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Querido 2020

Querido 2020,

Ahora que con tu reciente partida has dejado de ser el centro de atención, me gustaría dirigirte unas palabras. He de decir que no suelo escribir a los años, que me produce dolor de cuello echar la vista atrás y que, normalmente, trato de mirar hacia adelante. Sin embargo, tras la ola de críticas y ofensas que has recibido en tu lecho de muerte, me parecía justo solidarizarme contigo y mostrarte algo de afecto.

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Relatos·Vida Moderna

El hombre pegado a una boina

En esta Navidad me han regalado una boina. Reconozco que soy una persona difícil de obsequiar. Salirse de calcetines lisos, calzones oscuros o una lata de mejillones en escabeche supone toda una osadía. Así pues, cuando recibí el paquete y palpé su silueta, un bufido sonoro me vino instantáneamente a la boca. Afortunadamente, pude contenerlo y me abracé a mi pareja fingiendo emoción. La boina estaba hecha con una lana suave de rayas con tonalidades marrones, fabricada con cariño en una fábrica de algún remoto lugar de la geografía china.

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Reseñas

La forja – Arturo Barea

Penúltima lectura del año dedicada a La forja de Arturo Barea. Junto a La ruta y La llama forman la trilogía de La forja de un rebelde, un enclave en formato autobiográfico que sirve de escenario para situar el contexto social y político de España a comienzos de siglo XX. Una obra que hasta hace bien poco no había oído nombrar y que durante años estuvo censurada y después abandonada, reducida a un fetiche de los círculos de izquierda, añadiendo más fuego a la idea de que la historia la escriben los vencedores.

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Microrrelatos·Navidad

Regalos para el ego

He pasado toda la mañana en busca de regalos. Como buen procrastinador lo he fiado todo a la inspiración del último momento. A decir verdad, el único regalo que me faltaba era el de mi querido ego, al cual bauticé como Salustiano Petulante. Aunque siempre me repite que no le hace falta nada, luego se pone hecho una furia si Santa Claus no se acuerda de él.

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Bocachancladas·cuarentena·Navidad

Responsables en Navidad

Llevo semanas trazando una estratagema para Navidad. Respetando las medidas sanitarias, mi idea era pasar las fechas señaladas con mis padres, hacer la protocolaria visita a la familia política y reunirme con viejos amigos para ponernos al día sobre antiguos trapicheos y futuras escaramuzas. Algunos de ellos no sé si siguen vivos o murieron durante este trágico año, pero el espíritu navideño también es interesarse por quien realmente no te importa.

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Autobombo·Navidad

Relatos navideños

Aunque esta Navidad se presente de forma atípica, me gustaría compartir con vosotros un poco de dudoso espíritu navideño. A continuación rescato algunos textos que escribí embriagado por el olor a incienso, empachado de turrón y mazapanes y convaleciente de un ataque epiléptico tras ver las luces que cuelgan de nuestras calles. Como siempre, disculpen el bochorno. Aprovecho para desear unas felices fiestas.

El milagro de Santa: Un Santa Claus psicodélico ha llegado a la ciudad desafiando la Nochebuena y las normas de convivencia.

Falaz Navidad: Recuerdos infantiles sobre una Navidad que se llevó por delante mi candidez.

El Belén de 1992: Ha nacido un nuevo niño Jesús que desde muy joven será consciente de las miserias del sistema. ¡Crucifixión o regalos bajo el árbol!

Turrón duro: Se aproxima la Navidad más triste de Ramón. Su hijo Toni está en la cárcel, pero siempre hay un rescoldo de esperanza en Nochebuena.

Navidades extraordinarias: Recopilatorio gratuito de relatos navideños junto a otros genuinos compañeros de escritura.

Madrid

Anónimos en la noche

Madrid está plagado de viejos amigos, conocidos y otros seres mitológicos. No hay nadie que no tenga un pariente retirado o una antigua deuda en la capital. En mi caso, mi padre insiste en que escriba a un primo de mi abuela que vive en el centro, que tiene hijos de mi edad y que debería tomar el té con ellos de vez en cuando. Sin querer herir su sensibilidad, asiento y olvido guardar su número de teléfono. Antiguos compañeros del instituto y carrera también acabaron en Madrid. Me produce una terrible pena no poder contactar con ellos, dado que nunca tuvimos relación y que si me los encuentro por la calle aceleraré el paso esperando que ellos adopten la misma actitud. Antes de llegar, me enteré de que una novia que tuve en el instituto vive por aquí. Aterrado, inventé un nombre falso y ensayé acento esloveno en caso de cruzármela. No conviene repetir errores.

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Microrrelatos

La disyuntiva

Día tras día me persigue la misma disyuntiva. Aunque no emplea técnicas de persuasión, tarde o temprano obliga a tomar una de sus dos alternativas. Algunos ya lo hicieron y ahora disfrutan o maldicen su decisión. Los primeros pasean con gesto de suficiencia. Me observan como si fuera transparente y mis palabras apenas consiguen rozarles. Los segundos se mueven atropelladamente, angustiados por la crudeza del reloj y despotricando contra su propia finitud. Se juran que un día cambiarán de decisión. Sin embargo, nadie ha podido redoblar la disyuntiva.

Paseo sobre las lindes de la disyuntiva. Me debato entre ser acunado por los brazos del cinismo o resistir y acabar devorado en cualquier callejón. Entonces, cuando estoy a punto de decidirme, me pinto la cara y me enfundo el disfraz de payaso. Me acerco al parque, me alzo sobre un banco y grito: “Hoy no voy a decidir, mañana ya veremos”. Momentáneamente, la disyuntiva desaparece.

Bocachancladas·Vida Moderna

Adictos a la inmediatez

En ocasiones me divierto repasando obra y milagros de personajes decadentes. Supongo que es una forma de decirme “en comparación con ese cadáver andante, no estoy tan mal”. No existen paliativos para calificar esta práctica: es patética. Una diana recurrente son mis antiguos compañeros de colegio. Espío sus perfiles en redes sociales y encuentro consuelo en las barrigas que cuelgan de sus antiguos cuerpos atléticos, selfies portando a sus churumbeles en cementerios de neumáticos ardiendo o que el gamberro que machacaba al profesor de literatura se haya convertido en poeta de bragueta. Probablemente, ellos hagan algo parecido conmigo. La hipocresía es una sustancia que conviene compartirla en lugar de acapararla.

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Madrid·Relatos

El peso del dinero

A los pocos días de llegar a Madrid, empecé a notar una presión inusitada sobre el cuello. En primera instancia pensé que sería consecuencia del cambio de altura o de la contaminación. El peso aumentaba por días y mi figura se encorvaba progresivamente. Una tarde que paseaba por las inmediaciones de Atocha, el agotamiento me obligó a detenerme en una de las entradas principales. La gente entraba a cuentagotas constantes mientras salía en mareas periódicas. Mis ojos se centraban en las formas que describían las espaldas. Asombrosamente, la proporción de chepudos era aplastante entre la población adulta.

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Microrrelatos

El otro Diego Armando

Se hacía llamar Diego Armando. Lo conocí cuando era un chaval. No era una persona cualquiera, era un hombre pegado a una bota de cuero. En ella maceraba un brebaje mágico compuesto por restos de latas, botellines y cartones que encontraba por el suelo. Aunque decían que era de Chiclana, gastaba un marcado acento porteño. Paseaba por el barrio luciendo una peluca de rizos negros y un chándal roído por el tiempo y el genio. Acostumbraba a detenerse frente a las cuadrillas de chavales a pedir priva. A cambio rememoraba algunos pasajes de su célebre existencia. Narraba con emoción aquella vez en que Dios le ayudó a eliminar a Inglaterra en el Mundial. Después echaba a correr por el césped y daba un enérgico brinco para celebrar su gesta. También solía hablar de sus visitas a Fidel Castro, al que se refería como el profeta, confesando que éste era capaz de convertir el agua en vino y devolver la visión a los ciegos. Se despedía abruptamente con la excusa de que tenía que ir a entrenar a Boca o comentar un partido para la televisión.

Las últimas veces que topé con Diego Armando estaba muy venido a menos. Acompañado de su inseparable bota de cuero, se quejaba del trato que le daba la prensa, de sus desengaños amorosos y de las facturas que le estaban pasando los excesos. Repetía que sólo quería descansar y reunirse con el de arriba. Desde ayer, los dos Diego Armando corren la banda izquierda del Cielo bajo la atenta mirada de Dios.

Microrrelatos

Cinco horas de autobús

Cinco horas de autobús es el peaje más económico para viajar de Granada a Madrid. En vez de un tributo, me gusta tomármelo como una inversión.

Aprisionado en el asiento 43, con el ordenador sobre mis rodillas, celebro que el algoritmo de la compañía haya dejado el 44 vacío. Sobre él reposa mi optimista nómina de quehaceres: una carpeta de documentos urgentes que la pereza me impide revisar; un eBook con cuatro clásicos abandonados en el primer capítulo; una cantimplora de la que, por motivos de salud, está terminantemente prohibido beber; un panfleto que explica la creación del universo según los testigos de Jehová; y una libreta que siempre me acompaña para hacérmelas de interesante. Escribo: “El narcisismo está deforestando el bosque de la humanidad. Somos caminantes solitarios en el desierto”. Desde Iznalloz hasta Bailén repito el extracto en voz alta mientras me imagino alzando el Nobel de la Paz o el Roland Garros.

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Relatos

La zanja de la paternidad

Estoy llegando a una edad muy delicada. No me preocupa adentrarme en el ecuador de la vida o haberlo traspasado y estar perdiendo el tiempo en lugar de elegir una bonita urna funeraria. Tampoco me molesta levantarme y descubrir zonas de mi cuerpo fruto de su oxidación; el aumento exponencial de la duración de las resacas; haber cambiado los estruendosos casetes de Eskorbuto y Cicatriz por listas de jazz para pusilánimes; o mirarme en el espejo y descubrir que me estoy convirtiendo en mi padre. Todos estos cambios, aunque penosos, son predecibles al formar parte del orden natural de las cosas.

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Madrid·Relatos

A la caza del famoso

Desde que llegué a la capital no paro de toparme con gente famosa. Los autóctonos son conscientes de que la gente importante suele afincarse en su ciudad y no se inmutan lo más mínimo si ven al presentador de ‘La ruleta de la suerte’ practicando la cleptomanía en una tienda de lencería femenina. Sin embargo, para un recién llegado de provincias como yo, vivir entre la crème de la crème es una circunstancia que genera una tensión permanente y el riesgo de cortocircuitar.

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