Vida Moderna

Modernidad rural

Durante estas vacaciones de Semana Santa pretendía irme a descansar a un lugar aislado. Mi intención era destinar el tiempo libre en paseos en la montaña, escribir en silencio, hacer desaparecer el estrés y rodearme de los ásperos, pero serviciales, habitantes de los pueblos. En una famosa plataforma de alojamientos encontré un cortijo enclavado en un pueblo de Las Alpujarras, a buen precio, sin televisión ni wifi. Lo que no podía sospechar es que ya no existe tal aislamiento.

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Bocachancladas·Vida Moderna

Hacer lo justo

No soy de esas personas que se acuerdan de citas célebres o recomendaciones vitales. Generalmente, prefiero inventármelas y sembrar la duda de si son verídicas o si simplemente aguardo mi turno para ingresar en un manicomio barato. No obstante, últimamente me viene a la cabeza algún recuerdo enterrado en varias capas de polvo.

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cuarentena·Microrrelatos

Control proverbial

El carné de identidad y el billete temblaban en mis manos. Una hilera de policías custodiaba el acceso a los andenes.

—¿Hacia dónde se dirige, caballero? —inquirió un agente con tono autoritario.

—Mmm… Eh… —comencé a titubear. ¿Cómo no haber pensado un discurso convincente? Entonces recordé una cita que había leído en el aseo de un tugurio de mala muerte—. “Nadie es dueño de su destino, sólo somos polvo en suspensión esperando echar a volar”.

—Adelante, ¡tenga buen viaje!

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Vida Moderna

Descarga de penas

Nada más verla, la excitación amenaza con desbordarme. Para nuestros encuentros, SuicideGirl94 se suele vestir con una camisa blanca ajustada y una falda vaquera que se pega a sus muslos generosos. Se va desabrochando los botones de forma juguetona, dejando entrever unos pechos que apenas puede contener el sujetador. Su piel pálida se alterna con todo tipo de tatuajes estrafalarios y un moño tintado de azul. Observo cómo se contonea tumbado sobre el sofá. Cuando mana la humedad, me bajo el pantalón del pijama de ositos. El creciente tintineo de monedas anuncia que SuicideGirl94 va a jugar con el vibrador que se menea en su vagina de forma mecánica.

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Bocachancladas·Vida Moderna

La visibilización mutua

Es 11 de marzo, tres días después del 8M. Las fachadas de los edificios públicos amanecieron con pancartas en apoyo a la lucha por la igualdad, los balcones adornados con globos morados y en las calles asomaba cartelería reivindicativa. Los programas de televisión y radio dedicaron horas a ensalzar el papel de la mujer y señalar las desigualdades sociales producidas por el sexo. A falta de manifestaciones multitudinarias, espontáneas concentraciones se sucedieron, mientras los lazos violetas poblaban los puestos del mercado, indumentarias y mascarillas. Se organizaron charlas, homenajes y mesas redondas cediendo el protagonismo a las mujeres.

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Cuba·Reseñas

Como polvo en el viento — Leonardo Padura

Una de las mejores formas de conocer el sentir de un pueblo es mediante su movimiento. Debido a su enclave estratégico y su pasado a ritmo de oscilaciones coloniales y gritos de independencia, la genética cubana no conoce la quietud ni el reposo. En una realidad cada vez más globalizada y esquiva a la estabilidad, la diáspora del pueblo cubano se ha acentuado fruto de la oposición del modelo político y económico al conglomerado capitalista. Desde un punto de vista humano, el escritor cubano Leonardo Padura retrata esta diáspora en Como polvo en el viento, una novela extensa y profunda, cargada de crudeza y emoción con posos de esperanza en un futuro mejor.

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Madrid·Vida Moderna

Odio las puertas cerradas

No soy de esas personas a las que les avergüence odiar o pida perdón por hacerlo. Me cuesta amar a las personas que tiran comida a la basura; no trago a los que se mueven con automóviles potentes para presumir de una supuesta superioridad; tampoco me despiertan simpatía los caseros que exprimen a sus inquilinos y ofrecen el mobiliario que heredaron de sus difuntas abuelas; y me produce asco el que ejerce su autoridad para reprimir sin justificación a un semejante. Dentro de mi lista de odio, con o sin ninguna justificación, también figuran objetos como el microondas, el paraguas o el pelador de patatas. Desde que vivo en Madrid, las puertas se han situado en el centro de mis iras.

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Relatos

¿Eres escritor?

No existe la falta de inspiración. Lo que falta son horas de autobús. El trayecto Madrid—Granada, y viceversa, se ha convertido en mi particular laboratorio de ideas. Fuera de cualquier distracción, bajo un silencio sepulcral y con el único atractivo de ver cómo el gris de la polución va transformándose en el verde de los campos de olivos, se adueña del viajero su alter ego narrador.

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Madrid

Cercanías sin destino

Una de las cosas que más asombran a un gañán recién llegado a la capital es la ingente y variada cantidad de sus comunicaciones. Acostumbrado a una única línea de tranvía en Granada, la cual conecta a Albolote con Armilla, la red de metros, metros ligeros y cercanías de Madrid requiere unas horas de estudio. Las grandes poblaciones están conectadas y recorrerlas es sólo cuestión de paciencia. Lo que nadie me había advertido es de las innumerables desventuras que acechan.

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Microrrelatos

San Valentín en la dehesa

Siempre había detestado San Valentín hasta que conocí a Amanda. Junto a varios centenares de ejemplares uniformes de nuestra especie, habitábamos hacinados en una granja enclavada en las profundidades de un bosque de encinas y alcornoques. Amanda era especial. Se contoneaba por la dehesa con movimientos refinados y demostraba una voracidad excepcional en otoño, durante la época de bellotas.

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Relatos·Vida Moderna

La amiga de mi madre

Aunque me pase media vida despotricando contra él, he de admitir que el capitalismo salvaje tiene sus ventajas. Sin ir más lejos, ha conseguido que yo, una persona carente de afecto, sin alma y fría, sea capaz de demostrar sus sentimientos mediante una tarjeta de crédito, un par de clicks y explotar al sufrido e incansable repartidor de Amazon. Nada más llegar el paquete, tu abuelo queda complacido con su paquete de viagra del Himalaya. Tu padre rebosa felicidad por su nueva motosierra, aunque no tengamos jardín. Tu primo de doce años, rebelde e indomable, te trata de divinidad por comprarle un videojuego que le permite ponerse en la piel de un narcotraficante en las favelas de Rio de Janeiro. Sin embargo, el capitalismo tiene esa capacidad de que lo que surge como una solución inmediata puede tornarse en un problema a la larga.

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Autobombo

Ópera prima

Tras meses de arduo trabajo y varias botellas de ron dominicano en el cuerpo, he terminado de revisar y releer mi primera novela. La he titulado Siete detrás de un bollo. Le he dado vueltas, he probado a aligerarla, cambiar el nombre a los protagonistas y hasta desordenar los capítulos, pero honestamente, es horrible. No hay por donde cogerla, es soporífera y ni siquiera atisbo de qué trata. He intentado hacer una hoguera con el manuscrito, pero ni para eso sirve. La he despedazado y se la he dado de comer a las ratas, pero amablemente me la han devuelto porque prefieren las obras de Jiménez Losantos. No tengo alternativa, tendré que probar con alguna editorial.

Reseñas

Dracula – Bram Stoker

He dedicado mi primera lectura del año al clásico de terror Dracula, firmado por el irlandés Bram Stoker allá por 1897. No tuve ninguna motivación especial para decantarme por éste más allá de calmar la voracidad. Cuando acabo una lectura, no suelo tardar más de dos segundos en elegir otra. Antes uno se acercaba a la biblioteca o a la librería con la emoción de la novia que va a probarse su vestido. Ahora el acto se resume en apretar a lo sumo dos botones de tu dispositivo. Nada más empezar a leer me digo a mí mismo “¡Joder!, tendría que haber leído aquella otra, la que llevo más de diez años posponiendo” o “¡Rediós! Si tenía apuntado la de aquel autor novel con el que me comprometí y que ahora me acosa por privado en Facebook”. A Drácula lo tenía en mi proyecto de compensar la aversión generacional a los clásicos y mitigar la necesidad de consumir material nuevo. Calculo que en tres vidas y media podré culminarlo.

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