Reseñas

Alegría – Manuel Vilas

Durante las vacaciones estuve leyendo Alegría de Manuel Vilas, finalista del Premio Planeta en la edición de 2019. Plasmé mis impresiones en una reseña publicada por Leer en la nube, blog administrado por las bibliotecas públicas de Leganés. Desde este enlace podéis leerla. Alegría para todos!

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Colmillo Blanco — Jack London

Tras una serie de espontáneas apariciones que no por divertidas vienen al caso, Raymond Carver tuvo a bien sugerirme un par de autores mientras escalaba su Catedral. Uno de ellos fue Colette, con la cual me introduje en la brevísima e irreverente Gigi, y el segundo fue Jack London. De su vasta biografía, enseguida me decanté por Colmillo Blanco, pues, con bastante mala leche, éste era el mote con el cual se conocía al director y cura del colegio por el que pasé mis últimos años de adolescencia. Dudo que nadie de los que reía con aquel apelativo hubiera leído la obra homónima, pues el colegio prefería los manuales religiosos y la autoayuda encubierta, aunque es posible que sus creadores hubieran visionado alguna de sus adaptaciones cinematográficas. Se trata Colmillo Blanco pues de una novela clásica de aventuras, típicamente recomendada para lectores jóvenes, colmada de un conglomerado de reflexiones profundas y aún vigentes.

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Trigo limpio — Juan Manuel Gil

No soy amigo de listas del tipo “los mejores rebuznos del año”, “los bostezos más plásticos de 2021” o “los amortajamientos con mayor fantasía del milenio”. Odio la necesidad de catalogar los recuerdos como si fueran utensilios de cocina e intuyo trampas en el proceder de mi memoria. Sin embargo, si tuviera que esbozar un recopilatorio con las lecturas que más he disfrutado este año, sin duda incluiría Trigo limpio de Juan Manuel Gil. Una obra fascinante que resquebraja moldes formales, juega magistralmente con los límites del papel narrativo y teje una relación estrecha con el lector, como si te reunieras con un amigo al que hace años que no ves para ponerte al día. Mimbres que han merecido el reconocimiento del prestigioso Premio Biblioteca Breve y la consecuente publicación en la editorial Seix Barral.

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A sangre fría — Truman Capote

En mi incierta contienda contra la ignorancia, he decidido adentrarme en la obra de uno de los grandes de la literatura universal: Truman Capote. Lo he hecho sin ambages, decantándome por A sangre fría, la célebre novela que, en clave de reportaje literario, narra los asesinatos reales en el seno de la familia Clutter. Una obra que además de sus exquisitas descripciones y la rigurosidad de la reconstrucción, de los hechos destaca por un fiel retrato de la sociedad norteamericana y profundiza en la motivación que hay detrás de un asesinato. Una buena muestra de lo necesario que es entender el mal para acariciar la verdad.

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El desierto de los tártaros — Dino Buzzati

Supongo que hay un momento de toda existencia en que cabe plantearse cuál es el rumbo. En la mayoría de casos no hay respuesta, si acaso una mera ilusión que la suplante con solvencia. Algunos, consciente o inconscientemente, se esquivan a sí mismos y tratan de correr sin mirar atrás. Es comprensible abrazarse a la anestesia producida por la pasividad y la indiferencia, pues con tan sólo mentarla te lanza a un abismo infinito y angustioso. Vengo observando que, consumida la juventud y obligados a caminar sin guías, el enfrentamiento a nuestra propia existencia es capaz de asfixiar. En medio de esta vorágine, he leído El desierto de los tártaros de Dino Buzzati, un auténtico bofetón de realidad en forma de fina metáfora.

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Los años extraordinarios — Rodrigo Cortés

Al escribir es frecuente cuestionarse sobre la mesura de los elementos que componen la obra. El bolígrafo transita por un barranco incierto en el que es sencillo despeñarse por las tierras de la grandilocuencia, la banalidad o el barullo, arrastrando con él al incauto y manso lector. En concreto, el surrealismo, como el picante en la cocina, es uno de los ingredientes más agradecidos, pero a la vez más sutiles de trabajar. El surrealismo es capaz de potenciar y multiplicar el calado de una historia, así como de dotarle de una personalidad genuina. No obstante, la falta de mesura suele desembocar en el tedio y la incongruencia. Los años extraordinarios de Rodrigo Cortés es una muestra de que, aun con productos de primorosa calidad, el exceso de intensidad puede arruinar una buena escritura.

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Sostiene Pereira — Antonio Tabucchi

Hace algunos años asistí a un maratón de escritura en Granada. Estaba convocado por el taller Escríbeme Mucho, encabezado por las escritoras Ana Aguilera y Cristina Gálvez. El lugar de celebración fue la librería Sostiene Pereira, localizada en una calle escondida tras el Arco de Elvira. Ese día, haciendo gala de una imprudente ignorancia, pregunté a qué se debía el nombre del lugar. “¿Que no sabes qué es Sostiene Pereira?”, comentaban escandalizados los asistentes. Recientemente, en otro taller, la escritora África Hurtado me recomendaba la novela de Antonio Tabucchi. Sin esperar más señales, he forjado una estrecha relación con Sostiene Pereira durante los últimos días.

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Pájaros en un cielo de estaño — Antonio Tocornal

Soy persona de contadas tradiciones. No voy a misa los domingos, detesto frecuentar los mismos bares y me gusta cambiar de ciudad y trabajo cada dos años. No obstante, la única excepción que he admitido es en forma de novela escrita por Antonio Tocornal. Debido a la fecundidad del autor gaditano, se ha convertido en un ritual recibir sus buenas nuevas y reencontrarnos cada año en torno a su reconocible combinación de prosa delicada y realismo mágico tamizado por el humor. Su flamante Pájaros en un cielo de estaño, Premio València de narrativa en castellano 2020, me ha hecho gozar los últimos días con una sonrisa constante y una admiración sincera.

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Diario de un emigrante — Miguel Delibes

Mi última lectura del año pasado fue Diario de un emigrante. La ligereza de su formato me invitó a escogerla, así como una amistad respetuosa por Miguel Delibes que de tanto en tanto conviene celebrar. En un contexto donde vuelven a resurgir las voces que señalan a la inmigración como mal de nuestra sociedad, obras como la que nos ocupa nos recuerdan que algún día también nosotros fuimos emigrantes, si es que acaso alguna vez lo dejamos de ser, y que no existe garantía de que algún día tengamos que hacer las maletas.

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La peste — Albert Camus

A comienzos de pandemia, lectores y medios evocaron La peste por sus demoledoras reminiscencias con la actualidad. De hecho, en aquellas semanas editoriales y dueños de los derechos de Albert Camus se frotaban las manos, al ver al clásico entre los primeros puestos de los libros más vendidos. Tuve la tentación de emprender su lectura en los días de mayor desconcierto, pero afortunadamente esperé a este momento de calma entre olas para que la realidad no arruinara la literatura. Es imposible no sentirse interpelado leyendo la novela, pero mi salud mental agradece no haberle echado más leña al confinamiento e iluminar unos días de playa en Canarias.

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Sapiens: De animales a dioses – Yuval Noah Harari

A comienzos de la cuarentena llegó a mis manos dos artículos rebosantes de lucidez. Uno conjeturaba acerca del mundo que quedaría tras la pandemia y el otro se centraba en la falta de liderazgo global que ésta había desenmascarado. Guardé ambos artículos en una carpeta a la que llamo confrontación, donde además de ampliar conocimientos, trato de debatir mis exiguas convicciones. En aquellos textos encontré algo de lo que adolecen la mayoría de análisis de nuestro tiempo: perspectiva y rigor. El punto de vista del autor conjugaba conocimientos en historia, biología, economía y política. Además, la forma de expresarla era tan clara y tan rotunda, que a duras penas se podía poner en cuestión más allá de algunas puntualizaciones.

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Si Esto Es Un Hombre – Primo Levi

Bordear la muerte a cada instante ofrece tal pureza en los ojos que la vida adquiere dimensiones inimaginables, matices desapercibidos alumbrados entre el miedo, la desesperación, la entereza y la aceptación. Una muestra de esta horrenda realidad tuvo lugar en los Lager, los campos de concentración que Alemania levantó dentro de sus dominios durante la II Guerra Mundial, en los que millones de inocentes fueron despojados brutalmente de su condición de hombre. Desde el campo de Monowitz, subalterno al de Auschwitz, el italiano Primo Levirelata sus espeluznantes experiencias desatando un entramado de reflexiones indispensables que conforman Si Esto Es Un Hombre. Una obra que debiera ser de cabecera no sólo para no olvidar errores del pasado, sino para evitar reproducir sus análogos en el presente y futuro.

A priori, la vida reservaba un hueco alejado de la literatura al turinés. A comienzos de la década de los cuarenta, con los ecos de la batalla resonando muy cerca, Primo Levi se licenciaba en química por la Universidad de Torino, uniéndose poco después a la resistencia antifascista italiana. Finalmente, es capturado por las milicias fascistas y, debido a su condición de judío, trasladado a Auschwitz. Después de burlar a la muerte en su penoso encierro, Levi decide plasmar sus experiencias en Si Esto Es Un Hombre, publicado con escaso y predecible éxito en 1947, que se reeditaría a raíz de la multitudinaria aceptación de la segunda parte, La Tregua, en 1963. Este sorprendente proceso es una constatación de cómo las cicatrices de la barbarie sólo se pudieron acariciar una vez que las mismas habían desaparecido, puesto que al terminar la guerra el público no tenía estómago para albergar más sufrimiento.

En su cincuentena, Levi abandonaría su oficio como químico para dedicarse a tiempo completo a su carrera de escritor y daría a luz obras de la talla de El Sistema Periódico (1975), Si Ahora No, ¿Cuándo? (1982) o Los Hundidos y Los Salvados (1986), tercera y última parte de la saga Auschwitz. En circunstancias que no se han llegado a aclarar y que suscitan acalorados debates entre propios y extraños, Primo Levi se quitaría la vida como consecuencia, supuestamente, de las heridas abiertas en su estancia en el Lager, aumentando el aura maldita del escritor.

Si Esto Es Un Hombrese divide en una serie de capítulos temáticos, ordenados cronológicamente, que versan sobre cada una de las facetas subyacentes a un prisionero de un campo de concentración: llegada, clasificación, alojamiento, alimentación, salubridad, trabajo, relación con los guardias y con otros presos, evolución psicológica… El enfoque del libro asombra por su cercanía, pues el objetivo no es hacer una retrospectiva global, sino el de dar la propia visión de la rutina en los campos de concentración. El tono empleado desborda por su humildad. De hecho, en ciertas fases el tono del italiano se vuelve dubitativo, vergonzoso, como si aún estuviera enclavado dentro de la alambrada; terrenal entre palabras superlativas, como una persona y no como un escritor. Estos factores imprimen a las páginas un realismo apabullante que atraviesa la piel, atrapa hasta dejar sin respiración y siembra impotencia y ternura a partes iguales.
Lo sabemos, mañana será como hoy: quizás llueva un poco más o un poco menos, o quizás en vez de a cavar vayamos al Carburo a descargar ladrillos. O mañana también puede acabarse la guerra, o nos matarán a todos nosotros, o seremos trasladados a otro campo, o se realizarán algunas de las grandes innovaciones que, desde que el Lager es Lager, son incansablemente pronosticadas como inminentes y seguras. Pero ¿quién podría pensar seriamente en mañana?”

Permanentemente, se cierne sobre el lector la sensación de estar en uno de los barracones. Las descripciones forman un entramado esencial en la obra con alto nivel de detalle, apoyado por una atmósfera intimista. Entre ellas se desarrollan profundas y lucidas reflexiones sobre la existencia humana, la vida y la muerte, en las que Levi regala pinceladas metafóricas de carácter barroco.
Porque así es la naturaleza humana, las penas y los dolores que se sufren simultáneamente no se suman por entero en nuestra sensibilidad, sino que se esconden, los menores detrás de los mayores, según una ley de perspectiva muy clara. Es algo providencial y que nos permite vivir en el campo. Y también es ésta la razón por la cual con tanta frecuencia, en la vida en libertad, se oye decir que el hombre es insaciable: mientras, más que de una incapacidad humana para el estado de bienestar absoluto, se trata de un conocimiento siempre insuficiente de la naturaleza compleja del estado de desgracia, por lo cual a causas que son múltiples y ordenadas jerárquicamente se les da un solo nombre, el de la causa mayor; hasta que ésta llegue a desaparecer, y entonces uno se asombra dolorosamente al ver que detrás de una hay otra; y en realidad, muchas otras”.

Conforme Si Esto Es Un Hombre avanza, se acepta con naturalidad la desposesión de la condición humana por parte de los presos, la inversión de los conceptos esenciales, la renuncia a cualquier otra moral o ética que no sea supervisada por el instinto más primario.
En cambio, para nosotros, el Lager no es un castigo; para nosotros no se prevé un término, y el Lager no es otra cosa que el género de existencia a nosotros asignado, sin límites de tiempo, en el seno del organismo social germánico”.
Quiero invitar ahora al lector a que reflexione sobre lo que podrían significar en el Lager nuestras palabras «bien» y «mal», «justo» e «injusto»; que juzgue, basándose en el cuadro que he pintado y los ejemplos más arriba expuestos, cuánto de nuestro mundo moral normal podría subsistir más allá de la alambrada de púas”.

Sin embargo, aunque la muerte aceche en cada esquina, aunque sean plenamente conscientes de por qué el cielo se tiña de columnas de humo blanco y denso, aunque las noticias del exterior sean difusas y contradictorias, los desposeídos no se resignan a morir y florece un espíritu de supervivencia del día a día que se torna feroz e implacable, clave para la subsistencia final. A diferencia de la entereza y la bondad de Levi, se sucede el éxito de los verdaderos desposeídos: los que no les han arrancado su condición, si no que han decidido claudicar de la misma para sobrevivir un minuto más.
Hay algo de verdad en las tres suposiciones. Elías ha sobrevivido a la destrucción de afuera porque es físicamente indestructible; ha resistido a la aniquilación interior porque es un demente. Es, pues, en primer lugar, un superviviente: es el más adaptado, el ejemplar humano más idóneo para este modo de vivir”.

Ciertas ediciones contemporáneas, incluyen un interesante epílogo, escrito en 1976, en el que Primo Levi contesta una serie de preguntas recurrentes que se repiten en la cabeza de los lectores. Con un tono reposado muy distinto al de la obra, más propio de la divulgación académica, el escritor italiano confiesa no tener rencor a sus captores, vigilantes y nazis en general que se arrepintieron de sus actos; motiva la falta de respuesta de los prisioneros; y lo más difícil, hace un ejercicio de empatía sin precedentes para tratar de entender el odio de los nazis hacia los judíos para trazar un brillante paralelismo con el presente. Ese, aunque implícito en el libro, debe ser el verdadero mensaje.
Hace meses, a modo de apunte personal, viajé a Auschwitz, antes de leer esta biografía. Los enclaves crudos, su ambiente tétrico y los encomiables esfuerzos de las instituciones polacas en tratar de informar con el máximo detalle de los hechos que allí tuvieron lugar no conforman ni una milésima parte  del dolor que trasmite la experiencia personal de Primo Levi. Si el dolor no se puede explicar mediante simples palabras, Si Esto Es Un Hombre se acerca bastante.



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Ficha Técnica:
Título: Si Esto Es Un Hombre.
Autor: Primo Levi.
Páginas: 224.
Editado por: El Aleph.
Año de publicación: 1947.
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De Viaje Por Los Países Socialistas – Gabriel García Márquez

Con las cenizas de la guerra aún candentes y las costuras de la sociedad remachadas por agujas de hierro, en los países del este europeo se asienta el socialismo como eje económico y político. Aunque el Pacto de Varsovia de 1955 y la asunción del enemigo capitalista parecen actuar como un pegamento efectivo, la doctrina descendiente de Engels y Marx, y reinterpretada por figuras como Lenin o Stalin, se aplica de una forma completamente dispar. De forma natural  y a través de una mirada transparenteDe Viaje Por Los Países Socialistas realiza una retrospectiva periodística a pie de calle que nos transporta desde la Alemania Oriental a la URSS, pasando por Polonia, Hungría o Checoslovaquia de finales de la década de los cincuenta. En él topamos con un joven redactor de la revista colombiana Cromos, Gabriel García Márquez, cercano en el tono de escritura y elocuente en los detalles seleccionados.

No es De Viaje Por Los Países Socialistas una de las obras más populares del premio Nobel, de hecho cuesta encontrarla entre sus bibliografías más extendidas. Sin lugar a dudas, la faceta de cronista, ensayista y reportero permanecerá siempre eclipsada por la de novelista, celebrada con obras de la talla de El Coronel No tiene Quien Le Escriba (1961), Cien Años De Soledad (1967) o Crónica De Una Muerte Anunciada (1981). Cabe destacar que De Viaje Por Los Países Socialistanarra los sucesivos viajes de Gabo a los países del Bloque del Este mientras residía en París, siendo legalmente publicada en 1978. A pesar de ser conocida la simpatía del escritor colombiano por las ideas de izquierda, declarándose en algún momento de su vida socialista, es justamente en estos viajes cuando experimenta un desencanto con la labor soviética respecto a su discutible interpretación, con Sudamérica como interesante contrapunto.

Pese al pequeño impacto de la obra, más allá de descubrir nuevos pasajes de la vida y recovecos del pensamiento del genio, es curiosa la relevancia adquirida en los últimos tiempos, así como los imaginativos paralelismos que sobre él se intentan trazar. Sin ir más lejos, la esposa de Leopoldo López –preso y disidente venezolano– declaraba recientemente en una entrevista promocional que leyendo De Viaje Por Los Países Socialistas veía la realidad actual de Venezuela. Pudiera no ser descabellado pensar que García Márquez olvidó mencionar la victoria del Partido Comunista en las últimas elecciones libres de la Federación Rusa; que la editorial censurase el capítulo dedicado a la escasez de alimentos en Polonia o que los pulcros medios de comunicación de hoy en día hayan obviado informar de la gulag venezolana o de la capacidad armamentística de su ejército y la potencialidad desaprovechada de su industria. Pudiera no ser descabellado. Fuera de interpretaciones partidistas y ciencia ficción de garrafón, en cada país visitado se hace patente la asfixia del individuo a través de la propaganda y la represión y el incontrolable aislamiento internacional que finalmente haría saltar por los aires la ilusión comunista.

El viaje comienza en Alemania, donde se constata la brutal división entre la parte Oriental y la Occidental, representando Berlín el verdadero paradigma. A ambos lados del muro los gobiernos respectivos se afanan en proyectar una imagen sólida ante el vecino rival, quedando fuera del plástico una sociedad llena de cicatrices y la semilla de una desafección progresiva.
Yo creo humildemente que es una ciudad falsa. Los turistas norteamericanos la invaden en verano, se asoman al mundo socialista, y aprovechan la oportunidad para comprar en Berlín Occidental artículos importados de los Estados Unidos que allí son más baratos que en Nueva York. Uno no se explica cómo puede sostenerse un hotel tan bueno como los mejores de los Estados Unidos, con piezas modernas, televisión, cuarto de baño y teléfono por cuatro marcos diarios, es decir, un dólar. En la congestión del tránsito no hay un automóvil que no sea de último modelo. Los anuncios de los almacenes, la propaganda, la carta en los restaurantes, están escritos en inglés. En el territorio de Alemania Occidental hay cinco emisoras donde nunca se ha transmitido una palabra en alemán. Cuando uno advierte todo eso y piensa además que Berlín Occidental es un islote enclavado en la cortina de hierro, que no tiene relaciones comerciales a 500 kilómetros a la redonda, que no es un centro industrial considerable, que el intercambio con el mundo occidental se hace en aviones que aterrizan y decolan en el aeródromo situado en el centro de la ciudad, a un ritmo de un avión cada dos minutos, uno está obligado a pensar que Berlín Occidental es una enorme agencia de propaganda capitalista. Su empuje no corresponde a la realidad económica. En cada detalle se advierte el deliberado propósito de ofrecer una apariencia de prosperidad fabulosa, de desconcertar a la Alemania Oriental que contempla el espectáculo con la boca abierta por el ojo de la cerradura”.
Sobrevuela en toda la obra, aunque en particular en la parte germana, la sombra de la falta de competitividad industrial como consecuencia del paternalismo económico por parte del Estado. Además, como curiosidad, García Márquez profetiza lo que a finales de los años ochenta daría como resultado la unificación de los dos estados. Por su parte, en Checoslovaquia el lector es partícipe de la honestidad de su pueblo, la distancia de los ciudadanos hacia las esferas políticas y su apertura social y económica al resto de países capitalistas.
La gente reacciona en Praga como en cualquier país capitalista: Esto -que podría parecer una tontería- es interesante, pues en la Unión Soviética reaccionan de otra manera. En Praga y en Moscú hicimos la prueba del reloj. Es sencilla: Franco y yo adelantamos nuestros relojes en una hora, subimos a un tranvía y viajamos de pie, agarrados a la barra, de manera que nuestros relojes fueron perfectamente visibles. Un hombre -50 años, gordo, nervioso- nos miró con un aire de aburrimiento. De pronto miró mi reloj: las 12.30. Se sobresaltó. Con un gesto mecánico levantó el puño de su camisa y leyó la hora en su reloj: las 11.30. Se acercó el reloj al oído, comprobó que estaba andando, pero sus ojos ansiosos, desolados, buscaron en torno suyo el reloj más cercano y se encontraron con el de Franco. También allí eran las 12.30. Entonces se abrió paso con los codos, descendió antes de que el tranvía se detuviera y se perdió a saltitos entre la multitud. En París y en Roma la reacción es la misma”.

Mientras tanto, en Polonia cohabitan en aparente calma el catolicismo y el socialismo soportados por el prestigio de las figuras del presidente Gomulka y el cardenal Vyszynsky, quienes trazaron un camino de odio hacia todo lo que tuviera olor a soviético en pos de su independencia. Despunta la influencia cultural y política de Francia un factor acelerador del proceso, que tiene en los estudiantes universitarios su mayor baluarte.
Ni siquiera en la Unión Soviética –donde el empuje de la juventud es indiscutible– se advierte una ebullición juvenil más intensa que en Polonia. Es superior o por lo menos más histérica que en cualquier país de Europa Occidental. Al contrario de lo que sucede en Checoeslovaquia, los estudiantes polacos tienen una participación activa en la política. Todos los periódicos y revistas estudiantiles -desde cuando subió Gomulka está saliendo uno nuevo cada mes- intervienen directamente en las cosas del gobierno. La Universidad es un barril de pólvora. La situación había llegado a tal extremo que el periódico «Po Prostu» fue clausurado por el gobierno. Fue un golpe moral para el estudiantado que está aprovechando su luna de miel con la libertad de prensa para disparar por todos lados. La medida ha dado origen a violentas manifestaciones públicas”.

Sorprendentemente, el aspecto social y burocrático de aquella Polonia de hace sesenta años, a caballo entre la desconfianza y la oscuridad, no dista mucho de la actual. En la URSS, García Márquez comprueba la amabilidad de sus habitantes, la fuerte presencia espiritual y física de un recién fallecido Stalin, la censura a gran parte de los intelectuales, la falta de mano de obra y, por tanto, la consecuente inexistencia de desempleo. Además, la crónica da cuenta de la vanguardia de la industria soviética penalizada por su aislamiento tecnológico y su falta de perspectiva social, en otra de las críticas al modelo soviético.
La explicación parece radicar en que la Unión Soviética, en 40 años de revolución, decidió dedicar todos sus esfuerzos, toda su potencia de trabajo, al desarrollo de la industria pesada, sin prestar mayor atención a los artículos de consumo. Así se entiende que hayan sido los primeros en lanzar al comercio de la navegación aérea internacional el avión más grande del mundo, mientras la población tiene problemas de zapatos. Los soviéticos que se esforzaban por hacernos entender estas cosas, hacían un énfasis especial en el hecho de que aquel programa de industrialización en grande escala había sufrido un accidente colosal: la guerra. […]
No cabe duda de que el esfuerzo nacional exigido por esta enorme aventura del género humano, tuvo que pagarlo una sola generación, primero en las jornadas revolucionarias, después en la guerra y por último en la reconstrucción. Es ese uno de los cargos más duros que se hacen contra Stalin, a quien se le considera como un gobernante despiadado, sin sensibilidad humana, que sacrificó una generación entera en la construcción apresurada del socialismo. Para impedir que la propaganda occidental llegara a los oídos de sus compatriotas, cerró por dentro las puertas del país, forzó el proceso, y logró un salto histórico que tal vez no tenga precedentes. Las nuevas generaciones, que indudablemente empiezan a madurarse con un sentimiento de revuelta, pueden ahora darse el lujo de protestar de sus zapatos”.

Por último, De Viaje Por Los Países Socialistas se detiene en Budapest, con el recuerdo muy vivo de la insurrección húngara contra el gobierno, duramente reprimido por el régimen de Kadar con ayuda de las tropas soviéticas. Precisamente, García Márquez tiene la oportunidad de escuchar in situ un discurso del líder húngaro en el que se sincera ante la impopularidad de su mandato. El panorama social es desolador. Contradictoriamente a las ideas socialistas, las colas para comprar lotería son mayores que las del pan; la mayoría de trabajadores están armados; la tensión se podría cortar con un cuchillo; y las detenciones, el miedo y el forzoso silencio son las únicas armas que sostienen el régimen. En los últimos albores, un recodo a la esperanza.
La noche de nuestra despedida en el comedor del hotel, hablando con un dirigente comunista de la forma cruda y destapada en que pensaba escribir este reportaje, él se sintió un poco desconcertado, pero luego reflexionó.
–Eso nos ocasionará un grave perjuicio, –dijo–. Pero tal vez nos ayude a bajarnos del potro”.

En definitiva, De Viaje Por Los Países Socialistas supone un valioso y ameno retrato, alejado de prejuicios y partidismos, en el que se vislumbra a través de las sombras y en el que las luces no ciegan. Una historia de lo que pudo ser y no fue, con la certeza viva de que la verdad y la razón se diluyen entre la barbarie y la incomprensión; una patada en el estómago al prototipo de diablo rojo que escupe fuego por la boca y, entrelíneas, un toque de atención al amigo azulado que todo lo parece poseer y entender a través del tintineo de sus bolsillos.



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Ficha Técnica:
Título: De Viaje Por Los Países Socialistas.
Autor: Gabriel García Márquez.
Páginas: 160.
Editado por: Oveja Negra.
Año de publicación: 1978.
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Los Asesinos Del Emperador – Santiago Posteguillo

No podía ser en otro sitio que en Roma donde finalizara Los Asesinos Del Emperador, una lectura que me ha ocupado un total de siete meses. No es para menos, ya que la novela narra de forma extensa la caída de la dinastía Flavia que daría paso a la subida al trono de Trajano, el primer emperador hispánico de Roma. La firma es de Santiago Posteguillo, encargado de mezclar, sin grandes alardes literarios, la rigurosidad de los acontecimientos y la maraña de entresijos sentimentales dentro y fuera de palacio con cierta fantasía. Así pues, nos encontramos ante una obra histórica entretenida y atractiva para el público de masas.

 
El autor, profesor titular de la Universidad Jaume I de Castellón, se dio a conocer en el entorno literario allá por el año 2006 con su trilogía dedicada a Escipión el Africano: un importante general y político romano, del que se cree que fue capaz de vencer al ejército cartaginés comandado por Aníbal Barca, y hacer que Cartago se rindiera a Roma después de la Segunda Guerra Púnica. Tras saltar un período más trascendental de Roma en cuanto a historia y literatura se refiere, en el que sobresalen las figuras de Julio César, Marco Antonio, Augusto, Calígula o Claudio; Santiago Posteguillo emprende en 2011 una nueva trilogía, acerca de la figura de Marco Ulpio Trajano, con Los Asesinos Del Emperador, prolongada por Circo Máximo en 2013 y con una última entrega en fase final de su redacción.
 
El libro nos remonta a finales del Siglo I d.C., instantes antes de que la conspiración contra Domiciano, emperador de Roma, se ejecute. Después de dar una perspectiva social y política de un imperio resquebrajado debido al paranoico mandato de su emperador, la trama regresa al agitado reinado de Nerón, rememorando su célebre incendio, en el 63 d.C., para motivar minuciosamente la conjura citada. Entre tanto, la inestabilidad se cierne sobre Roma: las guerras civiles desangran el poder del imperio y ninguno de los fugaces emperadores–Galba, Otón y Vitelio– es capaz de poner cordura hasta la llegada de la dinastía Flavia al poder, con Vespasiano primero, su hijo Tito después y el despiadado Domiciano por último.
 
La narración entrelaza diversos sucesos aislados en tiempo y espacio que paulatinamente se ensamblan como piezas de un puzle casi perfecto. Cabe destacar la inclusión de la construcción del Coliseo y su posterior reforma, la persecución a los primeros cristianos, el desgraciado devenir de gladiadores, la existencia de gladiadoras, el costoso asedio a Jerusalén y las batallas en la frontera del Imperio con Britania, Germania, el Danubio o Partia. Es en la faceta bélica, entre otras, donde se aprecia el gusto por el detalle y el rigor de la obra, lo cual conduce, en ocasiones, al letargo. Una muestra sobre la conquista de Jerusalén:
 
Las maderas de la rampa crujían al sostener el tremendo peso de un ariete montado sobre gigantescas ruedas y el peso de una monumental torre de asedio que le seguía, con dos escorpiones instalados en su último piso, toda ella llena de arqueros, legionarios y auxiliares armados con flechas, lanzas y protegidos por sus grandes escudos rectangulares y cóncavos. Las maderas crujían y los clavos que la sostenían se tensaban hasta lo indecible, pero los ingenieros romanos lo tenían todo calculado con exactitud y, además, ya llevaban varias rampas construidas para la conquista de los muros exteriores de la ciudad. […]
Trajano empezó a subir por la rampa, pero, de pronto, cuando sólo llevaba —en esta ocasión para su fortuna— una decena de pasos sobre aquellas vigas de madera, los crujidos de la base de la rampa se transformaron en un ensordecedor estruendo y lo inimaginable, lo imposible, lo que nunca antes había ocurrido, aconteció: Trajano perdió el equilibrio porque la base que le sustentaba parecía moverse sola, y en su caída contempló cómo el gigantesco ariete y la inmensa torre de asedio se venían abajo, en pie aún, pero hundiéndose en una maraña brutal de madera que se deshacía en su base y se desplomaba, no hasta caer en el suelo sobre el que se había levantado, sino aún más, hundiéndose torre y ariete y arqueros y escorpiones y auxiliares y legionarios en las profundidades de un inabarcable agujero que lo engullía absolutamente todo, como si el dios Vulcano hubiera decidido emerger a la superficie de la tierra por aquel punto y todo a su alrededor se deshiciera en un océano de astillas, gritos y sangre.
 
La parte central de la obra es monopolizada por el ascenso al poder de Domiciano, a costa de dejar morir a su hermano Tito, y el progresivo desarrollo de su demencia durante su reinado. El paso de las páginas muestra su carácter calculador, sanguinario y profundamente maniaco que sumiría en la completa ruina al pueblo romano. Su victoria en la frontera del Rin, a causa del fortuito deshielo de sus aguas, elevaría su consideración hasta Dominus et Deus, lo cual avivaría la conspiración contra su persona. Su relación con Domicia Longina, su mujer, con la que concebiría un hijo que después dejaría morir, deja entrever la cúspide de su crueldad, tal y como ilustran sus palabras:
 
Sé que para ti la vida es ahora sólo sufrimiento: tu padre muerto, tu madre muerta, tu hermana muerta, tu antiguo marido muerto, Tito recién fallecido y tu hijo muerto también. No tienes nada ni nadie por lo que vivir, por eso quiero que vivas, pero en condiciones en las que ni puedas matarte ni puedas volver a humillarme. Sólo quiero que vivas, que sufras, que maldigas cada nuevo amanecer”.
 
Fuera de los vaivenes de la capital, la obra nos acerca a la infancia de Trajano en Itálica, la esmerada educación en cuestiones políticas y militares que recibió de su padre –senador de Roma y gobernador de provincias–, su homosexualidad, su destreza para salvar conspiraciones, la admiración por parte de sus ejércitos y un infatigable sentido de la fidelidad y del trabajo. Resulta clarividente la posición impasible que Trajano adopta al enterarse de la muerte de Nerva, efímero sucesor de Domiciano.
 
Allí, envuelto en una maraña de ingenieros, arquitectos y oficiales, revisando planos expuestos sobre el suelo, estaba su tío, agachado, con las sandalias cubiertas de barro y las manos sucias por haber estado excavando con sus propios dedos para extraer tierra y examinar así el punto por donde era más factible culminar la construcción de los muros que marcaban el fin del mundo. […]
—¿Y bien? —preguntó sin ni siquiera un saludo.
Había sido interrumpido en su trabajo. Más valía que la causa fuera de suficiente importancia. […]
—Nerva ha muerto, tío —dijo con satisfacción Adriano—. Eres el emperador de Roma, Imperator Caesar. Nerva ha muerto —repitió Adriano ante la aparente indiferencia o frialdad, no sabía bien de qué se trataba, de su tío.
Trajano pidió una sella que trajeron con rapidez y el legatus, gobernador, senador y César se sentó. Sólo entonces, después de cruzar su mirada con los ojos muy abiertos de Longino y Quieto, que se encontraban a su lado y que estaban asimilando aquel mensaje, se dirigió Trajano a su sobrino.
—Nerva fue un buen emperador; el Senado le deificará pronto. Estás hablando de un dios, sobrino, de un dios. Deberías mostrar más respeto”.
Además, Los Asesinos Del Emperador no escatima esfuerzos en escenas sobrecogedoras, imágenes cruentas y tibias pinceladas de erotismo. A destacar el martirio sufrido por San Juan, siendo éste introducido en una balsa de aceite hirviendo; las luchas a muerte entre gladiadores; o la siguiente, en la que dos prostitutas tienen sexo con un león:
—Ponte a cuatro patas y quédate quieta. Es tu única oportunidad —le dijo con una voz oscura como la noche. La muchacha, aterrada, temblando, obedeció sin saber qué otra cosa podía hacer. Seguía atada por las piernas y no podía huir.
[…]El león se acercó a la muchacha que estaba a cuatro patas y empezó a olerla. Su miembro se excitaba cada vez más. Carpophorus había cogido la antorcha y se alejaba unos pasos. El público, enfervorecido, entusiasmado por el interés sexual del animal por la joven, empezó a aclamar al bestiarius, que miró de nuevo al podio imperial y comprobó que el mismísimo emperador estaba absorto por el espectáculo. Todo estaba saliendo mejor de lo que esperaba. En ese momento la fiera, incapaz de satisfacer su ansia con la pequeña joven, sintió quizá que debía hacer lo que hacía con las leonas en la selva y mordió a la muchacha por el cabello en un intento por sujetarla. El mordisco fue brutal y la joven, incluso amordazada, desgarró el anfiteatro con el más horrible de los gritos ahogados que se hubiera oído allí en mucho tiempo. La fiera, con una fuerza brutal, zarandeó el cuerpo de la muchacha que, con los ojos en blanco, agonizaba ya musitando sólo gemidos de horror.”.
 
En su narración, Posteguillo esboza un estilo sencillo, con fórmulas automáticas y en ciertos pasajes simplonas. Es claro que el verdadero interés de la obra es su historia, reforzada por su meritoria estructura, pero esta  capitulación ante la escritura resta brillantez y dinamismo. Por otro lado, el narrador se muestra excesivamente celoso y guía a la hora de enlazar argumentos, clarificando detalles evidentes. Como contrapunto, despunta la labor en los diálogos que resultan muy cercanos y directos.
 
De esta forma, por la solidez y amplitud de su entramado, Los Asesinos Del Emperadores una obra apropiada para introducirse en un período trepidante que ha sido sistemáticamente obviado. Eso sí, no busquen en él una reinvención de la literatura si no quieren llevarse una decepción. Y ármense de paciencia: no es una obra apta para personas que sufren dolores de espalda.
 
 
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Ficha Técnica:
Título: Los Asesinos Del Emperador.
Autor: Santiago Posteguillo.
Páginas: 1185.
Editado por: Planeta.
Año de publicación: 2013.
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Reseñas

Cielos De Barro – Dulce Chacón

Sangre de un asesinato que emana desde el pasado para empapar al presente, hojas caducas que vuelan entre vientos de campiña bajo un cielo que respira la metralla del frente. Heridas que no pueden cicatrizar, abiertas por las diferencias entre clases y dilatadas por el odio entre ideas. Este es el cóctel que presenta Cielos De Barro, galardonado con el Premio Azorín del año 2000, una loable retrospectiva de la España rural anterior y posterior a la guerra civil, un relato trepidante de los que calan en las entrañas y perduran en la retina.

Su impronta personal en el estilo es superlativa, guiando al lector por un entramado desgarrador y, al mismo tiempo, bello. Dicha obra es la cuarta novela y, tristemente, la penúltima que escribiría Dulce Chacón, predecesora de La Voz Dormida, su obra más celebrada y una de las fundamentales dentro de la literatura contemporánea española. No es de extrañar la similitud que hay entre ambas, debido al trazo inconfundible, la ambientación y la escasa diferencia temporal entre ambas publicaciones. Es más, no es descabellado concebir a Cielos De Barro como un excelente preámbulo.
A grandes rasgos, el libro desgrana la historia de un triple asesinato en el seno de una familia señorial extremeña. Las relaciones con su servidumbre, compuesta por gente del pueblo, influirán decisivamente en el devenir de los hechos. El abanico de personajes es enorme. La obra está escrita mediante un enfoque narrativo múltiple, intercalando pasajes de novela clásica, centrada en el pasado, con soliloquios en el presente. Este planteamiento obliga a un mayor esfuerzo de compresión por parte del lector, quien debe enlazar ambas narraciones, al comienzo inconexas, pero paulatinamente hiladas de forma magistral.
Por un lado, están las conversaciones de Antonio, el alfarero, con el inspector que lleva el caso, presentadas como monólogos del primero. Dichos pasajes desmenuzan un sinfín de detalles fundamentales sobre cada uno de los personajes. Además de cronista de los sucesos, Antonio es el abuelo de Paco, uno de los principales acusados, lo cual hará que trate de interceder en su favor en la investigación. La narración del lugareño desata una lograda jerga rural, rica y bien medida, evocando a referencias como Miguel Delibes.
No ande con apuros, si para mañana tengo más. Desde que mi santa me dejó, soy yo el que prepara el puchero, con su miajina de todo. Mire, así lo aviaba ella, ¿lo ve? Se cuece lento y se tiene ahí todo el día, arrimado lo justo a la candela para que no se turre lo de abajo. Beba lo que haga menester, que cuando el frío arrecia, no hay brasero que valga”.
Por otro lado, la historia del alfarero se intercala con los hechos que tuvieron lugar en Los Negrales, el cortijo de los señores, en el pasado. Dichos episodios tienen lugar antes y después de la guerra civil, lo cual precipita ciertos hechos y agrava las diferencias entre familia y sirvientes. El rencor, la envidia, la lujuria, la religión o el chantaje son algunos de los ingredientes por los que discurren frenéticamente estas páginas. Los diálogos se convierten en uno de los pilares fundamentales de esta parte.
-Lo que nadie ha visto no ha sucedido. Tú no estabas en el frente del sur, ni Modesto tampoco.
-Modesto no estaba. Modesto habría defendido mi honra. Con su vida la habría defendido.
-Tú no has perdido tu honra, Isidora, porque nadie te ha visto perderla. Y no se te ocurra decirle nada a Modesto, a un hombre no le gusta llevarse a una mujer que ha servido ya de primer plato para otro.
-Mamá, qué cosas dices.
-Victoria, ve a buscar a Modesto a la cocina y dile que venga. ¿Tienes algo más que decirle a la señorita Victoria, Isidora? ¿Tienes algo que decirle sobre el señorito Leandro? Contesta, que parece que te has quedado muda.
-¿Es que le dijo algo para mí, mamá?
-No, hija. Isidora vio a Leandro, pero no debes decírselo a nadie, ni siquiera a sus padres, porque él no la vio a ella. Y ella debe olvidar a quién vio allí. Porque Isidora no ha estado en el frente del sur, ni Modesto tampoco, y en ello les va la vida a los dos. Isidora no pudo ver a Leandro. ¿Verdad, Isidora? ¿Viste al señorito Leandro?
Doña Carmen retiró una bandeja de plata expuesta sobre un sillón tapizado en verde, y ocupó el asiento.
-Isidora, dile a mi hija si viste al señorito Leandro.
-Él no me vio.
-Te he preguntado si tú lo viste a él.
Cuando Isidora contestó, bajó la mirada.
-A nadie vi.
La caracterización de los personajes es otra de las bondades de Cielos De Barro, la cual responde a planteamientos estamentales, pero resulta profunda, creíble y sólida, lo que crea una cercanía y una empatía para con ellos que da a la trama un extra de vigor. El carácter afable y natural de Antonio regala citas para el recuerdo.
La Catalina decía que lo peor de perder a una madre es perder sus brazos. Que los brazos de las madres se han hecho para acunar a los chicos y abrazar a los grandes. Y que por eso mi nieto es como es, porque su madre nunca lo abrazó.
Leer Cielos De Barro, por tanto, supone un ejercicio de placer y dolor. Placer por la maestría de la obra, por esa conjugación de narrativa pulida, lenguaje campestre y licencias preciosistas. Dolor al pensar en las obras que Dulce Chacón dejó sin escribir. Imprescindible.


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Ficha Técnica:
Título: Cielos De Barro.
Autor: Dulce Chacón.
Páginas: 304.
Editado por: Planeta.
Año de publicación: 2000
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