Reseñas

Rizzoli: La vera storia di una grande famiglia italiana

En el 75 aniversario de su liberación del fascismo, echo de menos a mi amada Italia. Dos semanas después de dejar sus contradicciones, la inmensidad de su cultura y su paulatina decadencia, la literatura me acerca a su historia contemporánea. Momentos antes de dejar Calabria, di un pequeño paseo por su aeropuerto fantasma. Allí encontré un quiosco, cuyo tendero contaba con resignación que abría sin clientes. De una pila de libros amontonados entre golosinas y periódicos, pedí recomendación mientras la megafonía apremiaba a dirigirme urgentemente al embarque. El argumento de que al padre del amable vendedor le había encantado me convenció para comprar la sugerencia.

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Los Asesinos Del Emperador – Santiago Posteguillo

No podía ser en otro sitio que en Roma donde finalizara Los Asesinos Del Emperador, una lectura que me ha ocupado un total de siete meses. No es para menos, ya que la novela narra de forma extensa la caída de la dinastía Flavia que daría paso a la subida al trono de Trajano, el primer emperador hispánico de Roma. La firma es de Santiago Posteguillo, encargado de mezclar, sin grandes alardes literarios, la rigurosidad de los acontecimientos y la maraña de entresijos sentimentales dentro y fuera de palacio con cierta fantasía. Así pues, nos encontramos ante una obra histórica entretenida y atractiva para el público de masas.

 
El autor, profesor titular de la Universidad Jaume I de Castellón, se dio a conocer en el entorno literario allá por el año 2006 con su trilogía dedicada a Escipión el Africano: un importante general y político romano, del que se cree que fue capaz de vencer al ejército cartaginés comandado por Aníbal Barca, y hacer que Cartago se rindiera a Roma después de la Segunda Guerra Púnica. Tras saltar un período más trascendental de Roma en cuanto a historia y literatura se refiere, en el que sobresalen las figuras de Julio César, Marco Antonio, Augusto, Calígula o Claudio; Santiago Posteguillo emprende en 2011 una nueva trilogía, acerca de la figura de Marco Ulpio Trajano, con Los Asesinos Del Emperador, prolongada por Circo Máximo en 2013 y con una última entrega en fase final de su redacción.
 
El libro nos remonta a finales del Siglo I d.C., instantes antes de que la conspiración contra Domiciano, emperador de Roma, se ejecute. Después de dar una perspectiva social y política de un imperio resquebrajado debido al paranoico mandato de su emperador, la trama regresa al agitado reinado de Nerón, rememorando su célebre incendio, en el 63 d.C., para motivar minuciosamente la conjura citada. Entre tanto, la inestabilidad se cierne sobre Roma: las guerras civiles desangran el poder del imperio y ninguno de los fugaces emperadores–Galba, Otón y Vitelio– es capaz de poner cordura hasta la llegada de la dinastía Flavia al poder, con Vespasiano primero, su hijo Tito después y el despiadado Domiciano por último.
 
La narración entrelaza diversos sucesos aislados en tiempo y espacio que paulatinamente se ensamblan como piezas de un puzle casi perfecto. Cabe destacar la inclusión de la construcción del Coliseo y su posterior reforma, la persecución a los primeros cristianos, el desgraciado devenir de gladiadores, la existencia de gladiadoras, el costoso asedio a Jerusalén y las batallas en la frontera del Imperio con Britania, Germania, el Danubio o Partia. Es en la faceta bélica, entre otras, donde se aprecia el gusto por el detalle y el rigor de la obra, lo cual conduce, en ocasiones, al letargo. Una muestra sobre la conquista de Jerusalén:
 
Las maderas de la rampa crujían al sostener el tremendo peso de un ariete montado sobre gigantescas ruedas y el peso de una monumental torre de asedio que le seguía, con dos escorpiones instalados en su último piso, toda ella llena de arqueros, legionarios y auxiliares armados con flechas, lanzas y protegidos por sus grandes escudos rectangulares y cóncavos. Las maderas crujían y los clavos que la sostenían se tensaban hasta lo indecible, pero los ingenieros romanos lo tenían todo calculado con exactitud y, además, ya llevaban varias rampas construidas para la conquista de los muros exteriores de la ciudad. […]
Trajano empezó a subir por la rampa, pero, de pronto, cuando sólo llevaba —en esta ocasión para su fortuna— una decena de pasos sobre aquellas vigas de madera, los crujidos de la base de la rampa se transformaron en un ensordecedor estruendo y lo inimaginable, lo imposible, lo que nunca antes había ocurrido, aconteció: Trajano perdió el equilibrio porque la base que le sustentaba parecía moverse sola, y en su caída contempló cómo el gigantesco ariete y la inmensa torre de asedio se venían abajo, en pie aún, pero hundiéndose en una maraña brutal de madera que se deshacía en su base y se desplomaba, no hasta caer en el suelo sobre el que se había levantado, sino aún más, hundiéndose torre y ariete y arqueros y escorpiones y auxiliares y legionarios en las profundidades de un inabarcable agujero que lo engullía absolutamente todo, como si el dios Vulcano hubiera decidido emerger a la superficie de la tierra por aquel punto y todo a su alrededor se deshiciera en un océano de astillas, gritos y sangre.
 
La parte central de la obra es monopolizada por el ascenso al poder de Domiciano, a costa de dejar morir a su hermano Tito, y el progresivo desarrollo de su demencia durante su reinado. El paso de las páginas muestra su carácter calculador, sanguinario y profundamente maniaco que sumiría en la completa ruina al pueblo romano. Su victoria en la frontera del Rin, a causa del fortuito deshielo de sus aguas, elevaría su consideración hasta Dominus et Deus, lo cual avivaría la conspiración contra su persona. Su relación con Domicia Longina, su mujer, con la que concebiría un hijo que después dejaría morir, deja entrever la cúspide de su crueldad, tal y como ilustran sus palabras:
 
Sé que para ti la vida es ahora sólo sufrimiento: tu padre muerto, tu madre muerta, tu hermana muerta, tu antiguo marido muerto, Tito recién fallecido y tu hijo muerto también. No tienes nada ni nadie por lo que vivir, por eso quiero que vivas, pero en condiciones en las que ni puedas matarte ni puedas volver a humillarme. Sólo quiero que vivas, que sufras, que maldigas cada nuevo amanecer”.
 
Fuera de los vaivenes de la capital, la obra nos acerca a la infancia de Trajano en Itálica, la esmerada educación en cuestiones políticas y militares que recibió de su padre –senador de Roma y gobernador de provincias–, su homosexualidad, su destreza para salvar conspiraciones, la admiración por parte de sus ejércitos y un infatigable sentido de la fidelidad y del trabajo. Resulta clarividente la posición impasible que Trajano adopta al enterarse de la muerte de Nerva, efímero sucesor de Domiciano.
 
Allí, envuelto en una maraña de ingenieros, arquitectos y oficiales, revisando planos expuestos sobre el suelo, estaba su tío, agachado, con las sandalias cubiertas de barro y las manos sucias por haber estado excavando con sus propios dedos para extraer tierra y examinar así el punto por donde era más factible culminar la construcción de los muros que marcaban el fin del mundo. […]
—¿Y bien? —preguntó sin ni siquiera un saludo.
Había sido interrumpido en su trabajo. Más valía que la causa fuera de suficiente importancia. […]
—Nerva ha muerto, tío —dijo con satisfacción Adriano—. Eres el emperador de Roma, Imperator Caesar. Nerva ha muerto —repitió Adriano ante la aparente indiferencia o frialdad, no sabía bien de qué se trataba, de su tío.
Trajano pidió una sella que trajeron con rapidez y el legatus, gobernador, senador y César se sentó. Sólo entonces, después de cruzar su mirada con los ojos muy abiertos de Longino y Quieto, que se encontraban a su lado y que estaban asimilando aquel mensaje, se dirigió Trajano a su sobrino.
—Nerva fue un buen emperador; el Senado le deificará pronto. Estás hablando de un dios, sobrino, de un dios. Deberías mostrar más respeto”.
Además, Los Asesinos Del Emperador no escatima esfuerzos en escenas sobrecogedoras, imágenes cruentas y tibias pinceladas de erotismo. A destacar el martirio sufrido por San Juan, siendo éste introducido en una balsa de aceite hirviendo; las luchas a muerte entre gladiadores; o la siguiente, en la que dos prostitutas tienen sexo con un león:
—Ponte a cuatro patas y quédate quieta. Es tu única oportunidad —le dijo con una voz oscura como la noche. La muchacha, aterrada, temblando, obedeció sin saber qué otra cosa podía hacer. Seguía atada por las piernas y no podía huir.
[…]El león se acercó a la muchacha que estaba a cuatro patas y empezó a olerla. Su miembro se excitaba cada vez más. Carpophorus había cogido la antorcha y se alejaba unos pasos. El público, enfervorecido, entusiasmado por el interés sexual del animal por la joven, empezó a aclamar al bestiarius, que miró de nuevo al podio imperial y comprobó que el mismísimo emperador estaba absorto por el espectáculo. Todo estaba saliendo mejor de lo que esperaba. En ese momento la fiera, incapaz de satisfacer su ansia con la pequeña joven, sintió quizá que debía hacer lo que hacía con las leonas en la selva y mordió a la muchacha por el cabello en un intento por sujetarla. El mordisco fue brutal y la joven, incluso amordazada, desgarró el anfiteatro con el más horrible de los gritos ahogados que se hubiera oído allí en mucho tiempo. La fiera, con una fuerza brutal, zarandeó el cuerpo de la muchacha que, con los ojos en blanco, agonizaba ya musitando sólo gemidos de horror.”.
 
En su narración, Posteguillo esboza un estilo sencillo, con fórmulas automáticas y en ciertos pasajes simplonas. Es claro que el verdadero interés de la obra es su historia, reforzada por su meritoria estructura, pero esta  capitulación ante la escritura resta brillantez y dinamismo. Por otro lado, el narrador se muestra excesivamente celoso y guía a la hora de enlazar argumentos, clarificando detalles evidentes. Como contrapunto, despunta la labor en los diálogos que resultan muy cercanos y directos.
 
De esta forma, por la solidez y amplitud de su entramado, Los Asesinos Del Emperadores una obra apropiada para introducirse en un período trepidante que ha sido sistemáticamente obviado. Eso sí, no busquen en él una reinvención de la literatura si no quieren llevarse una decepción. Y ármense de paciencia: no es una obra apta para personas que sufren dolores de espalda.
 
 
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Ficha Técnica:
Título: Los Asesinos Del Emperador.
Autor: Santiago Posteguillo.
Páginas: 1185.
Editado por: Planeta.
Año de publicación: 2013.
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Huida al sur – Juan Madrid

Dejar que el azar escoja cuál va a ser tu próxima lectura puede deparar grandes sorpresas. A falta de recursos literarios, el pequeño estante de literatura española de la biblioteca de San Giovanni estrechó mi elección. Huida Al Sur es sin duda un título sugerente y la maestría con la que el prólogo refiere al hacer de su autor fueron razones suficientes como para caer en sus redes. Por si fuera poco, la obra fue galardonada con el premio Edebé de literatura juvenil del año 2008. Sí, literatura juvenil.



Huida Al Sures un relato entretenido y ágil, una pequeña incursión al género policiaco, por el cual discurren tenues matices de homofobia, racismo, especulación urbanística, amor y muchas hormonas en revolución. El hecho de estar dirigido a un público adolescente no resulta banal, tanto en sus livianas formas como en el desarrollo lineal de los acontecimientos. De esta forma, la obra supone una buena introducción a la novela negra a un público primerizo, a buen seguro incitado en un tono amistoso a su lectura en el instituto, aunque escaso para un lector más avanzado. Espero que, para los primeros, este humilde análisis sirva para iluminar sus recensiones y trabajos.

El autor de la obra es Juan Madrid, el cual se erige como una de las referencias del género de nuestro país. Dentro de su dilatada trayectoria como escritor destaca su serie de novelas protagonizadas por Toni Romano, así como la serie Brigada Central. Un mayor conocimiento de esta faceta sería interesante para calibrar Huida Al Sur en comparación con el resto, o profundizar en su carácter pedagógico. Por otro lado, también son reconocidas sus incursiones en otras tentativas de literatura juvenil, los cuentos, el ensayo y el reportaje. Además, el malagueño ha hecho diversas aportaciones al mundo del cine y televisión como guionista, e incluso como director del film Tánger en el año 2003.

Así pues, Huida Al Sur desgrana la historia de un atraco de joyas que, tras la desbandada de sus principales cabecillas a causa de la desconfianza, llega hasta los terrenos de un hotel de la costa granadina en proceso de cierre. Un vigilante de seguridad de un banco, y novio de la directora del mismo, un mafioso chantajeado y su sicario son los actores principales del atraco. Por su parte, Tomás, un joven botones de ascendencia marroquí, y Clara, una huésped adolescente, se ven envueltos en la trama. Entretanto, los dos jóvenes deben lidiar con un supuesto hurto perpetuado por el botones que levanta una polvareda de ataques de carácter homófobo y xenófobo.

La narración es directa, excesivamente dirigida por parte del narrador. Además, el autor enfatiza dicha guía por medio de los personajes, quienes se encargan de espolear informaciones que a priori sólo pueden ser conocidas por el autor. Esto reduce cualquier tipo de especulación, tornando la historia muy previsible. El tono de denuncia social que esgrimen ciertas temáticas señaladas resulta maniqueísta, lo cual convierte al fin de concienciación en un mero adorno falto de madurez hasta para el público al que va dirigido.

Por otro lado, la corta extensión de Huida Al Sur y el excesivo número de personajes que aparecen asientan una alarmante falta de profundizad, que hasta les hacen caer en incoherencias acerca de su personalidad e incluso en pasajes no creíbles. Para muestra, el personaje de Tomás, el cual es un menor que estuvo años en el reformatorio. Aunque el chico es sensible, respetuoso y aficionado a la pintura, en ciertos pasajes se muestra como un entendido de leyes o incluso de legislación sobre yacimientos arqueológicos. Tampoco resulta creíble la relación entre Clara, la chica segura, consciente y madura, y su novio, el prototipo de macarra despreocupado de familia adinerada, al caer rendida a los brazos de él sistemáticamente o capaz, ella, de protagonizar estos pasajes.

Clara añadió rápidamente:
–Oye… mira, a mí en realidad, no me importa lo que seas, ¿sabes? Te lo preguntaba porque Arturo se puso a insultarte y yo…
–Tampoco he tenido novio. Y disculpa tengo que trabajar.
–Espera, quieres que… ¿Podemos quedar en tu cuarto? –le sonrió–. Eso que dices de que no has conocido nunca a una chica… Si tú quieres… –vaya, no le salían las palabras–, si tú quieres podemos besarnos. Sólo por probar…., como un experimento. Suponiendo que te guste, claro.
El lenguaje empleado es sencillo, no dando lugar a alardes líricos, lo que hace la lectura ligera. Sin embargo, además de la sobreguionización del autor, existen muchos vocablos que lo aluden y cobre un protagonismo que llega a ser molesto:

Clara dedujo que aquel chico era bastante extraño. Ella…, bueno, ella no es que hubiera tenido mucha experiencia con los chicos, pero alguna sí había tenido. Conocía a los chicos. Éste parecía diferente, como más tranquilo, más pausado. Los chicos, cuando estaban en presencia de chicas, hablaban sin parar, decían gracias chistes, bromas y se daban puñetazos entre ellos en los hombros, sin parar de decir cosas sin sentido alguno. Qué pesadez. Pero éste… Tomás, si no tenía nada que decir, pues no decía nada, ¿verdad? Se quedaba callado y no parecía nervioso, ni turbado. Y si tenía que mirarte a los ojos, pues te miraba, y si tenía que sonreír, pues
Aunque no me gustaría reventar el final, he de decir que la barrera entre lo entrañable y lo ridículo es tan sutil que a veces las buenas intenciones no bastan para librarse de lo segundo. Es posible que al contextualizar la obra se pudiera disculpar su arrojo, pero da la impresión que a esos jóvenes a los que se les habla de atracos, armas, homosexualidad o racismo, son finalmente devueltos a su condición de niños o tratados como descerebrados consumidores de cine americano, comida rápida y música pop. No es necesario darse de bruces, ya que se trata de una respuesta de lo más natural a una necesidad de la realidad que nos rodea.

En definitiva, Huida Al Sur es un tenue acercamiento a los jóvenes a la nóvela policíaca y un entretenido pasatiempo para despellejar sin mancharte de sangre las manos. Poco más..



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Ficha Técnica:
Título: Huida Al Sur.
Autor: Juan Madrid.
Páginas: 173.
Editado por: Edebé.
Año de publicación: 2008.
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Homenaje a Cataluña – George Orwell

Muchos conocen a George Orwell por clásicos como Rebelión En La Granja o 1984. En concreto, este último ha adquirido especial relevancia en la actualidad, llegando a cifras de ventas mareantes, gracias, en buena parte, a los escándalos de espionaje internacional sugiriendo la existencia del Gran Hermano que planteaba dicha obra. Sin embargo, no tan conocido es que la faceta periodística del británico le llevara a viajar a nuestro país durante el trascurso de la Guerra Civil. Y menos conocido aún es que tras respirar el clima revolucionario de Barcelona decidiera enrolarse como miliciano para combatir el fascismo.

Así pues, Homenaje a Cataluña relata las vivencias en primera persona de Orwell dentro y fuera de las trincheras. Asimismo, expone una retrospectiva personal del calado político y social de la Revolución movimiento de carácter anarcosindicalista y comunista libertario que se dio en diversas zonas de control republicano durante la guerra–. Cabe reseñar que la obra es un retrato localizado en espacio, Barcelona y el frente de Aragón, y tiempo, entre finales del 36 y mediados del 37, a diferencia del tono generalista que aparenta en ciertos pasajes. Y es que uno puede sentir la tentación de extrapolar las tesis expuestas al conjunto de la contienda, dando pie a auténticos disparates.

A pesar del marcado sesgo político del autor, su carácter foráneo elude el maniqueísmo del cual pecan muchas de las obras que se ambientan en este contexto. El texto se ciñe a los hechos con una honestidad cuasi impoluta, atestiguando en reiteradas ocasiones la veracidad de los hechos. Es más, el hecho de estar redactado pocos meses después de los sucesos la cargan de una vigencia diáfana que consigue transportarte a sus escenarios.

En primer lugar, se detalla el éxtasis revolucionario de Barcelona al poco de estallar la guerra, marcado por la colectivización de servicios, la derogación de clases sociales y el radical anticlericalismo. Como miliciano del POUM –partido de inspiración trotskista, Orwell nos adentra en unas trincheras donde las armas son deficientes, los milicianos carecen de instrucción alguna y las horas pasan entre la inactividad y el frío.

En nuestra tercera mañana en Alcubierre llegaron los fusiles. […] Estuve a punto de desmayarme cuando vi el trasto que me entregaron. Era un máuser alemán fechado en 1896; ¡tenía más de cuarenta años! Estaba oxidado, tenía la guarnición de madera rajada y el cerrojo trabado y el cañón corroído e inutilizable. La mayoría de los fusiles eran igual de malos, algunos de ellos incluso peores, y no se hizo el menor intento de asignar las mejores armas a los hombres que sabían utilizarlas. El más eficaz de los fusiles, de sólo diez años de antigüedad, fue entregado a una bestezuela de quince años a quien todos conocían como el «maricón». El sargento dio cinco minutos de una «instrucción» que consistió en explicar cómo se carga el fusil y cómo se desarma el cerrojo. Muchos de los milicianos nunca habían tenido un fusil en las manos, y supongo que muy pocos sabían para qué servía la mira”.

A su vuelta a Barcelona, el autor se ve envuelto en los sucesos de mayo, en el cual se enfrentan los gobiernos catalán y republicano, formado por comunistas y socialistas, y los anarquistas y otras corrientes revolucionarias. Estos hechos evidenciarían la fragmentación de la izquierda, divida en cuanto al objeto primordial: hacer la revolución o ganar la guerra. A raíz de estos sucesos el POUM sería ilegalizado, acusado de colaborar con el bando nacional, dando paso a una caza de brujas contra sus dirigentes y simpatizantes que aceleraría el retorno de Orwell a su país.

Con gran criterio, mi ejemplar desplaza un par de capítulos al apéndice. En ambos la obra se centra en el aspecto político con dos objetivos claros: presentar a un PCE títere en manos de la URSS a la cabeza de campaña de desacreditación del POUM, y defender a este último de todas las acusaciones de traición, con especial énfasis a la manipulación de diversos medios extranjeros. Aunque se trata de un tema que involucra una represión injustificada y atroz, este último objetivo muestra a un Orwell cuasi obsesionado y hace tediosa la lectura de ambos pasajes.

Es menester destacar que la obra fue publicada antes del conocido desenlace de la Guerra Civil. La inercia que tenía la contienda hacía previsible la derrota, pero no el qué pasaría después exactamente. En esta tesitura, el pobre Orwell se atreve con algún pronóstico, que prueba ese punto de candidez en sus ojos forasteros:

Desde un punto de vista filosófico, comunismo y anarquismo son polos opuestos; y en la práctica –por lo que se refiere al tipo de sociedad a la que aspiran– las diferencias son sólo de énfasis, pero por completo irreconciliables. El comunismo siempre pone el énfasis en el centralismo y la eficiencia, y el anarquismo, en la libertad y la igualdad. El anarquismo tiene profundas raíces en España y es probable que sobreviva al comunismo cuando la influencia rusa termine”.


Por último, indicar que Homenaje a Cataluña sería la inspiradora de la genial Tierra y Libertad, un film de Ken Loach de 1998. De nuevo, una mirada externa consigue cuajar una historia alejada de principios absolutos, como también la industria cinematográfica española se afana por mostrar cuando se aborda este suceso. En ella se hace un gran esfuerzo didáctico por mostrar la esencia revolucionaria.

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Ficha Técnica:
Título: Homenaje a Cataluña.
Autor: George Orwell.
Páginas: 275.
Editado por: Virus Editorial.
Año de publicación: 1938
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