detalle, apoyado por una atmósfera intimista. Entre ellas se desarrollan profundas y lucidas reflexiones sobre la existencia humana, la vida y la muerte, en las que Levi regala pinceladas metafóricas de carácter barroco.
Porque así es la naturaleza humana, las penas y los dolores que se sufren simultáneamente no se suman por entero en nuestra sensibilidad, sino que se esconden, los menores detrás de los mayores, según una ley de perspectiva muy clara. Es algo providencial y que nos permite vivir en el campo. Y también es ésta la razón por la cual con tanta frecuencia, en la vida en libertad, se oye decir que el hombre es insaciable: mientras, más que de una incapacidad humana para el estado de bienestar absoluto, se trata de un conocimiento siempre insuficiente de la naturaleza compleja del estado de desgracia, por lo cual a causas que son múltiples y ordenadas jerárquicamente se les da un solo nombre, el de la causa mayor; hasta que ésta llegue a desaparecer, y entonces uno se asombra dolorosamente al ver que detrás de una hay otra; y en realidad, muchas otras”.

Conforme Si Esto Es Un Hombre avanza, se acepta con naturalidad la desposesión de la condición humana por parte de los presos, la inversión de los conceptos esenciales, la renuncia a cualquier otra moral o ética que no sea supervisada por el instinto más primario.
En cambio, para nosotros, el Lager no es un castigo; para nosotros no se prevé un término, y el Lager no es otra cosa que el género de existencia a nosotros asignado, sin límites de tiempo, en el seno del organismo social germánico”.
Quiero invitar ahora al lector a que reflexione sobre lo que podrían significar en el Lager nuestras palabras «bien» y «mal», «justo» e «injusto»; que juzgue, basándose en el cuadro que he pintado y los ejemplos más arriba expuestos, cuánto de nuestro mundo moral normal podría subsistir más allá de la alambrada de púas”.

Sin embargo, aunque la muerte aceche en cada esquina, aunque sean plenamente conscientes de por qué el cielo se tiña de columnas de humo blanco y denso, aunque las noticias del exterior sean difusas y contradictorias, los desposeídos no se resignan a morir y florece un espíritu de supervivencia del día a día que se torna feroz e implacable, clave para la subsistencia final. A diferencia de la entereza y la bondad de Levi, se sucede el éxito de los verdaderos desposeídos: los que no les han arrancado su condición, si no que han decidido claudicar de la misma para sobrevivir un minuto más.
Hay algo de verdad en las tres suposiciones. Elías ha sobrevivido a la destrucción de afuera porque es físicamente indestructible; ha resistido a la aniquilación interior porque es un demente. Es, pues, en primer lugar, un superviviente: es el más adaptado, el ejemplar humano más idóneo para este modo de vivir”.

Ciertas ediciones contemporáneas, incluyen un interesante epílogo, escrito en 1976, en el que Primo Levi contesta una serie de preguntas recurrentes que se repiten en la cabeza de los lectores. Con un tono reposado muy distinto al de la obra, más propio de la divulgación académica, el escritor italiano confiesa no tener rencor a sus captores, vigilantes y nazis en general que se arrepintieron de sus actos; motiva la falta de respuesta de los prisioneros; y lo más difícil, hace un ejercicio de empatía sin precedentes para tratar de entender el odio de los nazis hacia los judíos para trazar un brillante paralelismo con el presente. Ese, aunque implícito en el libro, debe ser el verdadero mensaje.

Hace meses, a modo de apunte personal, viajé a Auschwitz, antes de leer esta biografía. Los enclaves crudos, su ambiente tétrico y los encomiables esfuerzos de las instituciones polacas en tratar de informar con el máximo detalle de los hechos que allí tuvieron lugar no conforman ni una milésima parte  del dolor que trasmite la experiencia personal de Primo Levi. Si el dolor no se puede explicar mediante simples palabras, Si Esto Es Un Hombre se acerca bastante.



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Ficha Técnica:
Título: Si Esto Es Un Hombre.
Autor: Primo Levi.
Páginas: 224.
Editado por: El Aleph.
Año de publicación: 1947.
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El Olor De La Noche – Andrea Camilleri

Entre estafadores de poca monta, mujeres al borde de un ataque de nervios y policías que sólo obedecen a la ley que les dictamina su propio ego, se desenvuelve una marabunta de aventuras y desventuras protagonizadas por el célebre Comisario Montalbano. En la sexta tentativa de esta inagotable saga, Andrea Camilleri ofrece una obra liviana en cuanto a formas, con un ritmo trepidante que derrocha una mezcla de acción, humor y giros inesperados. El Olor De La Noche se sirve del género policíaco como vehículo para dar una visión del mundo genuina, donde fuera de los clichés convencionales, el falso cinismo y lo políticamente correcto, reside la implacable y, a veces, dolorosa verdad.

Para hablar de Andrea Camilleri es inevitable hacerlo también del Comisario Montalbano –nombre escogido en homenaje a su extinto amigo Manuel Vázquez Montalbán–, protagonista de una serie de más de veinte obras, la cual salió a la luz a mediados de los años noventa y que aún hoy se sigue reproduciendo a ritmo de más de un título por año. A pesar de confesar que el peso del personaje llegó a extenuarlo hasta el punto de querer asesinarlo, el propio autor ha revelado en entrevistas que la obra final está escrita desde hace una década y que verá la luz cuando al siciliano, de más de noventa años, no le queden más fuerzas para seguir desempolvando la pluma. La saga ha derivado en un éxito sin precedentes que ha situado al italiano en top ventas de su país, llevando a Montalbano a la pequeña pantalla en uno de los mayores éxitos de audiencia de la historia de la televisión pública italiana.

Pero no sólo de Montalbano vive Camilleri, quien además ha firmado otra treintena de obras que suelen enclavarse en torno a su Sicilia natal, por las que discurren altas dosis de costumbrismo, crónica e ironía, entre las despuntan La Temporada De Caza (1992), La Concesión Del Teléfono (1998) o La Muerte De Amalia Sacerdote (2008). Un detalle que sorprende al revisar la bibliografía del autor, es la explosión creativa que registró alcanzada la senectud, concentrando en ella la inmensa mayoría de su bibliografía. De hecho, de haber mantenido ese endiablado ritmo de publicación durante toda su carrera, estaríamos ante el autor más prolífico de todos los tiempos. Destaca también su dilatada carrera como guionista, director de teatro y televisión, así como su compromiso social y político desde posiciones marcadamente de izquierda.

Así pues, El Olor De La Noche nos sitúa entre las localidades sicilianas de Vigàta y Montelusa, donde ha saltado por los aires la clásica estafa piramidal. Un grupo de personas invierte una cierta cantidad y en pocos meses reciben jugosos intereses con el dinero procedente de nuevos inversores, repitiendo este proceso de forma sucesiva hasta que el cabecilla, Giulio Cosentino, decide huir con el dinero y los pánfilos clientes que soñaban con fortunas provenientes de la nada se dan de bruces con la amarga realidad. El círculo del negocio lo cierran tres empleados, entre los que discurren mortales rencillas y pasiones que sobrepasan con creces la barrera de lo demencial. El objeto de la investigación parece claro: descubrir si Cosentino ha tenido éxito en su intento de huida o si bien un cliente poco amistoso lo ha mandado al otro barrio.

Aunque no recae el peso de la investigación sobre él, en un arrebato de simple curiosidad y sana diversión, el Comisario Montalbano decide involucrarse en el caso por su cuenta y dejar así en evidencia la nulidad y la testarudez de los investigadores principales, quienes apuestan por la indispensable colaboración de la mafia. Entre tanto, el lector descubre la singularidad del carácter del comisario mediante su incontrolable arrojo, su determinación frente a la mediocridad de su entorno laboral y su brillante clarividencia ante la estupidez social.
 “–Coño. Todo por culpa de la televisión –dijo Montalbano.
–¿Qué pinta aquí la televisión?
–Pinta mucho. No hay telediario que no te bombardee con la Bolsa, el Nasdaq, el Dow Jones, el Mibtel, la Pollatel… La gente se impresiona, no entiende ni torta, sabe que se corren riesgos pero que se puede ganar, y se arroja en brazos del primer estafador que pasa: deja que yo también participe en el juego, déjame participar. .. En fin, ¿qué idea te has formado?
Aunque la trama principal se centre en la búsqueda de Cosentino, Camilleri deja espacio para que su personaje estrella se desenvuelva en otras facetas, enlazando estas con las entregas precedentes de la saga. Salvo Montalbano muestra un apetito desmedido y un gusto exquisito por la cocina tradicional, se deshace por aparentar que es más que nadie y le hierve la sangre ante el más mínimo signo de poder quedar en evidencia. En el apartado sentimental, aparentemente se muestra como un tipo frío y distante a su pareja, pero tras la armadura se esconde ese ápice de debilidad que lo convierte en humano, del cual es sobradamente consciente. Sus intervenciones, en un texto donde los diálogos tienen un especial peso y potencia, no dan puntadas sin hilo.
–¡Pero a ver si acabáis de una vez con esta historia del tabaco! A los fumadores les hace daño, eso es evidente. Pero, a vuestro juicio, la polución del aire no importa, la contaminación eléctrica no importa, el uranio empobrecido es beneficioso para la salud, las chimeneas no hacen daño, Chernobil ha mejorado la agricultura, los peces con uranio o lo que sea son más alimenticios, la dioxina es un reconstituyente, las vacas locas, la fiebre aftosa, los alimentos transgénicos, la globalización os permitirán vivir como Dios, lo único que hace daño y mata a millones de personas es el humo que respiran los fumadores pasivos. ¿Sabes cuál será el lema de los próximos años? Haceos una raya de coca, así no contaminaréis el medio ambiente”.
El estilo empleado por Camilleri es muy directo. La acción es espolvoreada en rápidas sacudidas que hacen de la lectura un ejercicio vertiginoso y adictivo. No se encuentran excesivos alardes literarios, descripciones superlativas o monólogos abrumadores. Y si un escritor no necesita hacerse notar por el envoltorio, es porque la historia atesora por si sólo los mimbres necesarios para ser atractiva.  Por su parte, la fina capa de ironía tampoco merece ser forzada, en una patente muestra de identidad.

En resumen, El Olor De La Noche es una atrevida y personal revisión a los clásicos policiacos, desde la sabiduría que otorga la experiencia y la tranquilidad que da el no tener que demostrar nada a nadie y escribir desde las entrañas, cómo y de lo que a uno verdaderamente le viene en gana. Le sucederán más y merecidas lecturas.



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Ficha Técnica:
Título: El Olor De La Noche.
Autor: Andrea Camilleri.
Páginas: 224.
Editado por: Salamandra.
Año de publicación: 2001.
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