La Cuarentena De Los Necios · Vida Moderna

Los cuartos compases del escritor

La mayor parte del trabajo de un escritor no se centra en la palabra, sino en la apariencia. Antes de convertirme en un autor publicado creía que la proporción debía oscilar sobre las tres cuartas partes. Ahora que he sido engullido por la ola de la impostura y el autoconvencimiento, mis estimaciones alcanzan el noventa y nueve por ciento, con un pequeño margen para el error. A nadie le importa tu obra, ni su forma, ni mucho menos su fondo. Por no importarle, no le importa ni a tu editor, ni a tu familia, ni a tu pareja, ni a ti mismo. Los libros, como tantos otros productos, son instrumentos que poco tienen que ver con la creatividad, el arte o la emoción. Son meros intermediarios de vanidades y facilitadores de una posición social que sólo vive en el sueño más ingenuo. Es por eso que la mayor parte del tiempo de un autor ha de invertirse en la construcción de su apariencia, de fomentar el engaño, de la reafirmación de algo que no eres. Y lo digo yo, que no soy más que un alter ego de nombre impronunciable que luce un disfraz que cada día me queda más grande.

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Microrrelatos

Huyendo de mí

Siempre estoy huyendo. No sé muy bien desde cuándo. Es mi estado natural. No mirar atrás, dejarlo todo a medias y convencerme de que un poco más adelante estará lo que buscaba. Hay personas que opinan que es una forma de encontrarse, pero yo creo que escribir también es una forma de huir. Mi mente se llena de pensamientos regados por la cotidianeidad y la ironía desafiante, mi bolígrafo corre más que yo y el ordenador los inmortaliza. No importa que no sea lo que me conviene, ni que siga estancado en el mismo punto que hace diez años, que sea un mediocre en el trabajo, tampoco que esté procrastinando hasta que llegue la muerte.

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Relatos

¿Eres escritor?

No existe la falta de inspiración. Lo que falta son horas de autobús. El trayecto Madrid—Granada, y viceversa, se ha convertido en mi particular laboratorio de ideas. Fuera de cualquier distracción, bajo un silencio sepulcral y con el único atractivo de ver cómo el gris de la polución va transformándose en el verde de los campos de olivos, se adueña del viajero su alter ego narrador.

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