Microrrelatos

Fauna salvaje

Las gaviotas me observan de reojo. Son conscientes de que soy un extraño en su territorio. Sobrevuelan el mar aprovechando las corrientes de aire en búsqueda de alimento. Apenas se observan peces en la orilla. Repentinamente graznan y con disimulo se van acercando hacia mi posición. Con temor de convertirme en su presa, les pregunto qué piensan comer. Entonces, el líder de la bandada, el más longevo de todas las aves, me acerca unas monedas. Amablemente, pide que me acerque al chiringuito y les traiga papas fritas y cola fresca. La fauna salvaje ya no es lo que era.

Microrrelatos

Veranos andaluces

Los veranos andaluces son como una noria que nunca deja de girar. Desde la salida del sol hasta la puesta, busco refugio en el sofá. El abrazo de calor produce una somnolencia que empapa cualquier actividad. Intento leer el ‘Romancero gitano’ y en medio párrafo sueño que García Lorca y yo estamos brindando con rebujito sobre la barra de cualquier tugurio.

Me despierto e intento cocinar salmorejo mientras me refresco con un trago de Palo Cortado y suena ‘La leyenda del tiempo’ de Camarón. Dejo el salmorejo reposar y cuando me dispongo a engullirlo compruebo que se ha evaporado. Aun hambriento, me dejo arrastrar por la sagrada hora de la segunda siesta. Me quedo incrustado entre los cojines del diván y he de pedir un rescate a los bomberos como si fuera una ballena que ha varado en la costa.

Sigue leyendo “Veranos andaluces”
Microrrelatos·Vida Moderna

Vacaciones para el ego

Tengo como norma de vida no participar en juegos de azar. Sin embargo, durante el desconfinamiento hice una excepción y compré el boleto de una rifa benéfica. El objetivo era recaudar fondos para egos abandonados durante la pandemia. A los pocos días descubrí que había resultado ganador del premio: un fin de semana en un hotel de cinco estrellas en primera línea de playa con todos los gastos pagados, para mí y para mi ego.

El complejo estaba localizado en una pedanía inaccesible, cuya parada de transporte público más cercana se situaba a 15 km. Después de andar tres horas a pleno sol y disfrutar de los bocinazos de veraneantes sedientos de arena y mojitos, llegamos a destino. En la recepción no tenían constancia del premio y amablemente me invitaron a pagar o a marcharme. Sin embargo, no perdí la calma y repetí ciento treinta y siete veces “Soy el ganador de la rifa de la asociación de egos abandonados”. Finalmente, el servicio dio su brazo a torcer y me concedió el acceso a una de las habitaciones más exclusivas. Aunque hacía las veces de cuarto de mantenimiento, estaba repleta de productos de limpieza, destornilladores y alicates y el calor era asfixiante, en un lateral había un póster con las idílicas vistas a la playa en los años cincuenta.

Sigue leyendo “Vacaciones para el ego”
Relatos

Trabajos Nocturnos

Hubo una época oscura en la que no tenía trabajo ni esperanzas. Vagaba por las calles cargado de currículums, buscando algún rincón donde esparcirlos. Licenciaturas de cómo perder el tiempo, cursos de especialización en el escaqueo y una amplia experiencia en el campo de la resaca adornaban mi carta de presentación. A medida que caía la tarde, me dejaba vencer por la resignación. Abandonaba el montón de copias dentro de un contenedor y me acercaba al parque a disfrutar de las cálidas historias de vagos y maleantes.

Una noche, El Pálido, un quinqui fascinado por las novelas de Bram Stoker, me comentó que la empresa de su familia buscaba a alguien. Al haberse quedado sin dientes, El Pálido había dejado de trabajar de cara al público para ocuparse de atención al cliente. La empresa necesitaba sangre fresca para el turno de noche. Bastó un encuentro con el director, tío abuelo de El Pálido, para ser contratado. El jefe ostentaba también el título de conde. A pesar de su noble origen, el Conde era una persona cercana. Con paciencia me explicó los pormenores de mi cometido. Cada día me entregaba un listado de personas a las que debía visitar mientras dormían. Sigilosamente, me debía acercar por un costado, morderles y absorber la mayor cantidad de sangre. No era el trabajo de mi vida, pero era mejor que nada.

Tras algunos despropósitos fruto de la inexperiencia, fui mecanizando el trabajo hasta convertirme en un meticuloso e infalible chupasangre. Las largas jornadas me dejaban exhausto como para hacer otra cosa. No tenía apenas días de descanso, vacaciones y el sueldo era poco más que el mínimo. Reclamé al Conde mejores condiciones. A pesar de estar satisfecho con mi rendimiento y con el flujo de sangre conseguido, aludió a la crisis del sector y los recurrentes problemas judiciales para no satisfacerme. Con la tasa de desempleo que tenía el país, bastaba un chasquido de dedo para conseguir otro desesperado que estuviera dispuesto a succionar cuellos desconocidos a cambio de una miseria.

Así pues, me despedí del Conde y el vampirismo profesional. Por fortuna, poco después, empecé en un sector más honrado. Trabajo en una sucursal de un gran banco. Sin embargo, todavía hoy, de vez en cuando me levanto con la boca empapada de sangre.

Sigue leyendo “Trabajos Nocturnos”
Relatos

Demasiada Candidez

Era aún demasiado cándido para el amor. Tenía catorce años. Mientras mis compañeros perseguían traseros, yo pensaba en jugar al fútbol y, de vez en cuando, en clases de física y matemáticas. Conforme se acercaba el 14 de febrero, una excitación embriagaba el instituto. Se formaban parejas artificiales con tal de sentirse querido por unos días. Aquel año, me tocó a mí. Sara, una de las chicas más populares, me escogió. No podía negarme. De repente, sentí que me había hecho mayor.
Sigue leyendo “Demasiada Candidez”
Microrrelatos

Arroz Congrí

En ocasiones, el hambre feroz precede a un empacho de terribles consecuencias. Ella desprendía el aroma que sólo los fogones experimentados pueden exhalar después de preparar potaje. Su sabor era el de un mango en el punto exacto de maduración, empapando de almíbar su tez pajiza. El dulzor físico contrastaba con la acidez que envolvía a su exótica personalidad. El día después de conocerla, me sorprendió con un mensaje que decía “además de instructora de meditación, soy detective aficionada y quiero descubrir cómo combinan tus especias con las mías”. Sólo la falta de alimento para el alma podría explicar el desliz, la sed insaciable para la cual no existe jugo que la calme.
Algo en mí suplicó resistirme a los encantos de la gastronomía cubana, pero el estómago se encargó de acallar la incertidumbre. El aperitivo se sirvió sobre sus largas piernas mientras el aguacate se abría tímidamente. Después, el puerco asado se pegó sobre sus generosas caderas. Sin hastiar, me sirvió su postre de dulces guayabas. Como colofón a la velada quedó el regusto a piña que emanaba del daiquirí. Me las prometía muy felices viendo los restos desnudos del banquete sobre la cama cuando la puerta interrumpió la digestión. Un comensal inesperado de color mulato y espléndidas proporciones entró en la habitación mientras yo escapaba por el balcón. Muerto de frío me lamenté, ¡qué terrible indigestión!

Sigue leyendo “Arroz Congrí”

Microrrelatos

Sueños fritos

Ayer soñé que era una croqueta de puchero. Estaba hecho de hilos de pollo, tropezones de garbanzos y restos de tocino. Mi creador, el que me había cocinado en una sartén de aceite hirviendo, me servía en una bandeja junto con otros hermanos croquetas. Mi aspecto era inconfundible: tenía el cuerpo cubierto de costras negras por haberme frito de más. Con preocupación observé cómo el resto de croquetas desaparecían entre gritos de horror y yo permanecía sobre la bandeja. Nadie me comió y acabé en la nevera tiritando de frío. Cuando desperté del sueño, no sabía si meter mi cabeza en el microondas o lanzarme al contenedor de residuos orgánicos.

Por eso, en solidaridad con su terrible destino, he tomado una decisión: lloraré de cínica rabia cuando vuelva a devorar a una de mis deliciosas compañeras.

Microrrelatos

Viajar pegados

Perdone, pero se ha sentado usted en mi asiento“, me dijo una señora desconocida de voz amable. Me mostró su billete y ambos comprobamos que habíamos sido asignados en el mismo asiento. La tripulación apremiaba a los pasajeros a sentarse, por tanto optamos por la opción más sensata: me senté en las piernas de la señora. Tras un viaje de cuatro horas, descubrimos que nos habíamos quedado pegados el uno al otro. Probamos médicos, alquimistas y magos, pero ninguno consiguió separarnos.

Sentados, en un nuevo viaje, un nuevo desconocido nos ha interrumpido: “Perdonen, pero se han sentado ustedes en mi asiento“.
Relatos

Sobre Concursos Literarios

El joven que escribía pensó que sería buena idea presentar sus torpes palabras a un certamen literario. Quería que sus historias volaran hacia ojos críticos, medir su ego con el de otros desconocidos que también se manchaban por afición las manos de tinta y si el camino le repercutía un pellizco, una comilona o una entrevista, mucho mejor. Tras una búsqueda concienzuda, dio con un concurso que convocaba el ayuntamiento de un pueblo perdido entre olivos y almendros. El tema era libre, así que compuso un texto sobre un sanguinario pirata que se quedaba repentinamente en paro y se reciclaba como monitor de comedor escolar.

Le añadió una pizca de picante y sal a la historia y metáforas de tres al cuarto, sin pasarse pues los paladares de los jurados de hoy en día se habían vuelto tibios, siendo alto el riesgo de salar, empalagar o amargar. El joven que escribía pasó noche y día escribiendo, mientras en su casa se amontonaban los cartones de pizza y el papel de aluminio de kebab que conformaban su único método de supervivencia. Después lo repasó una y otra vez, lo pulió, intercambió el final con el principio diez veces. El pirata se transformó sucesivamente en payaso, mafioso, cura, león y de nuevo pirata. Casi cuando estaba por mandarlo, se lo dejó ver a dos o tres amigos de su confianza. Le dijeron que era lo mejor que se había escrito desde ‘El Alquimista’, por lo tanto supo que todo estaría mal, el tema manido y el final previsible. Finalmente, aburrido de leer y releer, se decantó por entregarlo.


Cuando fue a enviarlo, el mismo día que finalizaba el plazo de presentación, dio cuenta de que debía rellenar veinte formularios, una cesión de derechos, enviar una autobiografía, completar una plica, adjuntar el libro de familia, su calendario de vacunas y un jeroglífico egipcio resuelto. Una vez estaba toda la documentación en su correo, comprobó que el tiempo había expirado. Maldita sea, gritó junto a ciento veinticinco improperios más. Incluso pensó en el suicidio con una nota dedicada al jurado del concurso.

Finalmente, sereno, consultó la fuente donde había encontrado el certamen y descubrió que había un millón más. Ahora su historia esta en manos de una ganadería vacuna, la cual elegirá al relato ganador según sea la intensidad del bramido en aprobación de su ternero Eufrasio, aficionado a devorar pastos frescos y las páginas de ‘Crepúsculo’ y ‘Cincuenta Sombras de Grey’.


Segunda parte en el El Vuelo Del Vencejo
cuarentena·Microrrelatos

Malos Tiempos

La evolución está extinguiendo una serie de tradiciones que han perdurado en el dilatado paso del tiempo. El hombre ya no vive en cuevas, los sacrificios humanos bajo el pretexto de algún credo han cesado y la esclavitud es una práctica casi extinguida. Otro que se ha visto abocado al ostracismo es el Espíritu Santo. Con la aparición del test de paternidad no hay duda posible: ya no quedan señoras que han sido inseminadas de forma aleatoria por la gracia de Dios. 

Son estos malos tiempos para pamplinas.
Microrrelatos

Personajes Oscuros

En cierta ocasión, un personaje oscuro se dio cuenta de que su vida no tenía ningún sentido. Astutamente, decidió buscarse un enemigo. Una vez lo encontró, comenzó a adoptar costumbres y opiniones opuestas a las de éste. El personaje oscuro frecuentaba los cafés y las tertulias para despotricar contra él sin piedad, alertando al resto de los peligros que entrañaban los pensamientos y las futuras acciones que llevaría a cabo su adversario. Aunque nunca coincidió con el blanco de sus iras, los rumores apuntaban a que él también era vorazmente vilipendiado. Eso le irritaba profundamente y le hacía ensañarse cada vez con más energía y rabia, hasta el punto de centrar todos sus esfuerzos contra su antagonista.
Aunque pudiera parecer que lo odiaba con toda su alma, en el fondo lo amaba. La existencia de un enemigo le había dado un penoso, pero ansiado, sentido a su vida.