Microrrelatos·Vida Moderna

Vacaciones para el ego

Tengo como norma de vida no participar en juegos de azar. Sin embargo, durante el desconfinamiento hice una excepción y compré el boleto de una rifa benéfica. El objetivo era recaudar fondos para egos abandonados durante la pandemia. A los pocos días descubrí que había resultado ganador del premio: un fin de semana en un hotel de cinco estrellas en primera línea de playa con todos los gastos pagados, para mí y para mi ego.

El complejo estaba localizado en una pedanía inaccesible, cuya parada de transporte público más cercana se situaba a 15 km. Después de andar tres horas a pleno sol y disfrutar de los bocinazos de veraneantes sedientos de arena y mojitos, llegamos a destino. En la recepción no tenían constancia del premio y amablemente me invitaron a pagar o a marcharme. Sin embargo, no perdí la calma y repetí ciento treinta y siete veces “Soy el ganador de la rifa de la asociación de egos abandonados”. Finalmente, el servicio dio su brazo a torcer y me concedió el acceso a una de las habitaciones más exclusivas. Aunque hacía las veces de cuarto de mantenimiento, estaba repleta de productos de limpieza, destornilladores y alicates y el calor era asfixiante, en un lateral había un póster con las idílicas vistas a la playa en los años cincuenta.

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