Vida Moderna

La invasión de los domingueros

Se me ocurren pocas actividades tan degradantes para el ser humano como la de ir de picnic un domingo de verano. Quizá tatuarse el nombre de la tía abuela Hortensia en élfico sobre la nalga derecha o camperizar un cascajo motorizado rivalicen con dicha práctica. El caso es que este fin de semana organicé un picnic del cual todavía estoy tratando de recuperarme.

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Relatos·Vida Moderna

Talleres de escritura

Durante esta última semana he asistido a un taller de escritura creativa. Todo comenzó al abrir por error uno de los correos de la lista cultural de la empresa, ignorados sistemáticamente por la plantilla si no en el asunto no se incluye la palabra “alcohol” o “gratis”. En él se anunciaba que la profesora del taller sería la distinguida escritora Caballa Gómez, de la cual no había oído hablar nunca. Tras buscar su nombre en Wikipedia, descubrí que se trataba de una autora reconocida con distintos premios de narrativa, publicaciones en editoriales de la talla de Crucigrama o Deltaguara que habían sido traducidas al suajili y a un par de lenguas esquimales, articulista en periódicos de tirada nacional, presentadora de un podcast sobre mitología egipcia y madre de cinco hijos en sus ratos libres.

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Madrid·Vida Moderna

¿Vejez o madurez?

En algunas ocasiones me pregunto si ya soy una persona madura. Otras veces me cuestiono por qué un kilo de kiwis cuesta más que un paquete de papel higiénico, cómo hacen las anchoas para anidar en los olivos y convertirse en aceitunas rellenas o si el suavizante de verdad suaviza la colada. Me hago preguntas a las que sólo el bochorno sabe contestar.

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Microrrelatos·Vida Moderna

El mundo real

Juanín Solente viaja en cueros en el metro. Ningún pasajero advierte su desnudez, pegados éstos a las pantallas de sus teléfonos móviles. Juanín Solente medita cuál será su próximo reto, el que evidencie que a nadie le importa el mundo real. Desangrarse en una plaza concurrida bajo la atenta indiferencia parece buena idea.

Vida Moderna

Algoritmos de ascensor

Hace poco soñé que me quedaba encerrado en un ascensor junto a un desconocido. El hecho resultó especialmente desconcertante por dos motivos: no suelo tomar ascensores por prejuicios morales y la gente evita coincidir conmigo a solas. Mi relación con los montacargas se debió torcer durante mi infancia, precisamente cuando recurrentemente soñaba que montaba en un ascensor que no paraba de bajar. A mitad de noche me despertaba sin saber si continuaba en mi cama o si estaba en una planta subterránea a centenares de metros de profundidad.

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Vida Moderna

Resistir a la novedad

No vale la pena perder el tiempo en disimular contradicciones. Algunos, con la candidez dialéctica de un niño de cinco años, prefieren disimularlas o negarlas. A mí, en cambio, me gusta compartirlas. Es lo bueno de no tener que preservar ningún tipo de reputación. Aunque invierta parte de mis esfuerzos en desenmascarar las tropelías de la vida moderna, he de reconocer que a veces me gusta enredarme en sus redes de banalidad y superficialidad hasta el punto de asfixiarme por gusto.

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Vida Moderna

Modernidad rural

Durante estas vacaciones de Semana Santa pretendía irme a descansar a un lugar aislado. Mi intención era destinar el tiempo libre en paseos en la montaña, escribir en silencio, hacer desaparecer el estrés y rodearme de los ásperos, pero serviciales, habitantes de los pueblos. En una famosa plataforma de alojamientos encontré un cortijo enclavado en un pueblo de Las Alpujarras, a buen precio, sin televisión ni wifi. Lo que no podía sospechar es que ya no existe tal aislamiento.

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Vida Moderna

Descarga de penas

Nada más verla, la excitación amenaza con desbordarme. Para nuestros encuentros, SuicideGirl94 se suele vestir con una camisa blanca ajustada y una falda vaquera que se pega a sus muslos generosos. Se va desabrochando los botones de forma juguetona, dejando entrever unos pechos que apenas puede contener el sujetador. Su piel pálida se alterna con todo tipo de tatuajes estrafalarios y un moño tintado de azul. Observo cómo se contonea tumbado sobre el sofá. Cuando mana la humedad, me bajo el pantalón del pijama de ositos. El creciente tintineo de monedas anuncia que SuicideGirl94 va a jugar con el vibrador que se menea en su vagina de forma mecánica.

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Bocachancladas·Vida Moderna

La visibilización mutua

Es 11 de marzo, tres días después del 8M. Las fachadas de los edificios públicos amanecieron con pancartas en apoyo a la lucha por la igualdad, los balcones adornados con globos morados y en las calles asomaba cartelería reivindicativa. Los programas de televisión y radio dedicaron horas a ensalzar el papel de la mujer y señalar las desigualdades sociales producidas por el sexo. A falta de manifestaciones multitudinarias, espontáneas concentraciones se sucedieron, mientras los lazos violetas poblaban los puestos del mercado, indumentarias y mascarillas. Se organizaron charlas, homenajes y mesas redondas cediendo el protagonismo a las mujeres.

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Madrid·Vida Moderna

Odio las puertas cerradas

No soy de esas personas a las que les avergüence odiar o pida perdón por hacerlo. Me cuesta amar a las personas que tiran comida a la basura; no trago a los que se mueven con automóviles potentes para presumir de una supuesta superioridad; tampoco me despiertan simpatía los caseros que exprimen a sus inquilinos y ofrecen el mobiliario que heredaron de sus difuntas abuelas; y me produce asco el que ejerce su autoridad para reprimir sin justificación a un semejante. Dentro de mi lista de odio, con o sin ninguna justificación, también figuran objetos como el microondas, el paraguas o el pelador de patatas. Desde que vivo en Madrid, las puertas se han situado en el centro de mis iras.

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Relatos·Vida Moderna

La amiga de mi madre

Aunque me pase media vida despotricando contra él, he de admitir que el capitalismo salvaje tiene sus ventajas. Sin ir más lejos, ha conseguido que yo, una persona carente de afecto, sin alma y fría, sea capaz de demostrar sus sentimientos mediante una tarjeta de crédito, un par de clicks y explotar al sufrido e incansable repartidor de Amazon. Nada más llegar el paquete, tu abuelo queda complacido con su paquete de viagra del Himalaya. Tu padre rebosa felicidad por su nueva motosierra, aunque no tengamos jardín. Tu primo de doce años, rebelde e indomable, te trata de divinidad por comprarle un videojuego que le permite ponerse en la piel de un narcotraficante en las favelas de Rio de Janeiro. Sin embargo, el capitalismo tiene esa capacidad de que lo que surge como una solución inmediata puede tornarse en un problema a la larga.

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cuarentena·Vida Moderna

‘El Rey de las casas de apuestas’

Según mi horario laboral, a las seis de la tarde puedo dejar de contribuir al calentamiento de silla. La mayoría de mis compañeros no parecen inmutarse y optan por continuar ampliando las ganancias de la empresa, quizá con la esperanza de heredarla o postergando la hora de reencontrarse con unos hijos de los que no recuerdan su nombre. Por suerte, la vida me ha mantenido lejos de la ambición empresarial y familiar. De esta forma, a las seis salgo escopetado y rezo para que el tiempo se detenga o para que se dictamine la abolición del trabajo.

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Relatos·Vida Moderna

El hombre pegado a una boina

En esta Navidad me han regalado una boina. Reconozco que soy una persona difícil de obsequiar. Salirse de calcetines lisos, calzones oscuros o una lata de mejillones en escabeche supone toda una osadía. Así pues, cuando recibí el paquete y palpé su silueta, un bufido sonoro me vino instantáneamente a la boca. Afortunadamente, pude contenerlo y me abracé a mi pareja fingiendo emoción. La boina estaba hecha con una lana suave de rayas con tonalidades marrones, fabricada con cariño en una fábrica de algún remoto lugar de la geografía china.

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