Reseñas

El emperador de los helados — Jorge Morcillo

Últimamente vivo con demasiado ruido a mi alrededor. Es un sonido tan constante que se ha tornado inapreciable. No tengo muy claro que este entre mediante el oído, más bien diría que se ha clavado en mi cerebro. Juro que en alguna ocasión he pensado reducirlo, pero siempre encuentro algo mejor que hacer y acabo posponiéndolo a mañana, después del verano o tras el apocalipsis, según me dé. A veces me contento con tener consciencia de la existencia del ruido. Desconozco si soy el único que lo aprecia o si el del resto de personas es más intenso o agudo. Con ese alboroto de fondo me he atrevido a leer El emperador de los helados, mi primera aproximación a la obra de Jorge Morcillo, publicado por la editorial Niña Loba. Entre el ruido y lo indómito de la propuesta, desconfío de mis impresiones.

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Autobombo · La Cuarentena De Los Necios

Presentaciones de ‘LCDLN’

Para celebrar la publicación de La cuarentena de los necios, hemos preparado una gira de presentaciones por una serie de ciudades. Además de generosas cantidades de vanidad y diversión, tendremos libros y bolígrafos para dedicarlos con mucho cariño a todo aquel que quiera. Por fortuna estaré muy bien acompañado y contaremos con intervenciones de auténtico lujo.

Será un placer recibiros, conoceros, charlar y compartir risas.

Próximas presentaciones:

21 de julio – La Laguna (Tenerife) Café Época – 19:00 – Cartel

Pendientes por confirmar: Valencia, Zagra, Castril…

Si quieres organizar una presentación en tu ciudad, una firma, una tertulia, que cuide de tus gatos el fin de semana disfrazado de payaso, no lo dudes y ESCRÍBEME.

Presentaciones pasadas:

9 de junio – GranadaPapaúpa – 19:30 – CartelFotos
16 de junio – AlicanteEl Godo – 19:30 – CartelFotos
21 de junio – LeganésBiblioteca Central – 19:00 – CartelFotos
23 de junio – MadridBiblioteca Iván de Vargas – 18:30 – CartelFotos

Autobombo · La Cuarentena De Los Necios

Una semana para ‘La cuarentena de los necios’

Disfrutando de la puesta de sol de Windhoek (Namibia), recuerdo que falta solo una semana para la publicación de ‘La cuarentena de los necios’. La imprenta está terminando de pasar a tinta y papel esta vergonzante epopeya y en pocos días volará hacia manos de todo aquel que quiera disfrutarla.

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Reseñas

Poe no ha muerto — Félix Molina

En contadas ocasiones las redes sociales se erigen en un instrumento útil para un tipo con ínfulas de escritor. En la mayoría de veces son una mera pérdida de tiempo, la forma de preservar una reputación inventada o interactuar frenéticamente bajo dudosos intereses. Cualquiera que analice el rendimiento respecto al tiempo invertido se dará cuenta que éste describe una función que apunta de forma violenta hacia la nada. Para los autores apátridas, las redes sociales se han convertido en las nuevas tertulias y cafés de escritores, donde conversar acerca de literatura, difundir las nuevas —sean buenas o malas­— y agasajar al que huela a editorial o a certamen literario. La única diferencia es que la lechuguilla y el capote han sido sustituidos por el pijama o la semidesnudez, y la barra del tugurio por la barra espaciadora. No obstante, hay honradas y celebradas excepciones. Por uno de esos medios conocí a Félix Molina, con el cual compartí impresiones a cuenta de sus trabajos, y recientemente me acerqué a su novela Poe no ha muerto, un recorrido genuino e imponente.

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Reseñas

El Giro de Italia — Dino Buzzati

Me siento especialmente afortunado por tener amigos que se preocupan de mi alimentación lectora. De hecho, últimamente no leo otra cosa que no sean libros de compañeros, recomendaciones amables o incluso regalos. En mi treinta y dos cumpleaños, mi colega Sebastiano —un napolitano más granadino que un tubo de Alhambra en una plazoleta del Realejo— tuvo a bien en proveerme de lectura estival. Teniendo en cuenta mi vínculo con Italia y mi pasión por el ciclismo —al menos a verlo desde el sofá—, éste me obsequió con El Giro de Italia, una obra del periodista Dino Buzzati que trasciende más allá del deporte de las dos ruedas.

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Reseñas

Frankenstein o el moderno Prometeo – Mary Shelley

Ser ignorante tiene sus ventajas. Además del sosiego que aporta, en ocasiones te brinda algunas sorpresas. Entre los diferentes tentáculos por los que se extiende mi propia ignorancia, el ámbito cinematográfico y la literatura son de los más alargados. Especialmente, cuando se trata de obras clásicas. En mi firme propósito de limar dichos tentáculos, y también dejar de perder el tiempo viendo vídeos de carreras de caracoles, me dispuse a leer Frankenstein o el moderno Prometeo, escrito a comienzos de Siglo XIX por Mary Shelley. El no disponer de referencias de sus diferentes adaptaciones al cine y la televisión me ha permitido maravillarme de una historia asombrosa.

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El Espejo – Ricardo Zamorano

He de confesar que no acostumbro a leer novelas de autores noveles. El tiempo escaso, la rudimentaria experiencia y el inabarcable tamaño de la biblioteca universal me conduce a un sendero de novelistas consagrados. Sin embargo, con El Espejo de Ricardo Zamorano hice una gustosa excepción, motivada en buena parte por ser agraciado con una copia física mediante sorteo.

Se trata de una novela corta que esboza un mundo hecho jirones tras una suerte de apocalipsis. El protagonista, Ayna, un niño huérfano de apenas nueve años, guía al lector por el camino vital, desde la plena candidez hasta descubrir la crueldad contemporánea. La historia está estructurada en capítulos breves que hace de su lectura un ejercicio absorbente. A destacar la cercanía de la acción, con la permanente sensación de vivir la obra en primera persona; la potencia literaria de las descripciones; y un estilo narrativo muy directo. El final es un mazazo que convierte El Espejo una novela de las que no son fáciles de olvidar.
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Un puente sobre el Drina – Ivo Andrić

El pasado verano tuve la suerte de conocer Serbia. Además de saborear la Šopska y el čevapčiči, congratularme con paseos a través de sus parajes virginales, me atrapó la fascinante historia de los Balcanes, presente en su arquitectura y el carácter de su gente. Tal grado de complejidad y una heterogénea influencia de culturas requería cierta profundización. Como primera referencia, emprendí la lectura de Un puente sobre el Drina de Ivo Andrić, premio Nobel de Literatura en 1961.

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El Club De La Lucha – Chuck Palahniuk

No tengo reparo en admitir que soy un completo ignorante de las referencias de la cultura contemporánea. No he visto ni una entrega de la saga de ‘Star Wars’, no he leído a Tolkien, ni tampoco he escuchado ninguna canción de Coldplay. Quiero pensar que estas influencias fueron sustituidas por ‘El Milagro De P. Tinto’, los libros de Dulce Chacón y la adrenalina de Barricada. Sin embargo, me niego a ser esclavo de la autenticidad y la marginación cultural. Por eso, me lancé al rin de El Club De La Lucha, novela de culto internacional.


Así pues, en mis trayectos de tranvía de casa al trabajo y de vuelta de la frustración a la autocomplacencia, devoré la obra más relevante de la producción de Chuck Palahniuk. Sus páginas me sacudían hasta el borde del noqueo. El estilo es directo, avivado por las frases cortas y las repeticiones certeras. Las escenas se sucedían de forma vertiginosa. Tan pronto asistía a la reunión de un grupo de apoyo para pacientes de cáncer testicular como fabricaba bombas caseras compuestas de parafina y napalm. El grado de absorción era tal, que miraba a mi alrededor tratando de no revelar cada una de las reglas del club. «No se habla del club de lucha fuera del club de la lucha», repetía para mí. El desenlace resultó un giro argumental maestro, el cual terminó por significar mi propio K.O.

Sobre interpretaciones existen numerosas teorías: la crítica a la figura de la masculinidad contemporánea, una sátira salvaje sobre la sociedad capitalista o un desdoblamiento de personalidad fruto de una gotera psiquiátrica. Me gustaría entender el relato como una metáfora sobre la monotonía cotidiana y la crisis existencial de los hombres que rozan la cuarentena, pero es una quimera sin importancia que merece la pena mantener en vilo.

Lo que más admiración me produce de la obra es la manera en que el autor utiliza su propia experiencia. Este material es deformado convenientemente y sobre él se cimenta una ficción apabullante y sin fisuras narrativas. De nuevo, no hay mejor inspiración que mirarse al ombligo. No hay mejor retrato de la sociedad que fotografiarse a uno mismo.



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Ficha TécnicaTítulo: El Club De La LuchaAutor: Chuck Palahniuk.Páginas: 240.Editado por: Debolsillo. Año de publicación: 1996.
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De Viaje Por Los Países Socialistas – Gabriel García Márquez

Con las cenizas de la guerra aún candentes y las costuras de la sociedad remachadas por agujas de hierro, en los países del este europeo se asienta el socialismo como eje económico y político. Aunque el Pacto de Varsovia de 1955 y la asunción del enemigo capitalista parecen actuar como un pegamento efectivo, la doctrina descendiente de Engels y Marx, y reinterpretada por figuras como Lenin o Stalin, se aplica de una forma completamente dispar. De forma natural  y a través de una mirada transparenteDe Viaje Por Los Países Socialistas realiza una retrospectiva periodística a pie de calle que nos transporta desde la Alemania Oriental a la URSS, pasando por Polonia, Hungría o Checoslovaquia de finales de la década de los cincuenta. En él topamos con un joven redactor de la revista colombiana Cromos, Gabriel García Márquez, cercano en el tono de escritura y elocuente en los detalles seleccionados.

No es De Viaje Por Los Países Socialistas una de las obras más populares del premio Nobel, de hecho cuesta encontrarla entre sus bibliografías más extendidas. Sin lugar a dudas, la faceta de cronista, ensayista y reportero permanecerá siempre eclipsada por la de novelista, celebrada con obras de la talla de El Coronel No tiene Quien Le Escriba (1961), Cien Años De Soledad (1967) o Crónica De Una Muerte Anunciada (1981). Cabe destacar que De Viaje Por Los Países Socialistanarra los sucesivos viajes de Gabo a los países del Bloque del Este mientras residía en París, siendo legalmente publicada en 1978. A pesar de ser conocida la simpatía del escritor colombiano por las ideas de izquierda, declarándose en algún momento de su vida socialista, es justamente en estos viajes cuando experimenta un desencanto con la labor soviética respecto a su discutible interpretación, con Sudamérica como interesante contrapunto.

Pese al pequeño impacto de la obra, más allá de descubrir nuevos pasajes de la vida y recovecos del pensamiento del genio, es curiosa la relevancia adquirida en los últimos tiempos, así como los imaginativos paralelismos que sobre él se intentan trazar. Sin ir más lejos, la esposa de Leopoldo López –preso y disidente venezolano– declaraba recientemente en una entrevista promocional que leyendo De Viaje Por Los Países Socialistas veía la realidad actual de Venezuela. Pudiera no ser descabellado pensar que García Márquez olvidó mencionar la victoria del Partido Comunista en las últimas elecciones libres de la Federación Rusa; que la editorial censurase el capítulo dedicado a la escasez de alimentos en Polonia o que los pulcros medios de comunicación de hoy en día hayan obviado informar de la gulag venezolana o de la capacidad armamentística de su ejército y la potencialidad desaprovechada de su industria. Pudiera no ser descabellado. Fuera de interpretaciones partidistas y ciencia ficción de garrafón, en cada país visitado se hace patente la asfixia del individuo a través de la propaganda y la represión y el incontrolable aislamiento internacional que finalmente haría saltar por los aires la ilusión comunista.

El viaje comienza en Alemania, donde se constata la brutal división entre la parte Oriental y la Occidental, representando Berlín el verdadero paradigma. A ambos lados del muro los gobiernos respectivos se afanan en proyectar una imagen sólida ante el vecino rival, quedando fuera del plástico una sociedad llena de cicatrices y la semilla de una desafección progresiva.
Yo creo humildemente que es una ciudad falsa. Los turistas norteamericanos la invaden en verano, se asoman al mundo socialista, y aprovechan la oportunidad para comprar en Berlín Occidental artículos importados de los Estados Unidos que allí son más baratos que en Nueva York. Uno no se explica cómo puede sostenerse un hotel tan bueno como los mejores de los Estados Unidos, con piezas modernas, televisión, cuarto de baño y teléfono por cuatro marcos diarios, es decir, un dólar. En la congestión del tránsito no hay un automóvil que no sea de último modelo. Los anuncios de los almacenes, la propaganda, la carta en los restaurantes, están escritos en inglés. En el territorio de Alemania Occidental hay cinco emisoras donde nunca se ha transmitido una palabra en alemán. Cuando uno advierte todo eso y piensa además que Berlín Occidental es un islote enclavado en la cortina de hierro, que no tiene relaciones comerciales a 500 kilómetros a la redonda, que no es un centro industrial considerable, que el intercambio con el mundo occidental se hace en aviones que aterrizan y decolan en el aeródromo situado en el centro de la ciudad, a un ritmo de un avión cada dos minutos, uno está obligado a pensar que Berlín Occidental es una enorme agencia de propaganda capitalista. Su empuje no corresponde a la realidad económica. En cada detalle se advierte el deliberado propósito de ofrecer una apariencia de prosperidad fabulosa, de desconcertar a la Alemania Oriental que contempla el espectáculo con la boca abierta por el ojo de la cerradura”.
Sobrevuela en toda la obra, aunque en particular en la parte germana, la sombra de la falta de competitividad industrial como consecuencia del paternalismo económico por parte del Estado. Además, como curiosidad, García Márquez profetiza lo que a finales de los años ochenta daría como resultado la unificación de los dos estados. Por su parte, en Checoslovaquia el lector es partícipe de la honestidad de su pueblo, la distancia de los ciudadanos hacia las esferas políticas y su apertura social y económica al resto de países capitalistas.
La gente reacciona en Praga como en cualquier país capitalista: Esto -que podría parecer una tontería- es interesante, pues en la Unión Soviética reaccionan de otra manera. En Praga y en Moscú hicimos la prueba del reloj. Es sencilla: Franco y yo adelantamos nuestros relojes en una hora, subimos a un tranvía y viajamos de pie, agarrados a la barra, de manera que nuestros relojes fueron perfectamente visibles. Un hombre -50 años, gordo, nervioso- nos miró con un aire de aburrimiento. De pronto miró mi reloj: las 12.30. Se sobresaltó. Con un gesto mecánico levantó el puño de su camisa y leyó la hora en su reloj: las 11.30. Se acercó el reloj al oído, comprobó que estaba andando, pero sus ojos ansiosos, desolados, buscaron en torno suyo el reloj más cercano y se encontraron con el de Franco. También allí eran las 12.30. Entonces se abrió paso con los codos, descendió antes de que el tranvía se detuviera y se perdió a saltitos entre la multitud. En París y en Roma la reacción es la misma”.

Mientras tanto, en Polonia cohabitan en aparente calma el catolicismo y el socialismo soportados por el prestigio de las figuras del presidente Gomulka y el cardenal Vyszynsky, quienes trazaron un camino de odio hacia todo lo que tuviera olor a soviético en pos de su independencia. Despunta la influencia cultural y política de Francia un factor acelerador del proceso, que tiene en los estudiantes universitarios su mayor baluarte.
Ni siquiera en la Unión Soviética –donde el empuje de la juventud es indiscutible– se advierte una ebullición juvenil más intensa que en Polonia. Es superior o por lo menos más histérica que en cualquier país de Europa Occidental. Al contrario de lo que sucede en Checoeslovaquia, los estudiantes polacos tienen una participación activa en la política. Todos los periódicos y revistas estudiantiles -desde cuando subió Gomulka está saliendo uno nuevo cada mes- intervienen directamente en las cosas del gobierno. La Universidad es un barril de pólvora. La situación había llegado a tal extremo que el periódico «Po Prostu» fue clausurado por el gobierno. Fue un golpe moral para el estudiantado que está aprovechando su luna de miel con la libertad de prensa para disparar por todos lados. La medida ha dado origen a violentas manifestaciones públicas”.

Sorprendentemente, el aspecto social y burocrático de aquella Polonia de hace sesenta años, a caballo entre la desconfianza y la oscuridad, no dista mucho de la actual. En la URSS, García Márquez comprueba la amabilidad de sus habitantes, la fuerte presencia espiritual y física de un recién fallecido Stalin, la censura a gran parte de los intelectuales, la falta de mano de obra y, por tanto, la consecuente inexistencia de desempleo. Además, la crónica da cuenta de la vanguardia de la industria soviética penalizada por su aislamiento tecnológico y su falta de perspectiva social, en otra de las críticas al modelo soviético.
La explicación parece radicar en que la Unión Soviética, en 40 años de revolución, decidió dedicar todos sus esfuerzos, toda su potencia de trabajo, al desarrollo de la industria pesada, sin prestar mayor atención a los artículos de consumo. Así se entiende que hayan sido los primeros en lanzar al comercio de la navegación aérea internacional el avión más grande del mundo, mientras la población tiene problemas de zapatos. Los soviéticos que se esforzaban por hacernos entender estas cosas, hacían un énfasis especial en el hecho de que aquel programa de industrialización en grande escala había sufrido un accidente colosal: la guerra. […]
No cabe duda de que el esfuerzo nacional exigido por esta enorme aventura del género humano, tuvo que pagarlo una sola generación, primero en las jornadas revolucionarias, después en la guerra y por último en la reconstrucción. Es ese uno de los cargos más duros que se hacen contra Stalin, a quien se le considera como un gobernante despiadado, sin sensibilidad humana, que sacrificó una generación entera en la construcción apresurada del socialismo. Para impedir que la propaganda occidental llegara a los oídos de sus compatriotas, cerró por dentro las puertas del país, forzó el proceso, y logró un salto histórico que tal vez no tenga precedentes. Las nuevas generaciones, que indudablemente empiezan a madurarse con un sentimiento de revuelta, pueden ahora darse el lujo de protestar de sus zapatos”.

Por último, De Viaje Por Los Países Socialistas se detiene en Budapest, con el recuerdo muy vivo de la insurrección húngara contra el gobierno, duramente reprimido por el régimen de Kadar con ayuda de las tropas soviéticas. Precisamente, García Márquez tiene la oportunidad de escuchar in situ un discurso del líder húngaro en el que se sincera ante la impopularidad de su mandato. El panorama social es desolador. Contradictoriamente a las ideas socialistas, las colas para comprar lotería son mayores que las del pan; la mayoría de trabajadores están armados; la tensión se podría cortar con un cuchillo; y las detenciones, el miedo y el forzoso silencio son las únicas armas que sostienen el régimen. En los últimos albores, un recodo a la esperanza.
La noche de nuestra despedida en el comedor del hotel, hablando con un dirigente comunista de la forma cruda y destapada en que pensaba escribir este reportaje, él se sintió un poco desconcertado, pero luego reflexionó.
–Eso nos ocasionará un grave perjuicio, –dijo–. Pero tal vez nos ayude a bajarnos del potro”.

En definitiva, De Viaje Por Los Países Socialistas supone un valioso y ameno retrato, alejado de prejuicios y partidismos, en el que se vislumbra a través de las sombras y en el que las luces no ciegan. Una historia de lo que pudo ser y no fue, con la certeza viva de que la verdad y la razón se diluyen entre la barbarie y la incomprensión; una patada en el estómago al prototipo de diablo rojo que escupe fuego por la boca y, entrelíneas, un toque de atención al amigo azulado que todo lo parece poseer y entender a través del tintineo de sus bolsillos.



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Ficha Técnica:
Título: De Viaje Por Los Países Socialistas.
Autor: Gabriel García Márquez.
Páginas: 160.
Editado por: Oveja Negra.
Año de publicación: 1978.
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Huida al sur – Juan Madrid

Dejar que el azar escoja cuál va a ser tu próxima lectura puede deparar grandes sorpresas. A falta de recursos literarios, el pequeño estante de literatura española de la biblioteca de San Giovanni estrechó mi elección. Huida Al Sur es sin duda un título sugerente y la maestría con la que el prólogo refiere al hacer de su autor fueron razones suficientes como para caer en sus redes. Por si fuera poco, la obra fue galardonada con el premio Edebé de literatura juvenil del año 2008. Sí, literatura juvenil.



Huida Al Sures un relato entretenido y ágil, una pequeña incursión al género policiaco, por el cual discurren tenues matices de homofobia, racismo, especulación urbanística, amor y muchas hormonas en revolución. El hecho de estar dirigido a un público adolescente no resulta banal, tanto en sus livianas formas como en el desarrollo lineal de los acontecimientos. De esta forma, la obra supone una buena introducción a la novela negra a un público primerizo, a buen seguro incitado en un tono amistoso a su lectura en el instituto, aunque escaso para un lector más avanzado. Espero que, para los primeros, este humilde análisis sirva para iluminar sus recensiones y trabajos.

El autor de la obra es Juan Madrid, el cual se erige como una de las referencias del género de nuestro país. Dentro de su dilatada trayectoria como escritor destaca su serie de novelas protagonizadas por Toni Romano, así como la serie Brigada Central. Un mayor conocimiento de esta faceta sería interesante para calibrar Huida Al Sur en comparación con el resto, o profundizar en su carácter pedagógico. Por otro lado, también son reconocidas sus incursiones en otras tentativas de literatura juvenil, los cuentos, el ensayo y el reportaje. Además, el malagueño ha hecho diversas aportaciones al mundo del cine y televisión como guionista, e incluso como director del film Tánger en el año 2003.

Así pues, Huida Al Sur desgrana la historia de un atraco de joyas que, tras la desbandada de sus principales cabecillas a causa de la desconfianza, llega hasta los terrenos de un hotel de la costa granadina en proceso de cierre. Un vigilante de seguridad de un banco, y novio de la directora del mismo, un mafioso chantajeado y su sicario son los actores principales del atraco. Por su parte, Tomás, un joven botones de ascendencia marroquí, y Clara, una huésped adolescente, se ven envueltos en la trama. Entretanto, los dos jóvenes deben lidiar con un supuesto hurto perpetuado por el botones que levanta una polvareda de ataques de carácter homófobo y xenófobo.

La narración es directa, excesivamente dirigida por parte del narrador. Además, el autor enfatiza dicha guía por medio de los personajes, quienes se encargan de espolear informaciones que a priori sólo pueden ser conocidas por el autor. Esto reduce cualquier tipo de especulación, tornando la historia muy previsible. El tono de denuncia social que esgrimen ciertas temáticas señaladas resulta maniqueísta, lo cual convierte al fin de concienciación en un mero adorno falto de madurez hasta para el público al que va dirigido.

Por otro lado, la corta extensión de Huida Al Sur y el excesivo número de personajes que aparecen asientan una alarmante falta de profundizad, que hasta les hacen caer en incoherencias acerca de su personalidad e incluso en pasajes no creíbles. Para muestra, el personaje de Tomás, el cual es un menor que estuvo años en el reformatorio. Aunque el chico es sensible, respetuoso y aficionado a la pintura, en ciertos pasajes se muestra como un entendido de leyes o incluso de legislación sobre yacimientos arqueológicos. Tampoco resulta creíble la relación entre Clara, la chica segura, consciente y madura, y su novio, el prototipo de macarra despreocupado de familia adinerada, al caer rendida a los brazos de él sistemáticamente o capaz, ella, de protagonizar estos pasajes.

Clara añadió rápidamente:
–Oye… mira, a mí en realidad, no me importa lo que seas, ¿sabes? Te lo preguntaba porque Arturo se puso a insultarte y yo…
–Tampoco he tenido novio. Y disculpa tengo que trabajar.
–Espera, quieres que… ¿Podemos quedar en tu cuarto? –le sonrió–. Eso que dices de que no has conocido nunca a una chica… Si tú quieres… –vaya, no le salían las palabras–, si tú quieres podemos besarnos. Sólo por probar…., como un experimento. Suponiendo que te guste, claro.
El lenguaje empleado es sencillo, no dando lugar a alardes líricos, lo que hace la lectura ligera. Sin embargo, además de la sobreguionización del autor, existen muchos vocablos que lo aluden y cobre un protagonismo que llega a ser molesto:

Clara dedujo que aquel chico era bastante extraño. Ella…, bueno, ella no es que hubiera tenido mucha experiencia con los chicos, pero alguna sí había tenido. Conocía a los chicos. Éste parecía diferente, como más tranquilo, más pausado. Los chicos, cuando estaban en presencia de chicas, hablaban sin parar, decían gracias chistes, bromas y se daban puñetazos entre ellos en los hombros, sin parar de decir cosas sin sentido alguno. Qué pesadez. Pero éste… Tomás, si no tenía nada que decir, pues no decía nada, ¿verdad? Se quedaba callado y no parecía nervioso, ni turbado. Y si tenía que mirarte a los ojos, pues te miraba, y si tenía que sonreír, pues
Aunque no me gustaría reventar el final, he de decir que la barrera entre lo entrañable y lo ridículo es tan sutil que a veces las buenas intenciones no bastan para librarse de lo segundo. Es posible que al contextualizar la obra se pudiera disculpar su arrojo, pero da la impresión que a esos jóvenes a los que se les habla de atracos, armas, homosexualidad o racismo, son finalmente devueltos a su condición de niños o tratados como descerebrados consumidores de cine americano, comida rápida y música pop. No es necesario darse de bruces, ya que se trata de una respuesta de lo más natural a una necesidad de la realidad que nos rodea.

En definitiva, Huida Al Sur es un tenue acercamiento a los jóvenes a la nóvela policíaca y un entretenido pasatiempo para despellejar sin mancharte de sangre las manos. Poco más..



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Ficha Técnica:
Título: Huida Al Sur.
Autor: Juan Madrid.
Páginas: 173.
Editado por: Edebé.
Año de publicación: 2008.
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El Capitán Salió A Comer y Los Marineros Tomaron El Barco – Charles Bukowski

Comenzar por el final es una actitud insumisa y extravagante, es asumir la muerte sin asimilar la vida, es odiar obviando el amor, empuñar la bandera de la libertad con las manos esposadas. Un ejercicio que permite afrontar la complejidad con una dosis de candidez maravillosa, dotando al entendimiento de una gustosa casuística, tal y como me ha llevado a mí a introducirme en la obra de Charles Bukowski.


Siempre me fascinaron los títulos provocativos de sus obras. La Máquina De Follar, Erecciones, Eyaculaciones, Exhibiciones o Escritos De Un Viejo Indecenteeran tentaciones omnipresentes en visitas a librerías y bibliotecas. Colecciones de historias manifiestamente sexuales, impregnadas de alcohol, perversión y surrealismo, bajo un sello afilado y directo. Mi indecisión se decantó por El Capitán Salió A Comer y Los Marineros Tomaron El Barco, una obra que se adentra en el diario personal del poeta norteamericano poco antes de morir. A la postre se trata de un testamento póstumo, publicado cuatro años después de su fallecimiento.
El anciano y gastado Bukowski emplea las páginas de escupidera, dando rienda suelta a una perspectiva mordaz y sincera, con la muerte como telón de fondo. Mientras los días se suceden apostando en el hipódromo, sus garras nocturnas se clavan ferozmente en el arte de escribir, el éxito y el fracaso, las relaciones personales o el devenir del hombre. No hay una línea principal, una trama o un personaje distinto al escritor, sólo espontaneidad, lucidez y trasgresión.
Para muestra un botón, en el que del juego se traslada a la hipocondría de nuestros días.
Los hipódromos confunden aún más a la gente. Tienen a dos tipos en la tele que salen antes de cada carrera y hablan de los que creen que van a ganar. Se equivocan todas las veces […] Desde el momento en que pagas a alguien para que te diga qué tienes que hacer, eres un perdedor. Y eso incluye a tu psiquiatra, a tu psicólogo, a tu agente de negocios, a tu profesor de pintura y a tu etc.

Nada te enseña más que reorganizarte después de cada fracaso y seguir avanzando. Sin embargo, la mayoría de la gente cae víctima del miedo. Temen tanto al fracaso que fracasan. Están demasiado condicionados, demasiado acostumbrados a que les digan lo que tienen que hacer. Empieza con la familia, sigue en el colegio y se extiende al mundo de los negocios”.
Apuntillado con la humildad que da el conocer las calles frías, el hambre insoportable y la agitación de las noches.
Bueno, ya veis: un par de días de suerte en el hipódromo y ya me creo que lo sé todo”.
Humildad que desaparece a la hora de hablar de literatura, tanto a la hora de alabar la propia como a la de desprestigiar la ajena no clásica. Se incide una y otra vez en el oficio de escritor, así como en su entorno plagado de falsos bohemios, terratenientes comunistas y sentimientos plastificados, fuertemente atraídos por la efímera admiración. La faceta cómica está presente en las hilarantes anécdotas personales, colmadas de buitres interesados por el renombre del autor.
Como las entrevistas no se suelen pagar, cualquiera puede presentarse en la puerta con un magnetofón y una lista de preguntas. Una noche apareció un tipo con acento alemán con una grabadora. Afirmaba trabajar para una publicación alemana con una tirada de millones de ejemplares. Se quedó durante horas. Sus preguntas parecían estúpidas, pero  yo me abrí, intentando darle respuestas animadas e interesantes. Debió de grabar tres horas de conversación. Bebimos y bebimos y bebimos. Pronto empezó a caérsele la cabeza hacia delante. Bebimos hasta dejarle fuera de combate, y aún estábamos dispuestos a seguir. Organizar una fiesta de verdad. La cabeza le caía sobre el pecho. Le caían hilillos de baba por las comisuras de la boca. Lo sacudí. “¡Eh! ¡Eh! ¡Despierta!” se despertó y me miró. “Tengo que confesarle una cosa”, me dijo. “No soy entrevistador, sólo quería venir a verle.” […]

Siempre he dicho que la obligación de un escritor es escribir. Si estos farsantes e hijos de puta consiguen calzármela es por mi culpa. He terminado con todos ellos. Que vayan a hacerle la pelota a Elizabeth Taylor”.
Sorprende la entereza y aceptación mostrada al tratar la muerte, constantemente presente en la reflexión y sentida. Bukowski reduce su trascendencia mediática desde sus cercanas vivencias, destapando una cierta confianza en su propia perpetuidad.
El otro día estaba pensando en el mundo sin mí. Ahí está el mundo, siguiendo con sus cosas. Y yo no estoy allí. Muy extraño. Pensar en el camión de la basura, que pasa a recoger la basura, y yo no estoy allí. O en el periódico, tirado a la entrada de mi casa, y yo no estoy allí para recogerlo. Imposible. Pero lo peor de todo es que algún tiempo después de mi muerte se me va a descubrir de verdad. Todos los que me tenían miedo o me odiaban cuando estaba vivo abrazarán de repente mi memoria. Mis palabras estarán en todas partes. Se crearán clubs y sociedades. Será como para ponerse enfermo. Se hará una película de mi vida. Me pintarán mucho más valiente de lo que soy, y con mucho más talento del que tengo. Mucho más. Será como para hacer vomitar a los dioses. La especie humana lo exagera todo: a sus héroes, a sus enemigos, su importancia”.
Como buen escupitajo, no contiene aderezos, sólo esencias de realidad y la crudeza de la experiencia. Es por ello que el estilo literario resulta sencillo y no prevalecen adornos, a pesar del espíritu metafórico que lo envuelve. Los trazos se desenvuelven tan naturales que por momentos da la sensación de estar dentro de la mente desnuda del autor, fortalecido por el hecho de que a priori no estaba prevista la publicación de estos esbozos. Destacar que la edición incluye las geniales y desgarbadas ilustraciones de Robert Crumb.

Quizá no sea la manera más natural de acercarse a la obra del principal exponente del realismo sucio, puede resultar tosca si no se tiene en cuenta el género tratado. Pero, sin duda, sí resulta una gran forma de hacerlo al personaje que constituye uno de los autores más genuinos del siglo XX. Sinceridad y perspicacia para destripar el paso de la vida y la muerte.

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Ficha Técnica:
Título: El Capitán Salió A Comer y Los Marineros Tomaron El Barco.
Autor: Charles Bukowski.
Páginas: 165.
Editado por: Anagrama
Año de publicación: 1998
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La Aventura Del Tocador De Señoras – Eduardo Mendoza

Recuerdo de chaval ver sobre la mesa del salón un libro que me llamó mucho la atención por su sugerente título. La Aventura Del Tocador De Señoras rezaba, avivando en mi perturbada imaginación la historia de un rufián al que le divertía eso de descubrir sin compasión la piel de las doncellas. Para mi decepción, nada más lejos de la realidad que dictamina el significado real de tocador, oséase el aposento para realizar labores de corte y peinado.
 

Otro recuerdo, ya en la adolescencia, es mi primer acercamiento a la obra de Eduardo Mendoza. La lectura de El Misterio De La Cripta Embrujada, primera entrega de la saga, fue una de las malvadas imposiciones de la asignatura de lengua castellana en bachiller. Sin llegar a asimilar el contenido menos evidente de aquella obra, decidí adentrarme en la obra de Eduardo Mendoza, que con el tiempo sería uno de mis autores preferidos. Disfruté de obras tan dispares como La Verdad Del Caso Savolta, su ópera prima, Tres Vidas De Santos, El Asombroso Viaje De Pomponio Flato, absolutamente desternillante, Riña De Gatos o El Laberinto De Las Aceitunas. Precisamente este último es la segunda entrega de una historia que La Aventura Del Tocador De Señoras se encarga de continuar. Así pues, más que de una plácida lectura, se trataba de saldar cuentas pendientes.
Fiel al estilo de sus predecesoras, el libro nos traslada a las desventuras de un interno del manicomio que, tras su salida a la calle, se enfunda en el papel de un detective que peina los submundos de la marginalidad y el delirio para ir atando cabos hasta la resolución del caso. En este caso, tras establecerse como empleado del tocador de señoras de su cuñado Viriato, nuestro desconocido protagonista se verá envuelto en el asesinato del presidente de una empresa salpicada por sus prácticas turbias. Detrás de este argumento, se encuentra un peliagudo entramado de intereses y enredos entre diversas familias de poder de la ciudad de Barcelona.
Entre los personajes envueltos en la trama, destaca la inclusión del alcalde, inmerso en plena campaña electoral. A través de él, se irá perfilando un trasfondo crítico con la farándula política, explotando la mejor materia prima de Mendoza, la sátira mordaz. Especialmente interesante resulta también la aportación de las dos mujeres protagonistas, bautizadas ambas como Ivet (la verdadera y la falsa respectivamente), en las cuales se estrecha, hasta desaparecer, el margen que separa el bien y el mal, engañando al lector constantemente acerca de sus verdaderos propósitos.
Si bien es cierto que el comienzo de la obra resulta intrascendente para el devenir de la trama principal, es en estas páginas donde se concentra más intensamente el ritmo adictivo y las perlas irreverentes que son capaces de hacer reír hasta la extenuación. Para muestra, un botón:
– Está bien Jamín -le dije-, ahora escucha. Si sabes dónde vive Cándida, dímelo y quizá algún día te pueda pagar este favor. Si no me lo dices, acudiré a la policía y le diré que te he violado. A mí me dejarán en libertad y a ti te encerrarán en un reformatorio.
Otro gran momento es la explicación de Viriato, declarado homosexual, a nuestro protagonista de por qué había escogido a su hermana, prostituta, como mujer, dando una sólida y convincente lección de filosofía sobre la vida en pareja:
Cándida es servicial y muy sufrida, no se inmiscuye en mis asuntos, saca a pasear a mi madre por la azotea cuando hace bueno, no incurre en gastos suntuarios y limpia casi tanto como ensucia. Sé que un día las mataré a las dos a hachazos, pero entre tanto vivimos bien”.
Respecto a la segunda parte del libro, en la que se desarrolla al completo la trama, hay que decir que se vuelve tosca debido al exceso de actores principales, con diálogos reiterativos que no aportan ninguna novedad, y una manera de proceder excesivamente monótona. La resolución, cómo suele pasar en estos casos, es más un alivio para el lector que una gustosa deducción. Y es por ese motivo que no puedo evitar hablar de decepción. Por otra parte, puestos a achacar la labor de Mendoza, hemos de mencionar la uniformidad del carácter de el elenco de personajes, sobre todo por lo que respecta a la manera que tienen en expresarse.
Eso sí, no puedo olvidar el gran trabajo de Eduardo Mendoza en la traza literaria. No es de extrañar siendo como es una de las primeras espadas, la naturalidad que demuestra al hilvanar palabras en prosa, dejando una sensación de elegancia y belleza no reñida con la sencillez. Y aunque esta no sea la mejor obra para testarlo, demuestra la fortaleza en los retratos ambientales y descripciones personales, haciendo que el lector se pueda trasladar a los escenarios sin dificultad.
  
En definitiva, una piedra más en una de las sagas más aclamadas y brillantes de la narrativa humorística, dentro de ese género que atiza con delicadeza a la hermética esfera de las novelas policíacas. Cabe destacar que en primavera de este año se publicó la cuarta entrega de la saga, El Enredo De La Bolsa Y La Vida, libro que espero destripar pronto.


 

 
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Ficha Técnica:
Título: La Aventura Del Tocador De Señoras.
Autor: Eduardo Mendoza.
Páginas: 349.
Editado por: Seix Barral
Año de publicación: 2001
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