Vida Moderna

El síndrome del nido vacío

Hace casi diez años que abandoné el nido. Lo hice sin saber muy bien adónde y todavía hoy lo desconozco. Tras mi salida, se sucedieron la de mi hermano, la de mi abuelo y la del canario, al que apodábamos ‘Gorgoritos’, a sus respectivos e inciertos destinos. A consecuencia de estas marchas, mis padres se quedaron solos e hizo su aparición el consabido síndrome del nido vacío. Alguna vez pensé en preguntarles cómo lo combatían, si acudían a misa o a clubes de swingers, si se habían apuntado a clases de baile latino o paddle surf. No obstante, evité la tentación, pues hay detalles que un hijo no necesita saber.

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Reseñas

El Aleph — Jorge Luis Borges

Hace tiempo asumí que las artes nobles no eran para mí. La poesía me despierta indiferencia, no entiendo la ópera ni la música clásica, tampoco me apasionan las exposiciones de ilustres pintores y no veo vida allá donde los escultores tallan piedra. Lo reconozco, prefiero ver el fútbol en un tugurio, un concierto de punk con un batería arrítmico, la filosofía que predican los indigentes o una película protagonizada por un jabalí que quiere imponer el trotskismo en su encinar. El refranero castellano sostiene que no se hizo la miel para la boca del asno. Supongo que ésta es la raíz de mi desilusión al leer El Aleph de Jorge Luis Borges.

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Vida Moderna

La feria del barrio

Anoche me di un garbeo por la feria del barrio. Sin el incombustible festival Zaidín Rock, sin casetas en las que las vecinas desempolvan el traje de faralaes para bailar sevillanas, la feria es la única manifestación que recuerda que a comienzos de septiembre se celebran las fiestas populares. Ir a la feria es como viajar al pasado, como adentrarse en una suerte de ciudad sin ley en la que la congruencia ha sido desterrada. Así que, discretamente, me adentré en la jungla y contemplé esperando a que las historias se escribieran por sí solas.

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Reseñas

La barraca — Vicente Blasco Ibáñez

Por increíble que parezca, no fue hasta el año pasado cuando empecé a acercarme a la obra de Vicente Blasco Ibáñez. Recuerdo de niño memorizar su nombre como autor destacado de la literatura española y, en el año en que viví en Valencia, aprender que alrededor de la avenida que lleva su nombre se encontraban los garitos en los que la juventud dilapidaba su salud. No obstante, mi buen amigo José Enrique Espí me obsequió para mi treintaiún aniversario con una edición de La barraca de 1901, la cual merecía una lectura y un análisis reposado. Tras este primer acercamiento, estoy seguro de que Blasco Ibáñez se convertirá en uno de mis autores de cabecera.

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Vida Moderna

La coherencia de Paco

Paco Herente es un hombre que se desvive por los problemas que asolan al mundo. Aunque no sabía dónde estaba situada, Paco Herente se convirtió en un experto sobre la política, economía y sociedad cubana durante las recientes protestas. Se pasaba todo el viendo vídeos en redes sociales y absorbiendo tertulias de televisión, como si el teléfono móvil y el mando a distancia fueran prolongaciones de sus extremidades. “Habría que mandar a los americanos a que les den una democracia como Dios manda”, “Eso del bloqueo es un bulo del comunismo”, “Esa pobre gente no tiene libertad de expresión”, repetía Paco Herente, convencido de que aquellos argumentos eran fruto de su sesudo análisis. Casualmente, éstos eran iguales a los titulares de XDiario, un medio digital independiente al que está suscrito. En un alarde de solidaridad, Paco Herente se cambió su avatar y nombre de usuario en redes sociales para añadir #SOSCUBA.

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Reseñas

Los años extraordinarios — Rodrigo Cortés

Al escribir es frecuente cuestionarse sobre la mesura de los elementos que componen la obra. El bolígrafo transita por un barranco incierto en el que es sencillo despeñarse por las tierras de la grandilocuencia, la banalidad o el barullo, arrastrando con él al incauto y manso lector. En concreto, el surrealismo, como el picante en la cocina, es uno de los ingredientes más agradecidos, pero a la vez más sutiles de trabajar. El surrealismo es capaz de potenciar y multiplicar el calado de una historia, así como de dotarle de una personalidad genuina. No obstante, la falta de mesura suele desembocar en el tedio y la incongruencia. Los años extraordinarios de Rodrigo Cortés es una muestra de que, aun con productos de primorosa calidad, el exceso de intensidad puede arruinar una buena escritura.

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Autobombo

‘Otro día más’ seleccionado por La Oruga Azul

Estoy muy contento de anunciar que mi relato ‘Otro día más’ ha sido seleccionado en el concurso “El sombrero de tres picos” para un número especial de la revista ABSOLEM. Dicho concurso estaba organizado por la Asociación La Oruga Azul, radicada en Guadix (Granada), y en esta ocasión la temática era el mundo rural. El texto trata de narrar un día en la vida de mi abuelo y sus quehaceres agrícolas, interminables y extenuantes, ejecutados con una humildad y una entereza de la que me siento especialmente orgulloso.

En este enlace se puede leer el fallo del concurso, así como la selección de los relatos ganadores y los seleccionados para un futuro recopilatorio.

Reseñas

El Giro de Italia — Dino Buzzati

Me siento especialmente afortunado por tener amigos que se preocupan de mi alimentación lectora. De hecho, últimamente no leo otra cosa que no sean libros de compañeros, recomendaciones amables o incluso regalos. En mi treinta y dos cumpleaños, mi colega Sebastiano —un napolitano más granadino que un tubo de Alhambra en una plazoleta del Realejo— tuvo a bien en proveerme de lectura estival. Teniendo en cuenta mi vínculo con Italia y mi pasión por el ciclismo —al menos a verlo desde el sofá—, éste me obsequió con El Giro de Italia, una obra del periodista Dino Buzzati que trasciende más allá del deporte de las dos ruedas.

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Reseñas

Sostiene Pereira — Antonio Tabucchi

Hace algunos años asistí a un maratón de escritura en Granada. Estaba convocado por el taller Escríbeme Mucho, encabezado por las escritoras Ana Aguilera y Cristina Gálvez. El lugar de celebración fue la librería Sostiene Pereira, localizada en una calle escondida tras el Arco de Elvira. Ese día, haciendo gala de una imprudente ignorancia, pregunté a qué se debía el nombre del lugar. “¿Que no sabes qué es Sostiene Pereira?”, comentaban escandalizados los asistentes. Recientemente, en otro taller, la escritora África Hurtado me recomendaba la novela de Antonio Tabucchi. Sin esperar más señales, he forjado una estrecha relación con Sostiene Pereira durante los últimos días.

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Vida Moderna

La invasión de los domingueros

Se me ocurren pocas actividades tan degradantes para el ser humano como la de ir de picnic un domingo de verano. Quizá tatuarse el nombre de la tía abuela Hortensia en élfico sobre la nalga derecha o camperizar un cascajo motorizado rivalicen con dicha práctica. El caso es que este fin de semana organicé un picnic del cual todavía estoy tratando de recuperarme.

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Microrrelatos

De pajas y vigas

Juanma Montes es un hombre que se desvive por los demás. Como cada mañana, se asoma a la ventana y observa los movimientos del vecino de enfrente mientras refunfuña. “¡Habrase visto semejante descaro! A éste lo que le pasa es que está embrutecido. Con el dinero que gana y tiene la casa que parece una leonera”. Una sucesión de taconeos sobre su cabeza capta súbitamente su atención. “Ya está, la que faltaba para el duro”, se dice Juanma Montes con tono derrotado. “Ésta seguro que viene de hacer la noche. Desde aquí huele a rímel y cipote. ¡Córtate un poco, carayegua!”, grita con el cuello retorcido hacia arriba. A continuación, ve pasar en la calle a un grupo de chicos subsaharianos que van hacia la escuela. “Qué asco de gentuza. Entre estos, los chinos, los panchitos y los moros se están cargando el barrio. Y además a éstos les mantenemos nosotros con nuestro dinero. ¡Putos traidores que tenemos en el gobierno!”

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Relatos·Vida Moderna

Talleres de escritura

Durante esta última semana he asistido a un taller de escritura creativa. Todo comenzó al abrir por error uno de los correos de la lista cultural de la empresa, ignorados sistemáticamente por la plantilla si no en el asunto no se incluye la palabra “alcohol” o “gratis”. En él se anunciaba que la profesora del taller sería la distinguida escritora Caballa Gómez, de la cual no había oído hablar nunca. Tras buscar su nombre en Wikipedia, descubrí que se trataba de una autora reconocida con distintos premios de narrativa, publicaciones en editoriales de la talla de Crucigrama o Deltaguara que habían sido traducidas al suajili y a un par de lenguas esquimales, articulista en periódicos de tirada nacional, presentadora de un podcast sobre mitología egipcia y madre de cinco hijos en sus ratos libres.

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Microrrelatos

Cervezas belgas

Antes de que caiga el atardecer es tradición en Gante regar el gaznate con zumo espumoso. Grupos de ancianos, jóvenes y parejas se reúnen en terrazas, plazas y los márgenes del río a brindar por la existencia y olvidar penas. Algunos beben del envase de vidrio, otros de vasos que describen las formas más inverosímiles para realzar el amargor, el aroma a cebada o el dulzor del tostado, según la cerveza.

Después de una ingesta generosa de rubias, negras y morenas, entro al aseo a aliviar la vejiga. Me topo con el espejo y encuentro a una suerte de asno, con mirada perdida, dos orejas colgantes y unas palas que quieren salirse de la boca. Vuelvo a la planta principal, en la mesa de al lado hay dos perros que miran sus cervezas de reojo y bajo mi mesa hay un cochino que se revuelca en la cerveza que ha caído de las jarras. Un cocodrilo llena cervezas sin parar ajustando la proporción de espuma. Me debato entre volver a mi pensión o seguir la juerga con el riesgo de acabar nadando desnudo en el canal. Decidido, rebuzno hacia el cocodrilo. “Camarero, póngame una alpaca de paja para acompañar”.