Relatos

Tinta en espera

A falta de media hora para las dos, José Saravago despierta. En comparación con el resto de días, podría afirmarse que el escritor ha madrugado. No es para menos, Saravago se ha propuesto rematar su ansiada ópera prima, titulada El dulce crepitar de las pelusas. A decir verdad, las musas le susurraron primero el título y después tomó prestada una trama cualquiera.

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Autobombo

Finalista en Concurso de Relato Ecoparque de Trasmiera

Mi relato Todos los caminos ha sido seleccionado como finalista en el IV Concurso de Relato Breve Ecoparque de Trasmiera . Este sábado será la entrega de premios y viajaré hasta Arnuero (Cantabria) para conocer el fallo y celebrarlo como merece. Es mi primer viaje con motivo de un certamen literario y la primera vez que podré asistir a una gala en vivo. Ya tengo mi mejor camisa de escritor en la mochila.

Felicidades también a los compañeros seleccionados y mil gracias al jurado y a los organizadores por la distinción y el programa de actos que tenemos durante el fin de semana. Adelante!

Relatos

Sobre concursos literarios

El joven que escribía pensó que sería buena idea presentar sus torpes palabras a un certamen literario. Quería que sus historias volaran hacia ojos críticos, medir su ego con el de otros desconocidos que también se manchaban por afición las manos de tinta y si el camino le repercutía un pellizco, una comilona o una entrevista, mucho mejor. Tras una búsqueda concienzuda, dio con un concurso que convocaba el ayuntamiento de un pueblo perdido entre olivos y almendros. El tema era libre, así que compuso un texto sobre un sanguinario pirata que se quedaba repentinamente en paro y se reciclaba como monitor de comedor escolar.

Le añadió una pizca de picante y sal a la historia y metáforas de tres al cuarto, sin pasarse pues los paladares de los jurados de hoy en día se habían vuelto tibios, siendo alto el riesgo de salar, empalagar o amargar. El joven que escribía pasó noche y día escribiendo, mientras en su casa se amontonaban los cartones de pizza y el papel de aluminio de kebab que conformaban su único método de supervivencia. Después lo repasó una y otra vez, lo pulió, intercambió el final con el principio diez veces. El pirata se transformó sucesivamente en payaso, mafioso, cura, león y de nuevo pirata. Casi cuando estaba por mandarlo, se lo dejó ver a dos o tres amigos de su confianza. Le dijeron que era lo mejor que se había escrito desde ‘El Alquimista’, por lo tanto supo que todo estaría mal, el tema manido y el final previsible. Finalmente, aburrido de leer y releer, se decantó por entregarlo.

Cuando fue a enviarlo, el mismo día que finalizaba el plazo de presentación, dio cuenta de que debía rellenar veinte formularios, una cesión de derechos, enviar una autobiografía, completar una plica, adjuntar el libro de familia, su calendario de vacunas y un jeroglífico egipcio resuelto. Una vez estaba toda la documentación en su correo, comprobó que el tiempo había expirado. Maldita sea, gritó junto a ciento veinticinco improperios más. Incluso pensó en el suicidio con una nota dedicada al jurado del concurso.

Finalmente, sereno, consultó la fuente donde había encontrado el certamen y descubrió que había un millón más. Ahora su historia esta en manos de una ganadería vacuna, la cual elegirá al relato ganador según sea la intensidad del bramido en aprobación de su ternero Eufrasio, aficionado a devorar pastos frescos y las páginas de ‘Crepúsculo’ y ‘Cincuenta Sombras de Grey’.

Segunda parte en el El vuelo del vencejo