Relatos

Tinta en espera

A falta de media hora para las dos, José Saravago despierta. En comparación con el resto de días, podría afirmarse que el escritor ha madrugado. No es para menos, Saravago se ha propuesto rematar su ansiada ópera prima, titulada El dulce crepitar de las pelusas. A decir verdad, las musas le susurraron primero el título y después tomó prestada una trama cualquiera.

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Finalista el certamen ‘Madrid Sky’

Estoy encantado de anunciar que mi relato ‘Tinta en espera’ ha sido seleccionado como finalista en el IX Certamen Literario Madrid Sky. Agradezco al jurado su distinción y a Primaduroverales por la organización. Mi enhorabuena al resto de finalistas.

El próximo 23 de junio será la entrega de premios. No sé cómo podré estar en la presentación de La cuarentena de los necios en Madrid y en la gala al mismo tiempo, pero seguro que algo inventaremos.

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Segundo Premio Narrativa Breve Géminis

Mi relato ‘El sábado por delante’ ha sido seleccionado como segundo premio de la categoría senior del XXII Premio de Narrativa Breve Géminis, convocado por las concejalías de Cultura y Juventud del Ayuntamiento de Aspe (Alicante). El primer premio ha recaído en el escritor Fernando Ugeda. Mis felicitaciones a los seleccionados y mi enhorabuena a los organizadores por la iniciativa. Este domingo se celebrará el acto de entrega, en el teatro Wagner de la localidad. Aunque no podré estar, estaré muy bien representado por mis padres. De tanto en tanto se agradece un reconocimiento en este complicado entorno. El relato ya está disponible en este enlace. Fotos de la entrega. Adelante!

Relatos · Vida Moderna

Certamen de gruñidos porcinos

No debería, pero he vuelto a caer en el peor error que puede cometer un aspirante a escritor. He leído los relatos finalistas del XIV Certamen Literario ‘Come jamón, escribe un montón y engorda el corazón’, al cual me presenté. Suelo lanzar mis textos a estos concursos con la misma convicción con la que un universitario se presenta a un examen tras haber estudiado sólo la noche de antes. La mayoría de veces no obtengo respuesta, incluso si figuro entre los seleccionados, a no ser que los organizadores quieran vender el recopilatorio compuesto por otros quinientos seleccionados. En esta ocasión, me enteré del fallo por una casualidad fatal: comprando un paquete de lonchas de jamón envasadas al vacío en la web de Tocino Feliz, la empresa organizadora del certamen.

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‘Otro día más’ seleccionado por La Oruga Azul

Estoy muy contento de anunciar que mi relato ‘Otro día más’ ha sido seleccionado en el concurso “El sombrero de tres picos” para un número especial de la revista ABSOLEM. Dicho concurso estaba organizado por la Asociación La Oruga Azul, radicada en Guadix (Granada), y en esta ocasión la temática era el mundo rural. El texto trata de narrar un día en la vida de mi abuelo y sus quehaceres agrícolas, interminables y extenuantes, ejecutados con una humildad y una entereza de la que me siento especialmente orgulloso.

En este enlace se puede leer el fallo del concurso, así como la selección de los relatos ganadores y los seleccionados para un futuro recopilatorio.

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Finalista Certamen de Relato sobre Vida Universitaria

Esta mañana he recibido la notificación de que mi relato ‘La ecuación de la incertidumbre’ ha sido finalista en la XIV Edición del Certamen Internacional de Relato Breve sobre Vida Universitaria, organizado por la Biblioteca Universitaria de Córdoba. En la misma participaban un total de 111 relatos provenientes de multitud de países europeos y latinoamericanos. Junto a los ganadores y otros finalistas, el relato será publicado en una antología editada por la Universidad de Córdoba.

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Sobre concursos literarios

El joven que escribía pensó que sería buena idea presentar sus torpes palabras a un certamen literario. Quería que sus historias volaran hacia ojos críticos, medir su ego con el de otros desconocidos que también se manchaban por afición las manos de tinta y si el camino le repercutía un pellizco, una comilona o una entrevista, mucho mejor. Tras una búsqueda concienzuda, dio con un concurso que convocaba el ayuntamiento de un pueblo perdido entre olivos y almendros. El tema era libre, así que compuso un texto sobre un sanguinario pirata que se quedaba repentinamente en paro y se reciclaba como monitor de comedor escolar.

Le añadió una pizca de picante y sal a la historia y metáforas de tres al cuarto, sin pasarse pues los paladares de los jurados de hoy en día se habían vuelto tibios, siendo alto el riesgo de salar, empalagar o amargar. El joven que escribía pasó noche y día escribiendo, mientras en su casa se amontonaban los cartones de pizza y el papel de aluminio de kebab que conformaban su único método de supervivencia. Después lo repasó una y otra vez, lo pulió, intercambió el final con el principio diez veces. El pirata se transformó sucesivamente en payaso, mafioso, cura, león y de nuevo pirata. Casi cuando estaba por mandarlo, se lo dejó ver a dos o tres amigos de su confianza. Le dijeron que era lo mejor que se había escrito desde ‘El Alquimista’, por lo tanto supo que todo estaría mal, el tema manido y el final previsible. Finalmente, aburrido de leer y releer, se decantó por entregarlo.

Cuando fue a enviarlo, el mismo día que finalizaba el plazo de presentación, dio cuenta de que debía rellenar veinte formularios, una cesión de derechos, enviar una autobiografía, completar una plica, adjuntar el libro de familia, su calendario de vacunas y un jeroglífico egipcio resuelto. Una vez estaba toda la documentación en su correo, comprobó que el tiempo había expirado. Maldita sea, gritó junto a ciento veinticinco improperios más. Incluso pensó en el suicidio con una nota dedicada al jurado del concurso.

Finalmente, sereno, consultó la fuente donde había encontrado el certamen y descubrió que había un millón más. Ahora su historia esta en manos de una ganadería vacuna, la cual elegirá al relato ganador según sea la intensidad del bramido en aprobación de su ternero Eufrasio, aficionado a devorar pastos frescos y las páginas de ‘Crepúsculo’ y ‘Cincuenta Sombras de Grey’.

Segunda parte en el El vuelo del vencejo