La Cuarentena De Los Necios · Vida Moderna

Los cuartos compases del escritor

La mayor parte del trabajo de un escritor no se centra en la palabra, sino en la apariencia. Antes de convertirme en un autor publicado creía que la proporción debía oscilar sobre las tres cuartas partes. Ahora que he sido engullido por la ola de la impostura y el autoconvencimiento, mis estimaciones alcanzan el noventa y nueve por ciento, con un pequeño margen para el error. A nadie le importa tu obra, ni su forma, ni mucho menos su fondo. Por no importarle, no le importa ni a tu editor, ni a tu familia, ni a tu pareja, ni a ti mismo. Los libros, como tantos otros productos, son instrumentos que poco tienen que ver con la creatividad, el arte o la emoción. Son meros intermediarios de vanidades y facilitadores de una posición social que sólo vive en el sueño más ingenuo. Es por eso que la mayor parte del tiempo de un autor ha de invertirse en la construcción de su apariencia, de fomentar el engaño, de la reafirmación de algo que no eres. Y lo digo yo, que no soy más que un alter ego de nombre impronunciable que luce un disfraz que cada día me queda más grande.

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