Vida Moderna

Shakira y el Clamidosaurio

Me proponía escribir un artículo genuino sobre la popular canción de Shakira. Además de una rigurosa documentación y un fino enjuiciamiento de su calado metafórico, ofrecía alguna anécdota golosa, como la vez en que me encontré a la colombiana en la consulta de un psicólogo especializado en almorranas parlante — una plaga que los medios han decidido ignorar­—, nos saludamos y discutimos sobre la receta original del lomo de orza. No obstante, he entrado en Internet y he sido arrollado por un tsunami de comentarios, análisis que intelectualizan la composición y editoriales en medios y redes sociales con el único objetivo de sus autores de hacerse de notar.

Por eso he optado por escribir sobre el Clamidosaurio de King, también llamado el lagarto de cuello con volantes. ¿Sabíais que al sentirse amenazado despliega un collar de largas espinas de cartílago? ¿Y que en la danza del cortejo emite un sonido melodioso? La cría se produce en un pozo cavado en la arena, bajo el sol. La hembra junta allí hojas secas y pone entre ocho y veinte huevos que eclosionan entre diciembre y enero.

Vida Moderna

Isabel, Mario y yo

Devastado. Así es cómo me siento después de enterarme de que Isabel y Mario han roto su relación sentimental. Me refiero, por si hubiera duda, a Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa. No sólo me entristece por la belleza que producía ver una pareja rebosante de amor puro, estilo y distinción que contraponía a la mendicidad de buen gusto e intelectualidad en la que estamos sumidos. Me apena también por lo que Isabel y Mario me han dado en estos ochos años de noviazgo.

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Vida Moderna

Viajando en el tiempo (El Drogas – Gira 40 Aniversario Barricada)

El pasado sábado viajé en el tiempo. Concretamente a mi adolescencia. Fue de la mano de El Drogas y su gira conmemorativa por el cuarenta aniversario de Barricada, la banda que él fundó en Pamplona y lideró hasta convertirla en una de las referencias más destacadas del rock en castellano. Por lo que a mí respecta se trata del grupo que más me ha marcado, ese que no me hubiera importado tatuarme en un arrebato de inmadurez y al que seguí tanto como mis exiguos medios y restricciones de chaval me permitían. No soy de las personas que suelen añorar ni romantizan el pasado, prefiero mirar hacia delante, pero era inevitable que miles de recuerdos sacudieran mi cabeza.

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Relatos · Vida Moderna

Zóster

Hace algunas semanas apareció en mi cara una serie de erupciones. Al comienzo no le di mayor importancia, supuse que sería fruto de una pubertad mal curada o el efecto previsible de un atracón de langostinos con chocolate. No obstante, empecé a notar que mi cara despertaba miradas y murmullos por la calle. Una señora ataviada de toquilla negra me abordó para rezar un Ave María. Sostenía un rosario entre las manos mientras clavaba su lengua en mis sarpullidos. «Es el ataque de la culebrilla, zagal, ten cuidado o perderás la vista, el oído y el olfato. Deja que te sane, zagal, deja que te rece”. Salí espantado por si se trataba de alguna especie de timo o un intento de secuestro. Me refugié en una farmacia. Para no levantar sospechas, pedí que me despacharan una caja de preservativos y un chupete. Entre tanto la farmacéutica observaba detenidamente mi cara. «Muchacho, ¿alguien te ha mirado esos granos? Ve a urgencias y que te receten algo fuerte. Si no vas a tener que pensar en comprar un parche o un ojo de cristal».

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Autobombo · Microrrelatos · Vida Moderna

El cazador cazado

Hace unos días paseaba con mi amada Costillita, una cerda que adopté tras escaparse esta de un matadero vecino en heroicas circunstancias. Mientras la gorrina buscaba barro donde revolcarse, recibí un correo con el fallo de cierto certamen literario de un pueblo de nombre impronunciable. Como es habitual, no encontré mi trabajo entre los premiados. Tampoco me sonaban los nombres de los autores seleccionados. Habitualmente, trato de evitar la tentación. Sin embargo, Costillita estaba tan inmersa en disfrutar de su exofilación urbana, que decidí investigar sobre los premiados. Al parecer el primer premio ya se había alzado con otro galardón un lustro atrás. Ni el nombre del relato había cambiado el muy villano.

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La Cuarentena De Los Necios · Vida Moderna

Los sextos compases del escritor

Los compases del escritor empezaban a entonar el son del final. Paradójicamente, estos no hacían amago de rebajar su intensidad o suavizar su tempo, sino que el rumor era cada vez más ensordecedor y el ritmo parecía imprimido por el diablo. Todo parecía indicar que de un momento a otro ocurriría el estruendo que antecede al silencio, a la calma y a la paz que todo escritor necesita para proseguir con su carrera hacia ningún lugar. No es que me asustara una vida bailando la danza del impostor, pero si pretendía alargar el baile tendría que volver a hilar palabras y enhebrar historias para dilatar el beneficio de la duda. Tras un proceso de años fantaseando con escribir una novela, planificando, redactando, aderezando, batallando, corrigiendo, puliendo, mandándola a la basura, amándola, odiándola, sugestionándome acerca de su calidad, buscando editorial, despachando y publicando, el ruido me había arrebatado cualquier atisbo de creatividad. En todo aquel proceso no había germinado ni una historia en mi mente. Tampoco recordaba haber plantado una semilla. Los compases del escritor me habían secado el cerebro.

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La Cuarentena De Los Necios · Vida Moderna

Los quintos compases del escritor

Emprender la publicación de un libro y enrolarse en el circo de la escritura es emprender una lucha constante contra las expectativas. Lo peor que uno puede hacer es tener expectativas. No es una filosofía que se ciña únicamente a la escritura, sino que conviene aplicarla para el resto de la existencia. Hay que arrancar de raíz toda expectativa, porque lo más normal es que jamás se cumpla y acabe generando frustración, desilusión, odio, adicción al pegamento o la necesidad de enrolarse en clases de bailes latinos. Me paso el día autoconvenciéndome de que mi mayor perspectiva debe ser únicamente la de sobrevivir al día. Nada más despertar me encierro en el aseo, me sitúo frente al espejo, frunzo el ceño, aprieto los dientes y grito masajeándome las sienes «Pa’ fuera expectativas, pa’ fuera expectativas, pa’ dentro realidad». No obstante, saben cómo seducirme y acaban por asfixiarme, dejándome una mísera bocanada que me mantenga con vida para que vuelva a caer en sus redes.

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La Cuarentena De Los Necios · Vida Moderna

Los cuartos compases del escritor

La mayor parte del trabajo de un escritor no se centra en la palabra, sino en la apariencia. Antes de convertirme en un autor publicado creía que la proporción debía oscilar sobre las tres cuartas partes. Ahora que he sido engullido por la ola de la impostura y el autoconvencimiento, mis estimaciones alcanzan el noventa y nueve por ciento, con un pequeño margen para el error. A nadie le importa tu obra, ni su forma, ni mucho menos su fondo. Por no importarle, no le importa ni a tu editor, ni a tu familia, ni a tu pareja, ni a ti mismo. Los libros, como tantos otros productos, son instrumentos que poco tienen que ver con la creatividad, el arte o la emoción. Son meros intermediarios de vanidades y facilitadores de una posición social que sólo vive en el sueño más ingenuo. Es por eso que la mayor parte del tiempo de un autor ha de invertirse en la construcción de su apariencia, de fomentar el engaño, de la reafirmación de algo que no eres. Y lo digo yo, que no soy más que un alter ego de nombre impronunciable que luce un disfraz que cada día me queda más grande.

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La Cuarentena De Los Necios · Vida Moderna

Los terceros compases del escritor

La vida de un escritor primerizo está llena de constantes sube y bajas. Tan de pronto un desconocido afirma que le está encantando tu obra para hacerte la pelota y las mieles del éxito obstruyen tus arterias, como al siguiente instante estás enterrado en la más absoluta miseria porque un conocido ha dado una interpretación distinta a la tuya respecto al color del cielo que describe la página 187. No existe el término medio en la publicación y eso es algo que convierte a la de escritor en una ocupación sumamente agotadora.

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La Cuarentena De Los Necios · Vida Moderna

Los segundos compases del escritor

Superada la euforia inicial de la publicación, las primeras dedicatorias y la transformación de la noche a la mañana en escritor, era momento de hacer promoción de la novela. Sé que el verdadero trabajo del autor acaba cuando la novela está enviada, aceptada y corregida. Pero ya que uno se pone a jugar a ser escritor, gusta tener lectores aparte de pareja, padres, chismosos y algún que otro despistado. En otras palabras, que esas cajas abarrotadas de ejemplares no se conviertan en alimento del polvo. Creí que con el trabajo de la editorial, el boca a boca y un par de posts en RRSS bastaría. No obstante, no caí en la cuenta de que la cantidad de vídeos de políticos bañándose en whisky distraerían al mundo entero de la genialidad de mi obra.

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La Cuarentena De Los Necios · Vida Moderna

Los primeros compases del escritor

Ciertamente mis primeros días como escritor no están siendo como yo esperaba. He de reconocer que, después de treinta y dos años esperando este momento, quizá había idealizado la acción de poner papel y tinta a una historia con demasiados humos. No sé muy bien qué se suponía que debía hacer o decir, así que consulté a YouTube. Según un tutorial protagonizado por EscritorPetándolo74, lo más importante era la imagen que queríamos proyectar. El youtuber gritaba excitado que un escritor había de vestirse como corresponde a su condición: elegante pero procurando hacerse el interesante, aunque en el fondo no haya nada. Debido a su aplastante lógica, asentí al argumento y me despojé de mi conjunto formado por camisa de tirantes y calzones roídos.

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Microrrelatos · Vida Moderna

Mundo imbécil

Es increíble lo bien que rota el planeta Tierra con la cantidad de imbéciles que lo habitan. Me despierto y tomo un café mientras la radio desliza las noticias. Pregonan una nueva extinción, la última ya no la mencionan. Corro a la parada del autobús, pero el conductor decide pasar de largo regándome con el agua embarrizada de un charco. Entro en la oficina un minuto más tarde del horario previsto. Mi compañero hace como que trabaja y me restriega que pasó el fin de semana en un parador a cuerpo de rey, mientras recuerdo que lo más emocionante que hice fue olvidar el teléfono móvil en la lavadora. El jefe me llama a su despacho furioso por el retraso. Además no le gusta mi anterior informe y me exige uno nuevo de forma urgente. Le pido amablemente que señale qué análisis están errados o con qué puntos no está de acuerdo. No lo ha leído, confiesa con una sonrisa, pero sostiene que disfruta torturándome.

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Bocachancladas · Vida Moderna

La visibilización mutua

Es 9 de marzo, un día después del 8M. Tal día las fachadas de los edificios públicos amanecían con pancartas en apoyo a la lucha por la igualdad, los balcones adornados con globos morados y las calles vestían con cartelería reivindicativa. Los programas de televisión y radio dedicaron horas a ensalzar el papel de la mujer, repasar la biografía de mujeres fundamentales para entender la humanidad y señalar las desigualdades sociales producidas por el sexo. Este año se retomaron las manifestaciones multitudinarias y otras concentraciones espontáneas. También los lazos violetas poblaban los puestos del mercado, indumentarias laborales y mascarillas. Se organizaron charlas, homenajes y mesas redondas cediendo el protagonismo a las mujeres.

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Relatos · Vida Moderna

La gran noticia #3

Lee La gran noticia #1
Lee La gran noticia #2

La última vez que caí enfermo contaba con cinco años de edad, hace más de un cuarto de siglo. Creo recordar que fue a causa de un brote de gripe que se difundió por medio colegio y estuve entrando y saliendo de la cama alrededor de una semana. Puede, no obstante, que mi memoria haya deformado dicho acontecimiento pues aquel recuerdo está situado en el filo del comienzo de mi memoria. A decir verdad todos los recuerdos que tengo cercanos a esa edad, como asombrarme por ver una ciudad espléndida desde la ventanilla del coche de mi padre o agacharme dentro de la bañera para que mi madre recorriera mi cuerpo con la esponja, no sé si en realidad ocurrieron o son una paulatina deformación de mis recuerdos. El caso es que desde aquel momento jamás había faltado al colegio, al instituto, a la universidad, a ninguna de mis variopintas maneras de ganarme la vida, a una acampada o a un concierto aludiendo por motivo una enfermedad. No ha habido anginas, tos, afonía, circuncisión o resaca que haya conseguido derribarme. Ahora, una carcasa de plástico me obligaba a pasar una semana encerrado en una habitación.

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Relatos · Vida Moderna

La gran noticia #2

Lee La gran noticia #1

“Estás ardiendo. ¡Ay, Dios, que has cogido la covid! Corre a hacerte un test de antígenos”. Aunque la conjetura de mi novia fuera cierta, ¿es que acaso no podía irme a dormir al sofá y hacer la prueba la mañana siguiente? Ningún artículo científico ha apuntado aún que el virus pueda coger la puerta e irse de vacaciones. ¿En qué momento habíamos perdido la capacidad de soportar la incertidumbre unos minutos? Hemos evolucionado, desde luego, pero en las cosas más básicas a peor. A mi pareja la llevo conociendo un tiempo y por fin empiezo a darme cuenta de qué guerras no merece la pena librar. En nuestros comienzos hubiera disfrutado de una buena contienda por ver quién de los dos es más cabezón, de la lucha dialéctica y ver la sangre del enemigo correr bajo mis barricadas, de las batallas con forma de discusión, de los retrocesos de líneas mediante silencios, de la retirada para rearmarse de razones y, en último lugar, de firmar un placentero armisticio con los cuerpos desnudos y bañados de lujuria y redención. Así pues, me incorporé en un lado de la cama sin saber muy bien si estaba en casa o si aún seguía rodeado de la muchedumbre del sueño con el tipo de la capa negra acechando. “Claro que sí, cariño, hazme el test y todo lo que tú quieras”, contesté fingiendo dulzura. Mi pareja es una persona de altas capacidades, entre las que destaca la saña con la que maneja la prueba de antígenos. Si se lo propone, es capaz de introducir el hisopo con tal precisión que con él puede acariciarte los pulmones, los riñones o el tuétano. En cuestión de segundos las gotas de reactivo mezclado con la muestra de mis fosas nasales y garganta estaban siendo analizadas en una carcasa de plástico de fabricación china. Al pasar la mano por la frente comprobé que estaba ardiendo y una masa viscosa taponaba mi nariz. El resultado, sin embargo, fue inequívoco: negativo.

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